¿Cuál será la relación de Trump con México, Rusia, China, Israel y Europa?
Trump trae bajo el brazo más aranceles, amenazas y alianzas transaccionales, con ajustes diplomáticos y económicos inmediatos para varios países y sus líderes.

La reelección de Donald Trump en la presidencia estadunidense marcará, otra vez, un cambio en la diplomacia internacional, afectando de forma específica y aguda a actores clave como Europa, China, México, Israel y Rusia. Con su enfoque característico de “Estados Unidos primero”, Trump reconfigura las alianzas y desafía las estrategias de política exterior que habían guiado las relaciones multilaterales en los últimos años con Biden y hasta antes de su primer mandato en 2016.
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Esta administración trae bajo el brazo más aranceles, amenazas y alianzas transaccionales que suponen ajustes diplomáticos y económicos inmediatos para estos países y sus líderes, quienes ya consideran sus próximos pasos.

Europa: Una alianza en el limbo
Europa se encuentra en una situación delicada ante el retorno de Trump. Las crisis políticas y económicas internas dividen a los miembros de la Unión Europea, mientras el nuevo presidente norteamericano plantea imponer aranceles del 10% sobre las importaciones provenientes del bloque. Para la economía europea, esto implica un golpe directo al PIB, mientras que para Alemania, el impacto es más agudo, debido a que Estados Unidos sigue siendo uno de sus principales destinos de exportación. Las tensiones arancelarias han generado una fractura dentro de la UE, dificultando la creación de una respuesta unificada ante Washington.
La presión de Trump sobre los países de la OTAN para que aumenten sus gastos en defensa impacta de manera directa en la política interna europea. Aunque varios países han elevado sus presupuestos militares, aún dependen del respaldo de Estados Unidos, especialmente en el contexto de la invasión rusa a Ucrania. Trump ha sugerido que Estados Unidos podría reducir su apoyo militar a Ucrania, dejando a Europa en la difícil posición de tener que gestionar el conflicto de forma autónoma.
Las divisiones dentro de la UE complican una estrategia común: Hungría y Eslovaquia mantienen posiciones cercanas a Moscú, mientras que los movimientos de extrema derecha en Francia y Alemania presionan por una política menos confrontativa hacia Rusia. La posibilidad de que Trump negocie directamente con Putin inquieta a los líderes europeos, ya que cualquier concesión de Ucrania podría sentar un precedente alarmante para la región. Este escenario desafía a la UE a intensificar su apoyo económico y militar a Kiev, mientras se ajusta a los cambios bruscos que Washington podría implementar en su política exterior.

China: Rivalidad y oportunidad
Para China, Trump representa un desafío multifacético. Durante su primer mandato, su administración implementó una guerra comercial que perjudicó tanto a China como a Estados Unidos. Trump ha reiterado sus amenazas de imponer aranceles del 60% a las importaciones chinas y de retirar el estatus de “nación más favorecida” de China, medidas que Beijing observa con cautela debido a sus repercusiones económicas. Con una economía enfrentando ya desafíos internos significativos, China considera esta perspectiva con seriedad.
Sin embargo, la inclinación de Trump hacia una política exterior aislacionista podría representar una oportunidad para Beijing. La falta de compromiso estadunidense en temas multilaterales permite a China consolidar su influencia en Asia, el Sur Global y en países europeos que buscan alternativas al proteccionismo estadounidense. Ante la posibilidad de una escalada en la rivalidad tecnológica y comercial, China acelera sus esfuerzos por lograr autosuficiencia en sectores estratégicos como el tecnológico y el energético.
El caso de Taiwán es otro foco de tensión. La administración de Biden había endurecido su postura hacia Beijing mediante el despliegue de tropas y la entrega de armas a Taiwán, mientras que Trump ha sugerido que Taiwán debería financiar su propia defensa. Esta postura ambigua podría aliviar temporalmente las tensiones en el estrecho de Taiwán, permitiendo a Beijing redirigir su enfoque hacia otras prioridades internas y externas. Sin embargo, la ambivalencia de Trump respecto a Taiwán no reduce el potencial de conflicto, sino que podría intensificar la sensación de inseguridad en la región.
Además, en respuesta a la posible reactivación de una guerra comercial, Beijing fortalece sus relaciones económicas con países clave en Europa y Asia. La reciente mejora de relaciones entre China e India, así como el acercamiento tentativo hacia Japón, refuerzan su estrategia de diversificación económica y diplomática. Trump, al reducir su compromiso en tratados internacionales, ofrece a China un espacio para asumir el rol de mediador en el escenario global, llenando los vacíos de poder dejados por Estados Unidos.

