Atropellados por tranvías y búsqueda de bandoleros, la nota roja en 1917
Desde sus primeras ediciones, Excélsior dedicó espacio a hechos policiacos de interés público con información completa, apoyado por corresponsales y recursos gráficos

CIUDAD DE MÉXICO. Reflejo de las preocupaciones de una sociedad que sufría los estragos de la Revolución, la nota roja en los primeros números de Excélsior cuenta detalladamente sucesos como la cacería de bandoleros por parte de autoridades, trágicas explosiones en un país apenas industrializado, muertes accidentales, choques y atropellados por tranvías, trenes o autos.
A diferencia de los últimos años en México, donde los asesinatos vinculados al crimen organizado, los feminicidios, los asaltos al transporte público, las desapariciones y los robos con violencia ocupan las páginas policiacas, en aquel marzo de 1917 El Periódico de la Vida Nacional ya dedicaba espacio a sucesos de sangre que consignaba de manera detallada y completa, gracias al apoyo de corresponsales anónimos e incluso recursos gráficos sencillos, pero explicativos.
Por ejemplo, en su primera plana del 23 de marzo de hace 105 años, Excélsior publicó la explosión de una caldera en la ciudad de Aguascalientes, que dejó un saldo de cinco muertos y 20 heridos.

Acaba de ocurrir una catástrofe de funestas consecuencias en los talles de los Ferrocarriles Constitucionalistas de esta ciudad”, consigna el primer párrafo de la nota, enviada vía telégrafo a la redacción y firmada a “El Corresponsal”. La información es acompañada de la imagen de una locomotora y un sencillo croquis de los talleres donde ocurrió la explosión. Se detalla que un año antes, villistas dejaron en mal estado una estación de energía y se robaron maquinaria cuando fueron derrotados por tropas del general Álvaro Obregón. Para subsanar la falta de generación, se instaló una caldera más potente, pero en mal estado, a lo que sumó que el operario Agapito Pedroza descuidó la presión del agua.
Locamente aturdido abrió las válvulas de la alimentación del precioso líquido determinándose, al entrar éste, un enfriamiento rápido y la espantosa explosión. La nota incluye nombres de las víctimas, reacciones del gremio ferrocarrilero e incluso condolencias.

A lo largo de esos primeros días, El Periódico de la Vida Nacional dio cuenta de información registrada en los estados, en una sección llamada Del Rio Bravo al Suchiate. Ahí, en ese marzo de hace 105 años, se destacaba la derrota de un grupo de bandoleros que había tomado el poblado de Zacapú, Michoacán. Tras una refriega en la que resultó herido Ladislao Rivera, coronel de la expedición militar, la llegada de refuerzos permitió darle “un terrible escarmiento” a los bandoleros y hacerlos huir hacia la sierra. Hechos similares ocurrieron esos días en Huautla, Oaxaca, los alrededores de la ciudad de San Luis Potosí y en Saltillo. Estos últimos fueron identificados como villistas que “merodeaban por esos rumbos, cometiendo algunas depredaciones y alterando orden, al hacer irrupción en las haciendas y en los lugares desguarnecidos.”
Para el martes 27 de marzo, la primera plana daba cuenta de la recuperación de la plaza de Tonalá, Chiapas, que había sido tomada por rebeldes al mando de Terruco Chelino, quienes al huir de las tropas federales dejaron en el camino 167 muertos “y numerosos caballos ensillados.”

EMPLEADO DEFRAUDADOR
En su edición del 24 de marzo de 1917, Excélsior reporta el robo de 28 barras de plata, con un valor calculado en 130 mil pesos de la época. Destacando la exclusividad de la información, pues el hurto ocurrió el día 11 de ese mes y no se había dado a conocer, se explica que un empleado, identificado como Tito Franco, falsificó la firma de su patrón, el señor R. P. Jenings, para recoger una remesa del metal que le había sido enviada por la minera Esperanza Mining Co., con sede en el Estado de México.
Excélsior también destacó un incendio en las bodegas del Ferrocarril Central, en zona de Buenavista, en la Ciudad de México, que dejó un saldo de una soldadera muerta, pues dormía sobre los rieles cuando los trenes eran retirados para evitar que se quemaran. “Afortunadamente no se habían acostado otras y otros que así acostumbran a hacerlo”, señala la nota.
Aunque por lo general se dedicaba amplio espacio a la información policiaca o sus seguimientos, algunas veces se optaba por incluir varios hechos de sangre en notas de un párrafo o dos. El 22 de marzo de 1917 se daba cuenta de un soldado muerto al ser aplastado por un tren en Peralvillo; un coronel atropellado en la esquina de Insurgentes y Veracruz, y un teniente arrollado en Arcos de Belén. Los autos eran escasos, los primeros habían llegado a la capital del país en 1903.
Otras notas breves reportan que una locomotora le amputó las piernas a un hombre en la estación del Ferrocarril Mexicano y un niño que murió tras ser atropellado en la colonia Roma por un tranvía, cuyo conductor se dio a la fuga.
cva
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