Video: El largo camino al Mictlán, la tierra de los muertos
El Mictlán pertenece a la cosmovisión nahua y llegaban aquellos que morían de muerte natural, sin distinción de rasgo, riquezas o enfermedades

CIUDAD DE MÉXICO.
La muerte es un nuevo comienzo, los primeros pasos en la región de las sombras, en la oscuridad absoluta, sin ventanas, “de donde no se sale ni se puede volver”.
El Mictlán no era un lugar de castigo, era un lugar de destrucción. Antes de partir se le humedecía la cabeza al muerto y se la daba un jarro con agua para resistir la travesía:
Remontar dos sierras
Vadear un río custodiado por una serpiente
Pasar por un lugar protegido por un lagarto
Atravesar un cerro de pedernales
Ascender ocho páramos donde el viento corta como navajas
Surcar ocho collados donde no cesa de nevar
Cruzar el río Chiconahuapan
Al cruzar este río, recuerda Guillermo Arriaga en su libro El Salvaje, los muertos descubren que al llegar a la ribera, los aguardan sus perros. “Al reconocer a su dueño, menean sus colas, felices por el reencuentro”. El perro es el guía en esos infiernos. Juntos al Mictlán.
Pero quienes maltrataron en vida a sus perros, escribe Arriaga, no tendrán compañía.
¿Qué es el Mictlán?
Mictlán es el inframundo en la mitología mexica (azteca), considerado el destino final de las almas de la mayoría de las personas tras su muerte. En la cosmovisión mexica, este lugar se encontraba en lo más profundo de la tierra y representaba un viaje largo y peligroso que las almas debían emprender para llegar a su destino final de descanso.
El Mictlán estaba gobernado por Mictlantecuhtli y Mictecacihuatl, el dios y la diosa de la muerte, y el viaje para llegar allí duraba cuatro años y atravesaba varios niveles, cada uno con obstáculos y pruebas difíciles. Para los mexicas, la manera en que una persona moría determinaba a cuál de los diferentes destinos del más allá se dirigía. Mictlán era el lugar destinado para quienes morían de forma "natural" y no estaban relacionados con sacrificios, guerras o ciertos eventos específicos como el ahogamiento o la muerte de mujeres en el parto (quienes iban a otros paraísos).
Este concepto estaba estrechamente ligado a la visión cíclica de la vida y la muerte en la cultura mexica, donde la muerte no se consideraba un final absoluto, sino una transición a otra etapa del ser.
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