100 años de Julio Scherer García, el periodista que escribió su propia historia
La preocupación de Julio Scherer García por la libertad de expresión en la prensa mexicana fue su leitmotiv; la desarrolló durante sus ocho años como director de Excélsior, de 1968 a 1976, y los 20 que estuvo al frente de la revista Proceso, hasta 1996

Hace 100 años nació un hombre que rompió el pacto de silencio entre la prensa y el poder: Julio Scherer García. Llegó a Excélsior en 1947, donde subió peldaño a peldaño y logró transformar el periodismo.
En su centenario, compartimos aspectos de su vida, familia y legado, en un trabajo especial de Andrés Becerril, con textos de Pascal Beltrán del Río, Julio Scherer Ibarra y Gerardo Galarza, así como anécdotas de Enrique Krauze y Federico Reyes Heroles, entre otros.
Consulte aquí el suplemento especial para conocer todos los detalles o descubra el legado de Julio Scherer García en este resumen:
Julio Scherer García, con la sangre de Excélsior en las venas
Julio Scherer García desciende de familias que parecen arrancadas de una novela de García Márquez.
La paterna llegó a México poco después de la instauración del Imperio Alemán, durante el Porfiriato, en el último cuarto del siglo XIX; la materna es criolla y es mucho más antigua: se remonta a la época virreinal del siglo XVI.
Ambas pertenecen a linajes antiguos de conquistadores que habitaron haciendas en la Nueva España y mansiones con aires de castillos.
Hubo antepasados que apostaron desde el origen de la banca por el desarrollo económico y por la modernización del país, ancestros que fueron piezas clave tanto de la dictadura porfirista como de la usurpación huertista, y miembros de una misma estirpe que integraron las filas de la intelectualidad de la Revolución Mexicana.
Ese entramado familiar constituye el basamento del que surgió Julio Scherer García para escribir su propia historia: 29 años en Excélsior, de 1947 a 1976, y en la revista Proceso, de 1976 a 1996.
Scherer García fue pieza en la evolución de la reconfiguración de las formas de hacer periodismo en México, encontrando la noticia en lo cotidiano y reconstruyendo hechos que fijaron agenda nacional.
La información que le importaba era la pura y dura, alejada del vodevil, la nota roja y el jet set. Modificó la relación de la prensa con el poder político, buscó que dejara de ser abyecta y puso en marcha mecanismos para que el periodismo tuviera un peso específico en la vida pública y dejara de ser un artículo de complacencia para los poderosos.
Marcado por comulgar con jesuitas
Julio Scherer García nació en la Ciudad de México en un contexto de persecución religiosa del gobierno encabezado por Plutarco Elías Calles. Fue introducido en la fe católica por su madre y cercano a la filosofía de la Compañía de Jesús.
Así, reconstruyó el fusilamiento del sacerdote jesuita Miguel Agustín Pro Juárez, entrevistando al general Roberto Cruz, quien ejecutó la orden del presidente Calles para llevar al paredón al padre Pro, el 23 de noviembre de 1927.

El conocimiento directo de la filosofía de los jesuitas en materia de justicia social, así como su carácter disruptivo –incluso dentro de la propia Iglesia católica–, fueron elementos que Scherer García incorporó siempre a su labor editorial y a los que permaneció estrechamente ligado.
Con esos hechos como antecedentes, la policía política del régimen priista –cargada de prejuicios e ignorancia–, lacró al periodista como parte del Movimiento Social Demócrata Cristiano, al menos desde 1960.
Reforma 18, la catapulta
El prestigio y la fama que el periodista alcanzó está originalmente en los ocho años que fue director general de Excélsior (1968-1976). En ese periodo dejó en jirones al poder político.
Scherer García era un hombre influyente, periodista con poder, y por eso el gobierno fue contra él. Exhibió un régimen autoritario y la manipulación que éste ejerció sobre la sociedad, el poder económico y la opinión pública del país.
La publicación de hechos incontrovertibles convirtió a Scherer García y a Excélsior en un opositor incómodo para el oficialismo que rechazaba cualquier contrapeso institucional.
Nunca le quitó la mira a Tlatelolco
Scherer García cambió la ecuación entre el gobierno y la prensa, los valores entendidos, y ponderó los hechos sobre la importancia de la opinión y el análisis. “La moral está encima de la política; aspiramos a formar opinión, no a unificarla”, afirmó Scherer en su primer discurso como director de Excélsior. Aquel discurso fue una toma de posición y un presagio por lo que había sucedido entre octubre de 1968 y enero de 1969.