México: Diplomacia en tiempos difíciles
La relación entre Estados Unidos y México entra en un período de tensión renovada con la reelección de Trump. Las amenazas de imponer aranceles del 200% a las exportaciones de automóviles mexicanos, junto con las promesas de deportaciones masivas y operaciones militares contra los cárteles de drogas, desafían a la presidenta Claudia Sheinbaum a encontrar un equilibrio entre la cooperación y la defensa de los intereses mexicanos. La estrategia de México consiste en aprovechar la experiencia de López Obrador, quien logró mitigar algunas de las acciones más severas durante el primer mandato de Trump mediante acuerdos y compromisos estratégicos.
México también considera como esencial la relación comercial establecida bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Con la revisión del tratado programada para 2026, Sheinbaum se prepara junto con al secretario de Economía, Marcelo Ebrard, para enfrentar las demandas de Trump y evitar los impactos económicos de una posible guerra comercial. México cuenta con un aliado implícito en las empresas estadunidenses, que se benefician significativamente del comercio con México y podrían presionar a la administración Trump para frenar cualquier medida proteccionista que afecte sus intereses.
Sin embargo, China emerge como un punto de tensión en esta relación. A pesar de la presión de Estados Unidos, México ha facilitado la entrada de empresas chinas en su economía, diversificando su base de inversiones y evitando una dependencia excesiva de su vecino del norte. Esta estrategia, que no excluye a China en los incentivos para la inversión extranjera, podría generar fricciones con la administración de Trump, especialmente si el nuevo presidente estadounidense busca limitar la influencia china en la región.
El combate al tráfico de fentanilo es otro tema crucial en la relación bilateral. Sheinbaum tiene la tarea de mostrar resultados en esta área para conservar la cooperación con Washington. Trump, con su enfoque directo y poco ortodoxo, plantea incluso la posibilidad de acciones militares contra los cárteles, un tema que Sheinbaum debe gestionar con cautela. Las posibles incursiones estadounidenses en territorio mexicano presentan un riesgo significativo para la relación entre ambas economías interdependientes.

Israel: Una alianza sin restricciones
La política de Trump en Medio Oriente se alinea con los intereses de Israel, permitiendo a su aliado mantener una postura agresiva frente a sus adversarios regionales. Durante su primer mandato, Trump fortaleció los lazos con el primer ministro Benjamín Netanyahu, respaldando sus acciones en Gaza y contra Irán, mientras evitaba imponer restricciones humanitarias. Con las recientes tensiones en la región, Israel cuenta con la reelección de Trump como un respaldo adicional a su estrategia de seguridad.
El tema de Irán, sin embargo, introduce un nuevo desafío. Desde que Trump retiró a Estados Unidos del acuerdo nuclear en 2018, Irán ha incrementado sus actividades nucleares. Trump podría adoptar una postura aún más estricta frente a Teherán si percibe una amenaza directa hacia los intereses israelíes, un enfoque que podría escalar rápidamente a un conflicto regional. Al mismo tiempo, Israel explora nuevas alianzas en Medio Oriente, incluidas las negociaciones de normalización de relaciones con Arabia Saudita, una iniciativa que Trump promovió inicialmente y que Biden también ha impulsado.
Para Netanyahu, el regreso de Trump representa una oportunidad para consolidar la cooperación sin restricciones en materia de defensa y seguridad. Con el respaldo de Trump, Israel podría avanzar en sus políticas de expansión y con menos obstáculos. Esta dinámica no solo intensificará las tensiones con los grupos de resistencia en Gaza y el Líbano, sino que también enfrenta a Irán en un contexto de creciente militarización de la región.

Rusia: Un enfoque pragmático
La relación entre Trump y Putin permanece marcada por un pragmatismo calculado. Trump ha expresado su intención de “resolver” el conflicto en Ucrania en un plazo corto, aunque sin detallar su plan. Su sugerencia de que Ucrania podría ceder territorio a Rusia es una preocupación constante para los líderes europeos, quienes interpretan este enfoque como una posible concesión peligrosa. En el contexto europeo, esta actitud estadounidense hacia Rusia intensifica las divisiones dentro de la OTAN y abre un espacio de maniobra para Moscú.
Para Putin, la llegada de Trump es ventajosa en varios aspectos. Trump ha cuestionado repetidamente el propósito de la OTAN y ha insinuado una reducción de su apoyo a los aliados europeos. Esta postura podría permitir a Rusia ampliar su influencia en Europa del Este y consolidar su posición frente a los países de la región que tradicionalmente han dependido de la protección estadounidense. Además, la reticencia de Trump a defender a los miembros de la OTAN que no cumplen con sus compromisos de gasto militar añade una capa de incertidumbre en las estrategias de defensa europeas.
El enfoque de Trump hacia la OTAN y su actitud ambivalente hacia el conflicto en Ucrania ofrecen a Rusia una oportunidad para fortalecer su posición en el continente. Aunque Trump defiende el principio de “paz a través de la fuerza”, su inclinación a negociar directamente con Putin sugiere una disposición a realizar concesiones que otros líderes occidentales rechazarían de inmediato. La posibilidad de que Estados Unidos limite su participación en el conflicto ucraniano impulsa a Rusia a aprovechar cualquier vacilación en el respaldo occidental hacia Kiev.
La postura pragmática de Trump hacia Rusia también refleja un entendimiento tácito entre ambos líderes, quienes evitan los conflictos directos mientras buscan maximizar sus propias agendas políticas. Sin embargo, cualquier ajuste en el apoyo estadounidense a Ucrania o a la OTAN repercutiría en el equilibrio de poder en Europa y abriría una ventana para que Rusia ejerciera mayor presión sobre el flanco oriental de la región.
dmr
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