Vodohreshya 2026: ¿por qué los ucranianos se sumergen en agua helada?
Nadar en hielo es una tradición, pero en el contexto de la invasión también se aprovecha para homenajear a los caídos en el MorzhFest

Kyiv, Ucrania – 6 de enero del 2026
El invierno en Kyiv tiene una forma particular de imponer silencio. El cielo, de un gris casi metálico, se confunde con las aguas del río Dnipro en el horizonte. Sin embargo, en la mañana del martes 6 de enero, ese silencio se rompió en el X-Park de la isla Muromets. No por sirenas antiaéreas, sino por el sonido del hielo quebrándose y las plegarias de una comunidad que se niega a dejar que la guerra congele sus tradiciones. Decenas de habitantes de Kyiv se reunieron para celebrar Vodohreshya (La Epifanía) en el llamado "MorzhFest" (festival de las morsas). Lo que ocurre en las orillas del Dnipro es mucho más que un rito religioso; se parece a un ejercicio de resistencia, en todos los sentidos de la palabra.

El ritual de las "morsas": adrenalina y fe
En la cultura local, a los nadadores de invierno se les llama cariñosamente "morsas". No es un deporte para cualquiera. Requiere controlar la respiración, dominar el pánico natural del cuerpo al entrar en contacto con temperaturas bajo cero y encontrar la calma en el shock térmico; los que hacen crioterapia lo pueden entender bien.

Las imágenes de esa jornada son un testimonio de la dualidad humana. Hay hombres que cruzan las aguas gélidas en kayak, abriéndose paso entre el agua helada con una destreza que es mezcla de ocio con instinto de supervivencia. Hay mujeres saliendo del agua con la piel enrojecida por el frío, pero con una sonrisa de triunfo absoluto.
Para muchos ucranianos hoy, sumergirse no es solo salud o religión. Es un entrenamiento de resiliencia. Si puedes vencer al Dnipro en enero, puedes enfrentar lo que venga.

Memoria en bronce: la banca de Ivan Kononenko
El frío más intenso de la jornada del 6 de enero en el 2026 no provino del agua. Provino de una ausencia.
En medio del festival, la música y los chapuzones se detuvieron para inaugurar una banca conmemorativa en honor a Ivan Kononenko. Según la placa metálica revelada hoy, Kononenko no era solo un soldado caído; era uno de los suyos. Era miembro del club de "pingüinos" (nadadores de invierno) y medallista del propio MorzhFest en años anteriores.
La banca, situada estratégicamente mirando hacia el río, lleva un código QR y la inscripción "Bancas de honor a los héroes". Es un recordatorio físico de que la guerra también ha vaciado los lugares de recreo de sus atletas más valientes. Kononenko cambió el traje de baño por el uniforme de combate y al río Dnipro por la trinchera. El minuto de silencio que siguió fue estremecedor. Civiles en toallas y soldados en uniforme completo se pararon hombro con hombro, con la mano en el corazón, bajo una ligera nevada. La ceremonia fue presidida por un capellán castrense, sacerdote militar que, frente a una cruz dorada y un crucifijo clavado en el hielo, bendijo el agua y a los presentes, uniendo la fe con el orgullo nacional.

Una fecha que es una declaración política
Hay un detalle que no se vio en el agua, pero que se sintió en el ambiente: la fecha.
Durante décadas, muchos ucranianos celebraron la Epifanía el 19 de enero, siguiendo el viejo calendario juliano utilizado por la iglesia rusa. El hecho de celebrar el 6 de enero es la consolidación del cambio oficial al Nuevo Calendario.
Este ajuste es mucho más que un trámite administrativo; representa un divorcio cultural y espiritual de Moscú. La celebración en el X-Park es un acto de alineación con Europa y el resto del mundo occidental. "El agua es la misma, pero el tiempo es nuestro", es el mensaje tácito de esta jornada.
Vodohreshya 2026 en Kyiv esta vez tenía muchos mensajes: el enemigo puede atacar las fronteras y la infraestructura, pero no ha logrado congelar el espíritu de una nación que decide sus propios tiempos, honra a sus propios héroes e, incluso a temperaturas bajo cero, sigue nadando y respirando.

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