Abuelas Bum Bum, para quienes pensaban que rapear solo era cosa de jóvenes
En Morelia, un grupo de mujeres mayores desafia estereotipos al formar Abuelas BUM BUM, proyecto de rap que reivindica la vejez activa

Hay una edad en la que la sociedad empieza a despedirte sin avisar.
Te hablan más despacio.
Te ofrecen asiento aunque no lo pidas.
Te sugieren descanso cuando todavía tienes fuego.
En Morelia, Michoacán de Ocampo, un grupo de mujeres decidió no aceptar esa despedida anticipada.
Decidieron rapear.
El 7 de octubre de 2025 se lanzó en redes sociales una convocatoria directa y luminosa:
Buscamos abuelas con ritmo y ganas de mover al mundo.”
La imagen mostraba a una mujer adulta con audífonos grandes y lentes oscuros. No era una broma digital ni un guiño simpático para el algoritmo. Era una invitación seria a participar en un proyecto musical y documental.
Respondieron alrededor de 25 mujeres.
Así nació Abuelas BUM BUM, iniciativa dirigida por Jessica Herreman, ganadora del PECDA 2025 Michoacán. El Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico, impulsado por la Secretaría de Cultura federal, respalda propuestas que fomentan la creatividad y el desarrollo cultural. Pero más allá del respaldo institucional, aquí comenzó a moverse algo más profundo: una idea distinta de vejez.
No se trataba solo de producir canciones.
Se trataba de ocupar el espacio público con el cuerpo, con la voz y con la edad.
El ritmo también es territorio
Los sábados alrededor del mediodía las sillas se acomodan en círculo. A veces en instalaciones facilitadas por la UVAQ; otras en el Palacio del Clavijero o en la Casa de la Cultura de Morelia, esa ciudad de cantera rosa acostumbrada a la solemnidad.
Hay hojas con versos subrayados. Hay celulares que reproducen bases rítmicas. Hay risas que rompen la tensión inicial.
Al principio hubo timidez. La palabra rap parecía ajena. Pero el hip hop no pertenece a una generación: pertenece a quien tiene algo que decir.
Y ellas tienen mucho.
Son mujeres mayores que se desenvuelven en ámbitos distintos. Alegres, sabias, decididas, interesantes y creativas. La vida les ha dado experiencia y don de gentes; por eso conviven armoniosamente. No compiten entre sí. Se sostienen.
Algunas decidieron asumir seudónimo, con coquetería y misterio: Asiram, Ave, Bella, Catrina Blanca, Chayito, Chandy Zazá, Laura Lulis, Maruxy, Nena Olivo, Susy Sol y Tzintzuni Tessan.
Otras eligieron sostener su nombre propio: Alma Guillén, Lilí, y Tere Lobato. Remedios Romero escucha antes de rimar. Su voz no necesita estridencia. Rapea con la serenidad de quien ya atravesó suficientes etapas como para no pedir permiso.
Alma Guillén y Lilí ajustan versos con disciplina; Tere Lobato sonríe antes de entrar al compás. Catrina Blanca se planta con presencia escénica; Chandy Zazá juega con la métrica; Tzintzuni Tessan afina palabra por palabra.
No están ahí para jugar a ser jóvenes.
Están ahí para seguir siendo ellas.
Técnica, memoria y salud
El proyecto cuenta con la tutoría de tres exponentes locales del hip hop: David Grotesco, Xany Ro y Catrina Negra. Ellos aportan técnica: respiración, métrica, tempo. Ellas aportan memoria.
El intercambio es generacional, no paternalista. El ritmo une lo que la edad separa en otros espacios.
Trabajan la voz con Cecilia Torres, directora de coros. Afinan movimientos con la bailarina Silvia Solórzano, del estudio Dance Effect. Repiten estrofas hasta que el compás se incrusta en el cuerpo.
Y lo que sucede ahí no es solamente artístico.
Es salud.
En un país donde el sedentarismo avanza con la misma discreción que los años, estas mujeres eligen moverse. La movilidad no es un lujo estético: es prevención. El movimiento fortalece músculos, pero también autoestima. La memoria se activa cuando se ejercita la palabra. La salud mental se robustece cuando la voz encuentra eco.
En una etapa en la que muchos reducen su mundo, ellas lo expanden.
Preparan el cierre con tres canciones de rap y una cumbia. Se ha sumado al proyecto el respaldo de la doctora Yarabí Ávila González, rectora de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, quien podría facilitar un auditorio, un teatro o incluso el estadio universitario.
Si ese escenario se concreta, no será solo un espectáculo.
Será una declaración pública.
La vejez como trinchera
Durante décadas, la figura de la abuela fue domesticada. Asociada a la cocina, al consejo discreto, al silencio respetuoso. Sinónimo de retiro.
Abuelas BUM BUM rompe esa narrativa.
No niega la experiencia acumulada.
La convierte en materia prima.
No compite con la juventud.
La complementa.
No pide indulgencia.
Exige espacio.
Como cronista he visto demasiadas historias de talento archivado por miedo a la edad, cuerpos que se resignan antes de tiempo, voces que se apagan porque alguien les dijo que ya era suficiente.
Lo que ocurre en Morelia es lo contrario.
Mujeres que decidieron no apagarse.
Mujeres que eligieron moverse.
Mujeres que entendieron que la salud también se canta.
Para quienes pensaban que rapear era cosa de jóvenes, aquí está la evidencia.
El beat no pregunta la edad.
El micrófono no exige fecha de nacimiento.
Lo único que exige es decisión.
Y ellas la tienen.
Les llaman Abuelas BUM BUM.
La vejez no es retirada.
Es el momento exacto en que ya no tienes que pedir permiso para sentirte vivo... y transmitirlo.
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