Imelda, la verdad es la única defensa aceptable

Supuestas agresiones contra ella y supuesta violación contra Julián; mi postura sobre los audios y la infantil justificación que no pienso respaldar.

Addis Tuñón

Addis Tuñón

El fama-sutra

Bienvenidos, mis sensuales famalovers. Como saben, aquí somos libres de humo, no nos reservamos el derecho de admisión y ponemos a los artistas en todas las posiciones.

Me niego a defender a Imelda Tuñón: que si está loca, que si es o no adecuada para cuidar de su hijo. Aquí no van a leer ni justificaciones ni ataques hacia ninguna de las partes. Por ahora no. Tal vez un día me les envalentone y suelte verdades sustentadas, pero mientras ese día llega, tengo claro que TikTok, Instagram y YouTube son sólo eso. La información que consigo es relevante y está en el terreno de lo legal. Pronto lo viral cederá el espacio a lo oficial, y será tanto a favor como en contra de ambas partes. Acuérdense de mí.

En tanto, Imelda Tuñón ya es “el meme nuestro de cada día”. Sigan o no el devenir de los espectáculos, es de ley que les lleguen todo tipo de publicaciones; la guerra campal mediática nos pasa a todos al estrado para sentenciar de lo lindo. Ni modo. Los contendientes lo permitieron.

Hoy, como les anticipé, no voy a defender a Ime; por el contrario, quiero contarles por qué fue que el viernes yo tomé la decisión de aclarar en la red social X una mentira.

Me disponía a mi media hora de paz luego de “arrear chilpayates” hasta la escuela. Ya que surtí el comedero de los pajaritos, con cafecito, una galleta de pinole (que me salen delis delis) y bajo la frazada que me tejió mi amá, encendí la tele en Imagen Televisión.

Ya había escuchado un día antes una conversación grabada de Imelda con la señora que sirvió en casa de su suegra varios años. Pero jamás consideré publicarla, dada la delicadeza de lo dicho ahí y, sobre todo, porque esa señora iba a ser testigo en uno de los juicios que enfrenta Imelda contra la abuela de su hijo.

Sabía que Gustavo Adolfo Infante había retirado eso, pero no me sorprendió que fuera retomado por todos los medios. Hasta ahí, yo no quise ni llamar a mi sobrina. Aunque en ese audio se revelaron cosas tan feas —como que presuntamente el difunto la golpeaba en las costillas para que no se le

vieran los moretones en la cara—, era de esperarse que pasaran de noche ante lo que Imelda soltó sobre el supuesto abuso sufrido por su esposo y cuyos detalles me niego a dar aquí.

Como yo no soy vocera ni asesora, y mucho menos terapeuta o nana de Ime, no me azoté ni me clavé con las consecuencias ganadas a pulso sobre eso. ¿Qué podía esperar ella al enviar a un periodista una grabación tan incendiaria? Nadie se chupa el dedo: si yo no quiero que algo se sepa, me quedo callada, y punto.

Hasta ahí, yo degustaba mi galletita sin harina y sin remordimiento de ningún tipo. Ni yo había publicado eso, ni se me preguntó antes de enviarlo. Ni mi galleta engorda tanto, ya que el pinole es maíz molido.

Pero de pronto, ¡zaz!, que escucho a mi amada Ana María Alvarado anunciar la justificación de Imelda. En un tono burlón que le comprendo perfecto, la periodista anunció que la viuda de Julián Figueroa decía en un live desconocer esos audios y que seguro eran inteligencia artificial. ¿Neta? Pero si me los envió a mí y estábamos frente a frente cuando lo hizo. Claro que me dijo: “Esto es sólo para ti”, y ni por la cabeza me pasó distribuirlo. Pero si ella se los mandó a Gustavo Adolfo Infante, no se vale que lo niegue.

Ahí, para que vean, casi escupo el café. Así como he expuesto la realidad a través de documentos y entrevistas, mi ética me obliga a no solapar mentiras de nadie. El silencio otorga y yo no podía callar frente a la mentira que le caché.

Gustavo Adolfo Infante asumió su responsabilidad al publicar sin revisar material ni confirmar autorización de la fuente, eso hay que reconocerlo. Todos en este gremio la podemos regar en aras de mostrar una nota. Pocos desnudan el pecho para soportar frontales el látigo de su decisión.

Tomé mi celular y no fue para llamar a Imelda; ella, cuando distribuyó esos audios, no pidió mi opinión. Lo que hice fue publicar mi postura ante una disparatada justificación:

“Como periodista no voy a negar la verdad. @ImeTunon sí envió esa grabación a mí y a otros periodistas. Yo no lo subí por lo grave que era el audio. Negar lo hecho te resta. Ime defiéndete desde la verdad y desde lo legal. Yo opino desde mi ética”.— @ADDISPERIODISTA en X.

Aún es hora de que siguen atacándome por ello y aclaro: ni le doy la espalda a Imelda, ni soy su tapadera de nada. Soy periodista y la verdad es mi juramento litúrgico. Si la viera haciendo lo que dicen que hace, yo lo digo; si los exámenes arrojan resultados favorables a la versión de

Maribel Guardia, yo lo publico. Hasta ahora no ha sido así. A ustedes, mis sensuales famalovers, les expreso con una mano en el corazón y la otra en el teclado, mi “juramento neta-crático”:

En todo momento, en todo caso de investigación, sea que involucre a un ser querido o no, si alguien miente y tengo cómo probarlo, lo voy a exponer; si alguien dice la verdad y tengo cómo probarlo, lo voy a mostrar.

¿Cómo estoy con ella? Estamos bien. Me conoce y no le sorprendió mi texto. La etiqueté porque soy frontal, tanto para lo bueno como para lo penoso. Y concluyendo con lo que me importa: mientras yo vea que su hijo corre y salta feliz, lo demás debe ser asunto de ellos, o sea, de adultos.

Disfruten de un posmediotiempo y todos sus ecos. Deseo que tengan una semana bonita y recuerden: todos somos una celebridad controversial, aunque sea en la memoria de algún ex.