El efecto mariposa

Víctor Beltri

Víctor Beltri

Nadando entre tiburones

“Los EE.UU. están siendo invadidos por un aire sucio, contaminado e insalubre, cuya calidad es peligrosa y totalmente inaceptable, señaló Donald Trump en un mensaje difundido el pasado 17 de julio, en el que responsabilizaba a Canadá por la crisis. “Vamos a imponerles aranceles por el humo”, anunciaría días después en conferencia de prensa.  

El presidente estadunidense ha decidido castigar a Canadá por no enfrentar, a su modo, las consecuencias de un cambio climático cuya existencia siempre ha negado. “Nos vamos a retirar de inmediato del injusto y unilateral Acuerdo de París”, anunció en cuanto llegó al poder. “No vamos a sabotear a nuestros propios inversionistas mientras que China contamina con impunidad”, afirmó minutos antes de firmar la orden presidencial entre los aplausos de sus seguidores. “Vamos a ahorrarnos más de un trillón de dólares”, instruyó al presentador para que mencionara mientras el mandatario mostraba el documento con orgullo. 

Drill, baby, drill!”, había sido uno de los lemas más utilizados en su segunda campaña presidencial: cuando llegó al poder por segunda ocasión, entre sus primeras prioridades se encontraba el desmantelamiento total de la política energética y ambiental impuesta por la administración demócrata, que hasta entonces había girado en torno al cambio climático. Durante su mandato, Trump no sólo ha impulsado la producción de combustibles fósiles, sino que ha reducido de manera considerable las regulaciones ambientales; se retiró del Acuerdo de París, redujo los apoyos federales a las energías renovables. El cambio climático, para él, nunca fue más que un gran engaño. 

El problema de los incendios no se limita a Canadá, por desgracia. Las olas de calor sin precedente que se han registrado en Europa, durante las últimas semanas, han dado lugar a una catástrofe que en Francia y España se ha vuelto completamente insostenible. Hasta el momento, más de 300 mil personas han tenido que ser evacuadas sin que los incendios hayan podido ser controlados por unas autoridades cuyas capacidades han sido rebasadas, como también lo han sido cuando en otras ocasiones han tenido que enfrentar lluvias extremas. Los huracanes son cada vez más frecuentes, mientras que la sequía causa crisis alimentarias en África. El cambio climático es una realidad indiscutible cuyas consecuencias tienen efectos, y cobran vidas, en el mundo entero. 

El efecto mariposa es un concepto emanado de la meteorología, que describe cómo pequeños cambios en las condiciones de un sistema complejo pueden producir, al paso del tiempo, consecuencias desproporcionadas e impredecibles: el aleteo de una mariposa en la selva, de forma metafórica, podría ser la causa inicial de un tornado al otro lado del mundo. La naturaleza tiene sus propios ciclos, pero el consenso científico sostiene que el calentamiento progresivo, al menos durante el último siglo, ha sido causado en su mayor parte por actividades humanas; reducir dicho impacto, que contribuye al aumento en la frecuencia e intensidad de catástrofes como la que hoy enfrentamos, es justo el propósito del Acuerdo de París que el presidente norteamericano desprecia y del cual ha retirado a su país en dos ocasiones. 

El problema, por desgracia, ya está aquí: lo que hace 30 años no era más que un mero escenario hoy es una realidad ineludible. El mundo entero, y no sólo los EE.UU., está siendo invadido por un aire sucio, contaminado e insalubre que nosotros mismos hemos provocado. El aleteo de una mariposa puede provocar un tornado lo mismo que la falta de visión de un mandatario puede acelerar un problema que ya estamos viviendo. La solución, ciertamente, no es imponer aranceles al humo; menos aún, la disparatada ocurrencia de construir un muro de filtros de aire en la frontera con Canadá. El fuego, mientras tanto, sigue ardiendo.