Albergue en Laredo, ¿luz al final del túnel?; migrantes son atendidos

Narran con horror su paso por otros países, incluido México; confían en recibir asilo y algún día volver a tener a sus familiares

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El albergue en Laredo le da un trato humano a los migrantes, que buscan aminorar su tragedia. Foto: Enrique Sánchez

LAREDO. Atender el drama de la migración centroamericana ha sido tarea de muchas instituciones y organizaciones de la sociedad civil en México y aquí en Estados Unidos.

Joe Barrón coordina Holding Community Center en Laredo, Texas, un espacio que recibe a personas en solitario, familias y grupos que ya han cruzado la frontera y buscan seguir adelante en su sueño americano.

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Es difícil para ellos el viaje, pasan por muchas cosas, aquí en Holding pensamos que somos los primeros que los recibimos con una sonrisa, tratamos lo mejor para hacer que se sientan a gusto, cómodos, los que se quedan son los que reciben los mayores servicios: comida, ropa, agua, todos reciben agua”.

Ayer arribó un grupo de más de 100 personas entre hombres, mujeres y menores quienes llevan tras de sí miles de kilómetros andados desde sus países de origen: Guatemala, El Salvador, Cuba, Haití, Venezuela y Honduras.

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Yo no me imagino cómo pueden hacer estos viajes, no entiendo qué tan mal para viajar 8 países con niños, sin saber qué vas a comer, dónde vas a dormir”.

Todos pasaron por México y no tienen la mejor experiencia, según denuncia Lusmirian Velarde, migrante venezolana “Los coyotes mexicanos son malos, los de Migración también, nos ven como delincuentes; cuando nos ven nos quitan los documentos y todo lo que teníamos de dinero nos lo quitaban, también en Guatemala, son así los policías”.

En Holding, un albergue de la iglesia Metodista, son recibidos en un primer momento, por enfermeras que les aplican la prueba anticovid y a los que requieran la vacuna.

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—¿Qué la trajo hasta acá?

—Mis hijos, la necesidad, en nuestro país la pobreza está extrema, sólo da para comer, para vestirse no, para comprar zapatos, no.

Eso fue la fuerza para venirme hasta acá”, contó Claudia Ortíz Santana, migrante nicaragüense.

En tanto, Naile Moreno, es otra joven venezolana que revela haber desertado del Ejército.

—¿Te persiguieron?

—Un tiempito.

—¿Cuánto te llevó venir hasta acá?

—Un mes exacto.

—¿Cuánto gastaste?

—Mil 600 dólares.

Otro venezolano, de los muchos que han salido de su país por la crisis económica y de salud en los últimos años, es Leonardo Salazar, perteneció a la resistencia apoyando a Juan Guaidó y hoy perseguido, debió escapar.

Me vine solo, a mis hijos los dejé en Venezuela, lloro cada vez que me acuerdo de ellos porque hombre que no llore por sus hijos no es hombre, el que diga que no llora por sus hijos es que no tiene sentimientos. Lloro por mi familia porque sé que aquí voy a pasar varios años solo, pero todo es un esfuerzo”.

Quienes ocupan estas instalaciones, entre 150 y 200 personas al día, 7 mil al mes esperan la gestión de los encargados para seguir sus procesos de asilo. Mientras tanto, reciben alimentos, medicamentos, ropa, estancia para descansar y asearse.

Yoseline y sus dos hijos Justin y Fernanda de 8 y 10 años, de origen hondureño cuentan que cruzaron el río Bravo apoyados por amigos. Ahora permanecen a la espera de que familiares les apoyen con boletos de avión para alcanzarlos en California.

Pasamos con la misericordia de Dios porque está peligroso, es arriesgado”, expresó.

Holding Institute cuenta con el apoyo del estado y de las propias autoridades migratorias, además de otras organizaciones que otorgan donaciones. Su objetivo: mantenerse como una válvula de escape al creciente fenómeno migrante.

Son personas que buscan dejar atrás su tragedia de vida.

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cva

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