La cobertura periodística entre el 1 de septiembre y el 3 de octubre de 1968 demuestra que la información presentada en el diario se mantuvo libre de carga ideológica.
“Recio combate al dispersar el Ejército un mitin de huelguistas”, así tituló Excélsior la información de la matanza de Tlatelolco.
Por años, Scherer García buscó la manera de hacerse de un archivo que el periodista sabía tenía el general Marcelino García Barragán, quien fuera secretario de la Defensa Nacional durante los eventos de 1968, sobre los hechos del 2 de octubre.
El 24 de marzo de 1999, Scherer García recibió la herencia que Javier García Paniagua, hijo del general, le dejó: el ansiado archivo sobre el 2 de octubre. Ese mismo año, en coautoría con Carlos Monsiváis, escribió Parte de guerra, Tlatelolco 1968.

“Leí febril, dolorido, tantos años de espera y cierto de sorpresas amargas, duras; pasé los ojos por un párrafo atroz”, escribió sobre los archivos que constituyen la versión gubernamental de lo ocurrido el 2 de octubre.
De Excélsior a Proceso
El gobierno del presidente Luis Echeverría Álvarez –que se autoproclamaba de izquierda, respetuoso de la libre expresión, ejemplo de la apertura democrática–, por convicción y también como albacea de la sed de venganza del gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) en contra de Scherer García y de Excélsior, respondió con lo que históricamente se conoce como el Golpe a Excélsior.

Para Scherer García, Echeverría “fue protagonista del atentado contra el periódico… mató, traicionó, fue hombre vil”.
El Golpe fue consumado finalmente el 8 de julio de 1976, y culminó con la expulsión de Scherer García y otros periodistas. Scherer García revolucionó el periodismo en México y continuó esa dinámica en la revista Proceso, que fundó y dirigió hasta su retiro el 6 de noviembre de 1996.
Muy pronto fue blanco de espionaje
Julio Scherer García fue objeto de espionaje por la Dirección Federal de Seguridad (DFS). El primer informe está fechado el 9 de septiembre de 1948. Aunque primero fue espiado por sus interlocutores, pronto lo fue por él mismo.

El espionaje fue aparatoso e invasivo, incluyendo informes de sus domicilios, vehículos y números de pasaporte.
Incluso, en 1979 se descubrió que desde el gobierno de Guerrero se estaba planeando un secuestro en su contra en 1975, orquestado por Antonio Leos y Romo, un delincuente que fue metido a la nómina de la Procuraduría de Justicia del estado.
A los 21 años llegó al periódico
Scherer García llegó a Excélsior en 1947 como office boy, hueso o ayudante de redacción. Su primera nota firmada apareció el 26 de marzo de 1948 en La Extra con el título: “Universidad del crimen: más de dos millones anuales para degenerar a los menores”.

