El 75% de adolescentes perdidos de 14 y 15 años son mujeres
Según la Ibero, podrían estar vinculadas con redes de trata de personas y explotación sexual

Tres de cada cuatro personas desaparecidas en México de entre los 14 y 15 años son mujeres, un patrón que podría estar vinculado con redes de trata de personas y explotación sexual, de acuerdo con un estudio elaborado por especialistas de la Universidad Iberoamericana.
El análisis, titulado Repensar el conflicto mexicano desde una perspectiva de género, examina las tendencias de homicidios, feminicidios y desapariciones en el país a partir de datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) correspondientes al periodo 2007-2023.
Según el documento, la participación de las mujeres en los registros de desaparición presenta variaciones importantes según la edad:
Antes de los 11 años: Aproximadamente la mitad de las personas desaparecidas son niñas.
Entre los 12 y 18 años: La proporción femenina se mantiene por encima del 50 por ciento.
Entre los 14 y 15 años: Se identifica el punto más alto, cuando las mujeres representan alrededor del 75% de las desapariciones en ese rango de edad.
De acuerdo con el economista Juan Carlos Angulo Santacruz, autor del estudio, este fenómeno podría estar asociado con dinámicas de trata y explotación que afectan particularmente a las adolescentes.
El documento destaca que las mujeres representan cerca de 39.6% del total de personas desaparecidas en México, lo que equivale a alrededor de 123 mil casos registrados.
En contraste, a partir de los 19 años el patrón cambia: predominan los hombres, en muchos casos vinculados con dinámicas de reclutamiento forzado por parte del crimen organizado. El estudio sitúa estos fenómenos dentro del contexto de violencia intensificada desde el inicio de la llamada “guerra contra el narcotráfico”.
En dicho periodo, México ha acumulado más de 310 mil personas desaparecidas, de acuerdo con los registros oficiales utilizados para el análisis. Para los investigadores, comprender estas diferencias de género es clave para diseñar políticas públicas que respondan a los riesgos específicos que enfrentan hombres y mujeres en el país.
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