“Cuando vi mis 98 aciertos pensé: ‘Ya quedé’; después descubrí que me faltaban 10”
Durante unos segundos, Saúl Martínez creyó que su esfuerzo de meses había rendido frutos tras lograr 98 aciertos en el examen de ingreso a la UNAM; sin embargo, su ilusión se desvaneció

Durante unos segundos, Saúl Martínez creyó que, después de tres intentos, por fin había conseguido un lugar en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Abrió la página de resultados del examen de admisión, buscó su folio y leyó el número que había esperado durante meses: 98 aciertos.
“Ya quedé”, pensó.
La ilusión terminó casi de inmediato.
Al revisar el puntaje mínimo para ingresar a la licenciatura en Administración, en la Facultad de Contaduría y Administración, descubrió que este año ya no bastaban los 90 aciertos que habían sido suficientes en procesos anteriores. Ahora se requerían 108.
“Al momento de ver que había sacado 98 dije: ‘Ya quedé’. Empecé a buscar mi folio para ver si aparecía seleccionado, pero no estaba. Después vi que el mínimo había subido a 108 y ahí fue cuando me sentí muy frustrado”, relata el joven de 22 años.
No era un aspirante improvisado. Desde enero cambió el curso en línea que había tomado en años anteriores por uno presencial. Estudiaba cinco horas diarias: tres en clase y dos más resolviendo reactivos y repasando la guía.
El esfuerzo se reflejó en el resultado. En su primer intento obtuvo alrededor de 70 aciertos. En el segundo alcanzó aproximadamente 82. Este año consiguió 98, su mejor desempeño desde que decidió buscar un lugar en la UNAM.
“Sé que mejoré muchísimo. Le eché todas las ganas, por eso duele más quedarse fuera.”
Saúl es egresado del CECyT 4 del Instituto Politécnico Nacional. Incluso llegó a estudiar Ingeniería Industrial, pero decidió abandonar la carrera porque no era lo que quería. Desde entonces ha concentrado todos sus esfuerzos en ingresar a Administración en la UNAM.

Además del incremento en el puntaje de ingreso, considera que la nueva modalidad de evaluación también representó un reto. Explica que, a diferencia de procesos anteriores, los reactivos aparecían bloqueados y debían responderse uno por uno, sin posibilidad de revisarlos posteriormente.
“Eso me quitó tiempo y me desconcentró.”
Durante la aplicación del examen también recibió, en al menos dos ocasiones, una notificación que advertía que su cámara estaba apagada, aunque asegura que permaneció encendida durante toda la evaluación.
“Me quedé completamente quieto para que vieran que no estaba haciendo nada. Incluso hice el examen frente a una pared blanca, sin cuadros ni objetos, como lo pedía la convocatoria.”
El joven también afirma que, tras la aplicación del examen, vio publicaciones en redes sociales de personas que presumían haber utilizado teléfonos celulares o herramientas de inteligencia artificial durante la evaluación.
Pese a la frustración, Saúl asegura que no piensa renunciar a su objetivo. Buscará trabajo para pagar un nuevo curso de preparación y el próximo año volverá a presentar el examen de admisión. También intentará ingresar a la Universidad Autónoma Metropolitana.
“Ahora siento que para competir por un lugar casi hay que sacar un examen perfecto. Pero voy a volver a intentarlo.”
Su historia ocurre en medio del debate que abrió el primer examen de admisión aplicado completamente en línea por la UNAM, luego de que especialistas y análisis independientes identificaran cambios atípicos en los puntajes de ingreso y solicitaran revisar el proceso.