Mario Iván Martínez se da el lujo de elegir
El actor habla con Excélsior sobre sus 45 años de carrera y su nuevo espectáculo sobre Mozart

El balance por 45 años de trayectoria en el mundo del cine, la televisión, el teatro y la literatura es positivo para el actor Mario Iván Martínez, quien lo celebra con la publicación del libro De viajes, pastores y prodigios. Aventuras del pequeño Mozart, a la par del espectáculo De Mozart, tubas y bemoles, a partir del 20 de septiembre en el Teatro Julio Castillo, del Centro Cultural del Bosque.
He podido sortear esta carrera de tal forma que ya he llegado a un momento donde puedo darme el lujo de la selectividad. Muchas veces no es tan fácil huirle a ciertos proyectos que tal vez no sean del todo satisfactorios al inicio de la carrera, pero pues hay que pagar la renta y no hay de otra. Claro, siempre sin atentar contra la dignidad del artista. Pero, en general, creo que ha sido un viaje positivo donde me habría gustado incursionar más en el cine, por ejemplo, pero de pronto la providencia te plantea ciertos cauces y los debes abrazar.
El caso del trabajo con los niños, brindar dignidad, diversidad a la oferta infantil, llegó con este programa que se llamó ¿Quieres que te lo lea otra vez? a finales de los 90 y abrió la puerta para lo que es hoy la parte medular de mi desempeño artístico. Mi madre (la actriz Margarita Isabel) siempre me decía: ‘Busca un prestigio más que una fama efímera’. Y creo que fue una lección importante, una guía trascendente”, expresó el también escritor.
El actor, nacido el 17 de febrero de 1962 en la Ciudad de México, señaló que esta enseñanza de su madre lo llevó a elegir siempre proyectos que lo llevaran a desafiarse a sí mismo.
Habría sido muy fácil apostarles a trabajos sin sustancia en la televisión, por ejemplo, pero, también llegaron proyectos interesantes como Maximiliano, en El vuelo del águila, o Renato Piquet, en Amor real. He preferido esperar proyectos con sustancia y con tela de dónde cortar a estar apostándole a que la imagen se sature en la televisión nada más por la fama per se. He querido discriminar y ha rendido frutos, porque ahora solamente hago lo que me gusta”, dijo.
ACTOR GÜERITO DE RANCHO
El también director y cantante reiteró que su madre fue su fuente de inspiración desde la primera vez que la vio actuar como Titania en Sueño de una noche de verano, de Shakespeare, en el Palacio de Bellas Artes, bajo la dirección de José Solé y junto a Susana Alexander como Puck. Él tenía 6 años.
Esa explosión de fantasía, de magia del rito del teatro, me cautivó desde un principio. Tuve en mi madre a una maestra, guía, mentora, durante toda mi vida, desde que nací, desde que incursioné en este trabajo, pues ella me fue guiando hasta su desaparición, hasta el último trabajo que hice con (la obra de) Van Gogh. Ella todavía le dio nombre al espectáculo: Van Gogh, un girasol contra el mundo”, destacó.
El dibujo y las posibilidades con la voz también forjaron su talento artístico.
En mi caso, nunca contemplé otra opción (que la actuación). Más adelante hubo posibilidades en el dibujo, cuando en mi adolescencia comencé a dibujar más, mi maestro de pintura me exhortaba a seguir por ese camino e incluso por el diseño escenográfico. Llegué a presentar mi examen para estudiar escenografía en el Centro Universitario de Teatro con el maestro Luna. Llegó a ser una posibilidad, pero todo dentro del ámbito artístico.
Como crecí viendo actuar a mi madre, me convertí en niño actor de la radio, con el maestro Manuel Vauche Alcalde. De ahí mi fascinación por proyectar todo con la voz, que redundó en mis audiolibros más adelante, y en mi fascinación por el trabajo de Francisco Gabilondo Soler Cri Cri, que es precisamente lo que hizo.
De niño sacaba los muebles de la casa al pasillo donde vivíamos en la colonia Del Valle, escribía mis propias obras de teatro y hacía varios personajes. Si pasaban los vecinos y se detenían a ver la obra, les cobrábamos un peso para recuperar la producción. Desde entonces había también que tener una mirada como productor”, rememoró.
Fue a los 9 años cuando tuvo la oportunidad de interpretar a Pedro en una obra de la Compañía Nacional de Teatro para inaugurar el teatro al aire libre del Centro de Convivencia Infantil.
Para mí fue muy importante esa experiencia. De hecho me accidenté a la mitad de la temporada y otro niño entró a suplirme. Yo me quedaba sentado entre el público con mi brazo enyesado, viendo a ese niño actuar con mi voz, porque, como no había lavaliers en esa época, habíamos entrado a un estudio a grabar toda la obra y sólo hacíamos playback. Como no iban a grabar toda la obra de nuevo, pues el niño actuaba con mi voz.
Desde esa edad comencé y esas anécdotas están narradas en mi libro Güerito de rancho, anécdotas de un niño actor mexicano. Luego me fui a Inglaterra y estuve un tiempo en mi adolescencia con una beca del Consejo Británico. Regresé a México y entré a estudiar con Julio Castillo, Sergio Jiménez, Héctor Mendoza”, contó.
MEMORABLES
Su primera oportunidad en teatro profesional fue con la pastorela El contrario Luzbel, producida y protagonizada por Alejandro Aura.
Entre sus primeras incursiones en la pantalla destacan la telenovela Teresa, junto a Salma Hayek, en 1989, en el papel de Sigfrido, y para cine en Como agua para chocolate, de 1992, dirigida por Alfonso Arau, como el doctor John Brown, trabajo por el que ganó el premio Ariel a Mejor Actuación Masculina ese año.
Teresa fue de mis primeras incursiones en la televisión con el maestro Toño Serrano. Me invitó y existió la posibilidad de aprender de grandes como el maestro Claudio Brook, mi madre estaba, la maestra Patricia Reyes Spíndola. Para el que hace teatro resulta muy apabullante la velocidad con que se graba la televisión.
Hacía yo de secretario de Salma y me brindó libertad para darle un acento austriaco o alemán al personaje y que siempre estuviera comiendo. Si llegábamos a una escena y el de producción no me había dado un dulce, Salma decía: ‘oiga, no, espérense, Sigfrido siempre está comiendo consíganle un chocolate, una paleta’. Ella me fue a ver a La manera de Shakespeare en esa época y fincamos una relación linda, recíproca”, recordó.
Punto y aparte, Como agua para chocolate, basada en la novela de Laura Esquivel, y protagonizada por Lumi Cavazos y Marco Leonardi.
Que tu primer personaje de importancia en el cine haya sido con esta novela y con un personaje como Brown, que tiene en su haber el monólogo de los cerillos, la esencia de la novela, pues, a quién le dan pan que llore, ¿no?
Había que trabajar el personaje de tal forma que se alejara del cliché del norteamericano, porque John Brown es un científico anglo-mestizo, pues su abuela fue una india kikapú, entonces hereda los conocimientos de la medicina indígena. Es un pensador, un lector, humanista, de refinados modales.
Tiene un amor incondicional a la protagonista. Fui con Laura y con Alfonso y les dije: ‘Déjeme cambiar una palabra’, para decirle a Tita (acerca de Pedro) ‘yo seré el primero en felicitar a Pedro, pero también el primero en pedirle, exigirle, que te dé el lugar que mereces’. El cambio de esa palabra, de ‘exigirle’, le dio a Brown un tinte menos resignado a perderla”, compartió acerca de tal escena.
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