Abraham Ros de la Fuente ayuda a ver el mundo con otros ojos
A los 33, Abraham supo que tenía esta condición; seis años después dirige una asociación que capacita a empleados de empresas en el trato a personas con autismo

CIUDAD DE MÉXICO.
Un examen en busca de una plaza de bombero en Barcelona marcó el antes y el después en la vida de Abraham Ros de la Fuente. Dos resultados: un IQ muy elevado y el diagnóstico de Asperger.
En la búsqueda de respuestas sobre su condición de vida, hace un año, Abraham conoció a Karla Galván, una mexicana, quien, para contar su experiencia como mamá de un niño con autismo severo, escribió el libro Los Ojos del Cielo.
El encuentro a través de la red entre el español y la mexicana detonó uno de los proyectos más importantes de su vida: Abraham decidió cruzar el Atlántico para instalarse en México y dirigir OTEA, una organización civil que nació apenas hace un mes y que se dedica a capacitar a los trabajadores de diversas empresas para que sepan cómo tratar a las personas que viven con autismo.
El éxito de mi libro ha sido Abraham; Abraham me contacta porque está interesado por el libro (que escribí); empezamos a chatear y él me empieza a contar un poco de su vida, de su diagnóstico y la baja autoestima que tenía.
Empezamos, de hecho, whatsappeándonos. Nos conocimos en Madrid en una plática y hemos dado varias conferencias tanto online como en redes sociales; él ha venido a México, yo he ido a España y hemos podido trabajar juntos.
Yo aprendo de él muchísimo, ¿qué me pasa?, que de repente dice cosas que no sabía que también mi hijo sentía o hacía, y él también aprende a través de mí con las herramientas que sé como profesional”, explicó Karla Galván.
En entrevista con Excélsior Abraham contó que hasta antes del diagnóstico de Asperger que le hicieron, hace seis años, su vida había sido muy difícil.

Yo tengo 39 años, a mí me diagnosticaron a los 33, mi vida hasta entonces había sido muy complicada debido a que cuando no te comprendes no sabes por qué no encajas en la sociedad, pero cuando te entiendes, cuando te entienden, cuando te aceptas, cuando te aceptan, todo es más sencillo porque la vida cobra sentido, las personas te lo ponen más fácil y aquello que no hiciste de pequeño o que no hiciste de adulto o que no hiciste por miedo aunque ahora tengas miedo te das cuenta que con empeño y ayuda puedes lograrlas.
Ahora mismo estoy sufriendo este ruido, este sonido, tanta luz, tanta gente, el no tener controlado nada de lo que pueda pasar porque hay mucha gente que pasa por mi lado y me está mirando. En mí hay una incertidumbre de qué está pasando, qué pasará”, reconoció durante la entrevista.
Pero a pesar del trabajo que le cuesta la interacción social, Abraham está convencido de que es su momento de ayudar a los demás.
Hoy he atravesado medio mundo para venir a un proyecto que se llama OTEA autismo en el cual trabajamos para capacitar empresas, capacitar a docentes, dar clases en universidades, charlas para que se pueda comprender qué es el autismo, entender que cualquier persona requiere y necesita poder ir al dentista, poder ir al médico, poder ir a un hospital, a un restaurante sin ser prejuzgado y ser bien atendido.
Así, estamos alzando la voz para dar voz a todas esas personas que no pueden y a personas como yo, que sufrimos, aunque en apariencia somos normales, porque la angustia, el sufrimiento, el estrés, la ansiedad, la depresión la llevábamos por dentro”, expresó.
Abraham se siente satisfecho por cosas que pensó que jamás haría en la vida y que para la mayoría de las personas podrían pasar inadvertidas.
Hace tres años yo fui papá de una niña, lo mejor que me ha pasado en la vida. Eso que dicen que las personas autistas, las personas Asperger no podemos formar una familia, no podemos ser padres porque no sabemos lo que es el querer, lo que es compartir el amor, es totalmente falso.
Ese mito hay que borrarlo de la sociedad porque hace muchísimo daño a los padres, porque cuando un padre tiene un hijo con autismo la mayor preocupación es qué pasará mañana con él.
Hay que quitar el mito de que las personas con autismo no pueden formar una familia. Sí que pueden, sí que podemos, yo la he formado y si yo la he formado cualquier persona puede formarla, así que mi vida cambió con el diagnóstico, fui papá”, concluyó Abraham.

EL EDITOR RECOMIENDA
Roberto Velasco sustituye en la SRE a De la Fuente
Nacional 4 min de lectura