Llegó al periódico gracias a la relación de su padre, Pablo Scherer, con el gerente Gilberto Figueroa. El lunes 16 de agosto de 1952, Julio Scherer García entró pública y formalmente a la Catedral del Periodismo. Los directores del diario Rodrigo de Llano y Manuel Bacerra Acosta, tuvieron predilección por Scherer García, quien fue reportero, reportero estrella, encargado de las páginas editoriales, ayudante del director –una especie de subdirector– y director general.
Bajo la dirección de Manuel Becerra Acosta, Scherer García se hizo cargo de las páginas editoriales y empezó a sumar a colaboradores como Octavio Paz, Rosario Castellanos y Ricardo Garibay.
Los orígenes de Julio Scherer García
Julio Scherer García fue hijo de Pablo Carlos Nicolás Scherer y Scherer y de María de la Paz García Gómez. Su padre, Pablo Scherer, fue hijo de Hugo Scherer, un banquero alemán que llegó a México durante el Porfiriato.

Hugo Scherer se convirtió en una figura cercana al dictador Porfirio Díaz y formó parte de la creación del Banco Central Mexicano. Gerson von Bleichröder lo comisionó para viajar a México y negociar la deuda que Francia, España e Inglaterra mantenían con el gobierno mexicano.
Doña Clara Scherer, la abuela paterna, se convirtió del judaísmo al catolicismo, decisión que marcaría la vida familiar. Doña Clara falleció en 1921 a causa de un accidente, presuntamente por la ingesta de veronal, aunque versiones familiares sostienen que se trató de un suicidio.
Por el lado materno, su abuelo fue Julio Graciano José Juan García López Portillo, reputado como hombre sabio y honrado, quien fue ministro y presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Susana Ibarra, la pasión de Scherer García
Scherer García fue calificado como un periodista combativo, apasionado de la verdad, riguroso e incorruptible. Era un nadador incansable, le gustaba el buen vino tinto y el jazz.
Fue a su esposa Susana Ibarra Puga por quien más pasión tuvo. Doña Susana, quien murió de cáncer en 1989, es la madre de sus nueve hijos.
Durante los dos años que el cáncer acabó con la vida de doña Susana, Scherer García no tuvo más ocupación que estar con su esposa. “Discrepábamos de todo; Susana bailaba maravillosamente y yo me paralizaba; Susana era romántica y nunca le llevé serenata”, escribió.
Del Che Guevara a El Mayo Zambada
En su carrera, Scherer García entrevistó a personajes como Fidel Castro, Che Guevara, Konrad Adenauer, John F. Kennedy y Picasso.
En 2010 tuvo un encuentro con el narcotraficante Ismael El Mayo Zambada, justificando: “Si el Diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos”.
Recibió premios como el Maria Moors Cabot, el Atlas World Press Review y el Premio Nacional de Periodismo. También recibió el premio Homenaje por Trayectoria de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, entregado por su amigo Gabriel García Márquez.

Obtuvo mención honorífica por su trabajo sobre Leopoldo III de Bélgica en la selva Lacandona, cuando México y Guatemala habían roto relaciones diplomáticas.
La dirección de la Catedral
Julio Scherer García ganó las elecciones y se convirtió en el nuevo director de Excélsior a partir del 31 de agosto de 1968, con 395 votos de los 736 emitidos, superando a Víctor Velarde y Carlos Denegri.
La novedad no solamente era que había un nuevo director de Excélsior, sino que era el primero en haber nacido en el siglo XX.

Crónica de la vida-muerte de Scherer
En 2012, Scherer García tropezó y cayó al piso, fracturándose la cadera, lo que marcó la recta final de su vida.
El texto Morir a tiempo es la crónica de Scherer García en su lucha contra la vida y contra la muerte.

“Yo sentía la muerte y la deseaba como una obsesión... Cuento todo esto sin pesar. No me tengo lástima”.
El periodista murió el 7 de enero de 2015, a los 88 años. Scherer García era un crisol ardiente de emociones, impetuoso, en quien convivían la pasión y el rigor.
Aborrecía las grillas y desconfiaba de los susurros palaciegos. Fue un hombre influyente, con mucho poder, que decidió enfrentarse al poder y que nunca quiso –ni pudo–, drenarse la sangre de Excélsior que siempre le corrió por las venas.