Una de cada 3 familias ha sido víctima de la delincuencia en 2026; Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana
La violencia en las ciudades del país vuelve a crecer, afectando especialmente a demarcaciones como Xochimilco y Chimalhuacán

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A pesar de que hay una reducción estadística en el número de homicidios dolosos que se perpetran todos los días, y de que ha habido en los últimos años mejorías relativas en la percepción de la seguridad pública en las ciudades que se incluyen en la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), elaborada por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), también es un hecho que el nivel de victimización en los hogares se ha mantenido muy elevado y que, en ese rubro, los avances son marginales y desiguales en el país.
Diferencias delictivas
La distribución territorial muestra que la victimización no constituye una anomalía localizada, sino una condición extendida de la vida urbana. Su concentración en varias demarcaciones metropolitanas revela espacios atravesados por desigualdades, deterioro institucional y formas fragmentadas de gobernanza.

Cuando el delito alcanza de manera recurrente a los hogares, la vivienda deja de representar plenamente un refugio y se vuelve parte de una geografía cotidiana de vulnerabilidad. La violencia desborda así el momento del ilícito: debilita la confianza entre vecinos, modifica la relación con
la ciudad y erosiona la legitimidad del Estado, cuya ausencia se experimenta como desprotección concreta.
La magnitud
De acuerdo con el Inegi, la victimización de los hogares en las ciudades de interés en esa encuesta se ha registrado con altibajos, avances y retrocesos importantes en los últimos años.
En efecto, en el primer semestre de 2018, 38.6% de los hogares fue víctima de algún ilícito; en el primer semestre de 2020, el porcentaje registró una importante disminución al ubicarse en 28.1%, para el primer trimestre de 2022, el indicador fue de 27.4%
La tendencia continuó a la baja en el primer semestre de 2024, al ubicarse en 25.9%, pero a partir de esa fecha la tendencia cambió pues, en el primer semestre de 2025 se llegó nuevamente a un porcentaje de 30.8%, mientras que, en el primer semestre de este 2026, el indicador se ubicó en 31%.
El Inegi documenta, además, que de las 93 ciudades que se incluyen en la ENSU, las que registran los más elevados porcentajes de hogares victimizados por la delincuencia son: Xochimilco, con un 46.6% de los hogares de esa demarcación víctimas de la delincuencia.
Le siguen Chimalhuacán, con 44%; Naucalpan de Juárez, 43.5%; Puebla, 43.2%; Ecatepec, 42.5%; Azcapotzalco, 42.4%; Toluca, 42%; Coyoacán, 40.8%; Iztacalco, 40.5%; La Magdalena Contreras, 39.9%; Oaxaca, 39.8%; Tlalnepantla de Baz, 39.7%; Iztapalapa, 39.7%; Cuautitlán, 38.7%; Pachuca, 38.2%, y Aguascalientes y Milpa Alta, con 39.7% en cada uno de ellas.
Un auténtico valle de lágrimas
El gráfico revela que la delincuencia ejerce poder, aun cuando no se materializa directamente: basta su posibilidad para reorganizar la vida cotidiana. El miedo actúa como una forma de control social difuso que reduce la movilidad, debilita los vínculos comunitarios y transforma el espacio público en territorio de amenaza. Las personas dejan de actuar conforme a sus deseos y comienzan a hacerlo según cálculos de riesgo. Esta adaptación no representa una elección plenamente libre, sino una renuncia impuesta por la inseguridad. La violencia, por tanto, no solo produce víctimas directas: también coloniza rutinas, restringe derechos y deteriora silenciosamente la calidad de vida.

Cambios de rutinas
De acuerdo con el Instituto, hay millones de hogares que, ante el miedo de convertirse en víctimas de la delincuencia, sus integrantes llevan a cabo cambios de rutinas.
Lo primero que destaca es que un promedio de 42% de las personas mayores de 18 años, en las 93 ciudades donde se levanta la ENSU, deja de llevar cosas de valor.
Asimismo, 35.9% de las personas dejó de caminar de noche en los alrededores de sus viviendas; 22.5% dejó de visitar a parientes y amigos, mientras que 38.2% no permite que sus hijas o hijos menores de edad que viven en ese lugar salgan solas o solos.
Es importante hacer notar, en ese sentido, la diferencia que existe en los cambios de hábitos entre mujeres y hombres, pues es entre ellas que se dan mayores modificaciones en los hábitos cotidianos.
En efecto, mientras que 35.3% de los hombres dejó de llevar cosas de valor en el primer semestre de 2026, el porcentaje entre las mujeres fue de 47.4%.
Además, 27.2% de los varones dejo de caminar de noche en los alrededores de su vivienda, mientras que 43.1% de las mujeres dejó de hacerlo.
Finalmente, 17.9% de los hombres dejó de visitar amigos o a familiares y, en contraste, el porcentaje para las mujeres fue de 26.4%.