Ozzy Osbourne: el príncipe llegó a casa
Ayer falleció uno de los pioneros y autores de los actos más épicos del heavy metal mundial y así lo recordamos en Excélsior

Tengo una corazonada contigo, John Osbourne, o acabas haciendo algo grande o en la cárcel”, le dijo su padre a Ozzy. Más acertado no pudo estar: su pequeño rufián ascendió al trono con Black Sabbath y se proclamó el Príncipe de las Tinieblas.
Es decir, se convirtió en una leyenda viviente y ayer la oscuridad lo reclamó permanentemente a los 76 años. “Con más tristeza de lo que estas palabras pueden transmitir tenemos que informar que nuestro querido Ozzy Osbourne falleció esta mañana. Estuvo con toda la familia rodeado de amor. Pedimos a todos que respeten nuestra privacidad”, firmaron Sharon, Kelly, Aimee, Jack y Louis en redes sociales.
¿De qué falleció? No lo dieron a conocer, pero el estado de salud de Ozzy se veía bastante deteriorado hace un par de semanas que se despidió legendariamente con el concierto Back to the Beginning, oficialmente su última aparición con sus rolas como solista y junto a Geezer Butler, Tony Iommi y Bill Ward, sus amigos en Sabbath.
En 2019 le fue diagnosticado mal de Parkinson y desde entonces comenzó lo que el llamó “un infierno” para él y su familia. Sin embargo, su condición nerviosa no fue la que detonó sus mayores malestares, sino una lesión en la espina dorsal en el 2000 ,después de caerse de una cuatrimoto, someterse a tres cirugías y perder movilidad en uno de sus brazos.
El mismo año que se enteró del Parkinson se cayó en el baño de su casa y las lesiones en su cuello se volvieron un martirio, por lo que se sometió a otra operación. Los dolores no pararon, según narró a The Observer, en 2022. Tampoco obvio la infección en las vías respiratorias que lo obligó a posponer algunas fechas de su No More Tours 2.
Eso sin contar todas las veces que su cuerpo sobrevivió a sobredosis inclementes. “Recuerdo una vez que papá estaba en calzones, sentado, mientras mamá se convulsionaba por su tratamiento contra el cáncer (de colon y mama), así que él agarró un puñado de pastillas y se las tomó con vodka. De camino en la ambulancia que trasladó a mamá, se desmayó y fue hospitalizado por sobredosis e intoxicación etílica”, narró Kelly en su biografía There is no F*ckin Secret, Letters from a Badass Bitch.
Por supuesto que él siempre habló abiertamente de su adicción a las drogas, sobre todo en su libro Soy Ozzy (confieso que he bebido), en la que menciona que todas las noches, cuando estaba de gira o no, solía meterse muchísimas cosas por la nariz, hasta la famosa línea de hormigas que inhaló con un popote durante la gira Bark at the Moon (1984) que emprendió junto a Mötley Crue. A la cocaína, para no ser tan obvios, le apodaron Krell. “La verdad no lo recuerdo, (lo de las hormigas), pero es posible, desde luego”, recordó el viejo Ozzy en su documento. Para el estreno de la bioserie The Dirt, Tommy Lee, baterista de Motley Crue, confirmó la historia.
Mariguana, cocaína, heroína, anfetaminas, cuatro botellas de coñac al día, más de treinta puros y algunos cigarrillos, LSD... en cuatro décadas el viejo Ozzy la pasó a todo dar y nunca se arrepintió de vivir como un máximo rockstar, sólo lamentó, en 2022, no poder gozar de una salud tan plena, de acuerdo a sus sentidas palabras en el podcast de la familia Osbourne.
Casi me atropelló un avión, me rompí el cuello y durante el coma fallecí dos veces; tuve sida 24 horas, contraje gonorrea algunas veces; me convulsioné un par de veces al tomar codeína en Nueva York y una droga de violadores en Alemania y eso sin contar los medicamentos recetados”, le dijo Ozzy a un médico encargado de formular un reporte en 2009.
