El abandono de Esteban Villegas genera comunidades fantasma
Durante la primera mitad de mayo de 2026, decenas de familias comenzaron a abandonar la zona serrana ante el incremento de enfrentamientos armados.

La crisis de seguridad que enfrenta la comunidad de “El Durazno”, en el municipio de Tamazula, Durango, exhibe años de omisiones y abandono por parte del gobierno encabezado por Esteban Villegas Villarreal, en una de las regiones más golpeadas por la disputa de grupos criminales en el llamado Triángulo Dorado.
Durante la primera mitad de mayo de 2026, decenas de familias comenzaron a abandonar la zona serrana ante el incremento de enfrentamientos armados y el temor de quedar atrapadas en hechos violentos.
Maestros, personal médico y pobladores salieron de la comunidad en busca de resguardo, mientras la incertidumbre crecía entre quienes permanecían en la región.
La situación alcanzó uno de sus momentos más delicados cuando un contingente integrado por alrededor de 100 personas, distribuidas en unos 30 vehículos, intentó desplazarse hacia Chihuahua para ponerse a salvo. Durante el trayecto, la caravana habría sido atacada con armas de grueso calibre. Hasta ahora no existe una cifra oficial de víctimas ni información precisa sobre el paradero de todas las personas que participaron en ese desplazamiento.
Los hechos dejaron en evidencia el deterioro de las condiciones de vida en “El Durazno”. A la violencia se sumaron problemas de desabasto de alimentos y combustible, además de afectaciones en servicios básicos. También se reportaron interrupciones en las operaciones del Banco del Bienestar y suspensión temporal de clases en la comunidad.
La federación tuvo que tomar cartas en el asunto para restablecer el suministro y recuperar la normalidad en la zona mediante presencia permanente de fuerzas de seguridad en los caminos de acceso. Habitantes cuestionaron que la reacción oficial llegó después de semanas de tensión y desplazamientos.
Cabe destacar que la violencia en “El Durazno” no surgió de manera repentina. Desde años atrás, la comunidad permanecía bajo presión por las disputas criminales que históricamente afectan la sierra de Tamazula.
En 2024, la zona ya había sido escenario de operativos militares y despliegues del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional relacionados con la búsqueda de Aureliano Guzmán Loera, “El Guano”; sin embargo, el abandono de la administración de Esteban Villegas Villarreal ha dejado huellas fatales, como en febrero de 2026, cuando se reportó el asesinato de cuatro hombres en la misma comunidad, entre ellos un menor de edad. Ese antecedente confirmaba que el deterioro de la seguridad avanzaba desde meses antes del éxodo registrado en mayo.
Pese a ello, la población continuó enfrentando condiciones de vulnerabilidad, con limitaciones de movilidad, temor constante y dificultades para mantener actividades cotidianas.
La salida de familias completas refleja el nivel de riesgo que persiste en una región donde la presencia criminal ha superado durante años la capacidad de respuesta institucional.
“El Durazno” permanece hoy como uno de los ejemplos más visibles de la crisis de violencia que atraviesa la sierra de Durango, en un escenario donde comunidades enteras han quedado atrapadas entre enfrentamientos armados, desplazamientos forzados y el debilitamiento de servicios esenciales, mientras el gobernador Esteban Villegas Villarreal voltea hacia otro lado, donde su imagen no es tocada por la sangre de la violencia.