Diez historias de uso de Inteligencia Artificial en LATAM

La IA funciona cuando resuelve problemas reales

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Los usos de la IA

La inteligencia artificial dejó de ser promesa para volverse rutina. No lo dicen solo las grandes empresas tecnológicas; lo cuentan voces de carne y hueso en América Latina que ya la usan para vender más, enseñar mejor, contratar más rápido o, simplemente, respirar con menos ansiedad en medio del “tsunami” tecnológico. Estas son diez miradas en primera persona —distintas industrias, distintos países— y un hilo en común: la IA funciona cuando resuelve problemas reales.

Francisco Valdés: pasar de usuarios a creadores

Doctor en ingeniería de software e investigador en la UNAM, Francisco impulsa un laboratorio de agentes inteligentes con herramientas como n8n y Lovable, que él mismo está aprendiendo para luego enseñarlas mejor. Su startup desarrolla una plataforma que instala agentes en las computadoras del equipo, monitorea la actividad real y la cruza con la gestión de proyectos para enviar alertas cuando un entregable se desvía: en sus palabras, un “project manager automático” basado en datos objetivos. Además, subraya un reto clave: la IA no es determinista, así que hay que validar resultados con rigor. Y algo que le entusiasma: ver cómo hoy aprenden perfiles no técnicos junto a veteranos de sistemas, una señal de que el salto de “usuario” a “creador” ya empezó y México/LatAm pueden cocrear —no solo consumir— IA.

Camila Rincón: del copy al “alma” de los bots

Publicista colombiana, Camila migró de la creatividad a diseñar personalidades de chatbots. Lleva más de 10 años en el oficio y, desde hace tres, se metió de lleno a experiencia de usuario e IA. Su hallazgo principal es casi contracultural: la IA no piensa por ti; amplifica lo que ya pensaste bien. Por eso insiste en el trabajo humano previo y en dar a los bots una lógica de comunicación “que suene a persona”, no a automatismo. También describe la época como “abrumadora”: muchas herramientas, aprendizaje constante y la presión de “saber un poco de todo”.

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Los usos de la IA. (Ilustración creada con la herramienta de IA Dall-E)

Edith Romero: jugar para aprender (Aprendemate)

Profesora de informática y matemáticas en Venezuela, Edith creó Aprendemate, una iniciativa para enseñar ecuaciones lineales jugando con IA y personalizando el ritmo de cada niño.

Empezó de forma autodidacta, se apoyó en comunidades y está probando el producto mínimo viable con estudiantes, con la mira puesta en extender pilotos a más escuelas. Su tesis pedagógica: si el alumno llega con miedo a las mates, el juego asistido por IA baja la barrera de entrada.

Elías Acosta: restaurantes que pronostican su demanda

Cofundador de Apparta, Elías opera en Colombia con un modelo que predice reservas diarias con 95% de precisión y, en promedio, sube 15% las ventas al accionar marketing con datos. Su crítica al ecosistema regional es filosa: en Latam hace falta no solo usar otros modelos de IA y más algoritmo propio, empezando por etiquetado de datos y visión por computadora. En su trayectoria aparece Berkeley, donde estudió Data Science, y un énfasis constante en ejecutar sobre problemas concretos del negocio, comenta que percibe a LATAM al menos 5 años atrasados a Silicon Valley.

Elizabeth Arista: academia que adopta sin dogmas

Desde Academia Global (México), Elizabeth usa ChatGPT a diario como asistente para correos y contenidos; la institución impulsa talleres para crear materiales educativos con IA y hasta sesiones de titulación con IA, cuidando fuentes y revisión humana. Su receta para vencer la resistencia docente: acercar las herramientas con empatía y recordar que la IA no sustituye a los humanos, la lectura ni la responsabilidad académica de los alumnos.

Gustavo Vargas: del papel a los agentes

Con pasado administrativo en Excélsior, años de comercio e importaciones y vida en China, Gustavo se topó con la IA por puro hartazgo de su hermano que le insistía en meterse y conocer: probó y se quedó. Hoy usa modelos para identificar productos de lotes embargados, acelerando cotizaciones. Lanzó Aries AI, un servicio de agentes de IA para distintos sectores, y observa un patrón: a los mayores de 40 la IA les intimida, pero también es donde ve la mayor oportunidad si se aterriza con casos reales y reglas claras.

Santiago Sáez Prato: médico, innovación y calma en la disrupción

Médico volcado a innovación, Santiago aprendió a implementar IA con criterio: no todo debe automatizarse; primero, base sólida y uso responsable. Lidera Quantum Heart, comunidad que partió en manejo de estrés y ansiedad y hoy aborda también abundancia. Su aporte para este momento: reconocer el miedo legítimo ante la IA y regularlo con prácticas consistentes y educación clara, para decidir mejor qué adoptar y qué no.

Fernando Gurrola: la IA como ecualizador social

Ex presidente de la AMIPCI y emprendedor enfocado en servicios de marketing con IA para empresas y organizaciones públicas, Fernando usa IA a diario para resumir libros, revisar propuestas y aprender programación con chatbots como su tutor. Su tesis de fondo es provocadora: la IA puede cerrar brechas más rápido que lo digital, acercando justicia, autoempleo y movilidad social… si la sociedad civil se organiza, protege privacidad y evita capturas regulatorias por “intereses grandes”. ¿Su consejo práctico? Enfocar comunidades de IA en nichos que aumenten ingresos reales.

Juan Pablo Hernández (Yalo): agentes para marcas masivas

Líder de atracción de talento en Yalo, empresa mexicana que desarrolla agentes inteligentes para aumentar ventas de clientes CPG (Coca-Cola, P&G, etc.). Además de su trabajo operativo (ahorro de tiempo con automatizaciones), promueve una cultura interna pro-IA con embajadores por equipo. Su lectura del mercado: faltan expertos y sobran promesas; el impacto real llega cuando la IA se integra a métricas del negocio.

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Mario Eberle: IA para comprar mejor vivienda en preventa

Emprendedor argentino y fundador de Brokia, plataforma inmobiliaria que usa IA para ayudar a personas a comprar departamentos en preventa. También explora coaching con agentes especializados. Su motivación es pragmática: no quiere “perderse esta ola” como ocurrió con internet; ve la IA como infraestructura, no moda. ¿El reto? disciplina e implementación paso a paso para llevar conocimiento a producto.

La inteligencia artificial no es solo otra tecnología: es un cambio de paradigma y el inicio de una nueva era, una ola que transformará cualquier industria y nuestro día a día. Con nuevos modelos como ChatGPT-5 —más confiables, más rápidos y mejores para tareas largas— habrá menos fricción para empezar y más resultados útiles desde el día uno.

En Latinoamérica tenemos la gran oportunidad de pasar de usuarios a co-creadores de soluciones, sumando nuestra capacidad humana e ingenio para convertir problemas reales en oportunidades de negocio.

Y tú, estimado lector, ¿ya te subiste a la ola de la inteligencia artificial?

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