En su mismo libro confiesa que su vida cambió tras el incidente en la cuatrimoto. “Así que no hay razonamiento médico plausible que explique por qué sigo con vida”. Hace cuatro años lamentó mucho que su vida se descarrilara tan mal y pensaba que era una falta de respeto para Geezer, Tony, Bill y los fans.
Pese a estar postrado a una silla por su imposibilidad para caminar, Ozzy se preparó por meses para dar su último concierto el pasado 5 de julio en Birmingham, la ciudad que lo vio nacer. No tenía intención de embolsarse ni una sola libra, porque todo lo donó para ayudar a personas afectadas por el mal de Parkinson. Su cuerpo ya no soportaba más, tampoco su voz. Aún así, se las arregló para salir al Villa Park, el hogar del equipo de sus amores, el Aston Villa, y cantar I Don’t Know, Mr. Crowley, Suicide Solution, Mama, I’m Coming Home y Crazy Train junto a sus amigos que hicieron su proyecto en solitario una realidad.
Y para sellar aquella noche, Black Sabbath regresó por una última vez con su alineación original. Ozzy, Tony, Geezer y Bill para tocar War Pigs, N.I.B., Iron Man y Paranoid. La historia de la banda más importante del heavy metal culminó, pero el legado prevalecerá en todas las que ahora existen gracias a que en su juventud discos como Black Sabbath (1970), Paranoid (1970), Master of Reality (1971), Vol. 4 (1972), Sabbath Bloody Sabbath (1973), Sabotage (1975), Technical Ecstasy (1976) y Never Say Die! (1978) fueron parte de su juventud.
Por supuesto, varios de esos chicos que consideran a Ozzy el Príncipe y Rey de las Tinieblas lo despidieron con conmovedores mensajes en redes sociales.
Su padre siempre tuvo razón, Ozzy estuvo destinado para lo más grande.
NACE UNA LEYENDA
John Michael Osbourne nació el 3 de diciembre de 1948 y se crio en el 14 de Lodge Road, en Birmingham. Su padre fue Jack Osbourne, un matricero y trabajador de General Electric, su madre, Lillian, también laboraba por las mañanas en Lucas Industries (también automotriz) y era una mujer católica, aunque no fanática. Nadie de la familia iba a escuchar misa, ni siquiera sus hermanas Jean, Iris y Gillian (a la primera le habló cada domingo hasta su muerte), ni sus hermanos Paul y Tony.
Ozzy creció en total rebeldía pese a que todo el tiempo vivía con miedos y fobias. Cobraba a los fans del Aston Villa por cuidar sus autos durante los juegos de los Villanos, asaltó huertos y allanó un domicilio, logrando ir a prisión por primera vez a los 18 años.
¿Saben a quién debemos darle las gracias de que existe Black Sabbath? The Beatles. Ozzy se enamoró completamente del Cuarteto de Liverpool y con su segundo sueldo se compró el disco With The Beatles. Y los que siguieron. De hecho, él solía decir que “cuando te levantes en un día ensombrecido y oscuro, The Beatles lo pintarán de color”, según un capítulo del podcast de Jack Osbourne.
Gracias a un letrero que colgó en la tienda local Ringway Music (“Ozzy busca concierto”) conoció a Geezer, Tony y Bill con quienes formó Polka Tulka Blues Band, el primer nombre del grupo, después Earth y finalmente Black Sabbath para evitar confusión en 1969 y luego de ver el cartel de la película de Mario Bava en un cine, en 1969.
Todo ese año estuvieron tocando en puros clubes nocturnos. Las chicas los amaban, dice Ozzy, sin olvida que el término heavy metal era algo nuevo para ellos. Geezer escribió la canción Black Sabbath tras la escabrosa historia de la mujer parada en su habitación.
Hasta que en 1970, Philips Records los firmó gracias a que su estética, nombre y canción hacían referencia a la oscuridad que cimbró al mundo en aquella década con los asesinatos de Charles Manson y la popularidad de los libros de horror de Dennis Wheatley. Evil Woman fue el primer sencillo que los catapultó y los hizo ganar 105 libras a cada uno sólo por sonar en la radio de la BBC.
Hasta la vista, gallinas
Ozzy se volvió famoso. Ganó dinero y jamás le devolvió a sus padres lo poco con lo que lo ayudaron. Se arrepintió. Junto a Sabbath, el inglés recorrió Estados Unidos, se metió con muchas fans y se convirtió en padre de Jessica Osbourne producto de la relación con su exesposa Thelma Riley, con quien también procreó a Louis Osbourne.
La banda continuó grabando sus discos y girando por su país y Estados Unidos. Se volvió una rutina cool para Ozzy conocer bares, ligar chicas, tomar y regalar cocaína a músicos de Frank Zappa y consumirla con Mötley Crüe. Se fueron a un castillo encantado a grabar Sabbath Bloody Sabbath y para promover el material se embarcaron en otro tour caótico, donde la relación con Bill Ward se fracturó por ser polos opuestos, mientras Ozzy disfrutaba la fama, el sexo, las drogas y el rock, el baterista sólo quería irse a dormir.
Su mánager los tranzó. Se las aplicó al vender los derechos de sus primeras canciones y los dejó sin fondos, así que todo su mal rollo está implícito en el ambiente del álbum Sabotage; después le pegó a Thelma y mató a un grupo de gallinas que le regaló para hacerse responsable de sus actos. Con un rifle las ultimó por el desconcierto que vivió en su vida familiar, financiera y profesional (Bill estaba harto de las fiestas y Geezer de componer sobre magia negra). Su padre murió en 1978 por cáncer de esófago y la tristeza lo acompañó toda la vida.
Never Say Die! fue el último álbum que grabaron juntos, luego fue despedido por no llegar a un show. Bill Ward le comunicó la decisión del grupo el 27 de abril de 1979 y desde entonces no se volvieron a hablar, hasta que retomaron comunicación vía telefónica al agravarse la salud de Ozzy. El cantante lo convenció de unirse a la despedida debido a que el show fue en el estadio del Aston Villa y el baterista era un fanático tremendo de los Villanos, lo mismo Geezer.
Ozzy jamás tuvo nada en contra de Ronnie James Dio, pero en su libro acepta que la segunda etapa de Black Sabbath tuvo que ser referida con un “II” para no timar a la gente.
¡Muere, batman!
Ozzy realmente siguió siendo el mismo, sólo que se divorció en 1982 y ese mismo año se juntó con Sharon Osbourne, la hija de su exmánager, la mujer que lo acompañó hasta su último aliento y madre de Kelly, Jack y Aimee.
Relanzó su carrera con Blizard of Ozz (1980 ), de los mejores discos de metal en la historia. Sin embargo, además de todos los músicos estelares (Don Airey, Robert Trujillo, Zakk Wylde y más) que tocaron con él en su etapa como solista, ésta fue marcada por dos sucesos que se han convertido en los mejores hitos del rock n roll: la snifeada de hormigas y el famoso murciélago que descabezó en un show el 20 de enero de 1982 en Des Moines, EU.
En la gira Diary of a Madman, la gente se lo tomó muy literal y empezó a llevar animales a los shows, insectos de broma y toda clase de tonterías para arrojar al escenario, como una rana que un día le sacó un susto y... el famoso murciélago que cayó a sus pies.
Pensé que era un juguete. Lo levanté y saqué los dientes mientras Randy (Rhoads) tocaba uno de sus solos de guitarra. El público se volvió loco y entonces hice lo que siempre con los juguetes de goma: ¡Ñam! La boca se me llenó de un líquido pegajoso, cálido y con el peor sabor. Luego la cabeza se movió dentro de mi boca, la escupí y vi a Sharon gritando ‘¡No, Ozzy, es de verdad!’”, recordó.
Vivió el resto de la gira para aplicarle todas las noches seis inyecciones antirrábicas.
La historia lo acompañó el resto de sus días, pasando por alto que Ozzy se meó en el Álamo y tuvo que pagar 10 mil dólares para poder volver a tocar en Texas.
Mi vida no tenía que salir como ha sucedido, pero estoy agradecido”, concluyó en su libro.
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