Jóvenes talentos: Alex de la Cruz, con amor al teatro ayuda a adolescentes a salir adelante
Alejandro de la Cruz es uno de los jóvenes talentos mexicanos que con su amor al teatro busca brindarle confianza a sus alumnos para que olviden de sus miedos, complejos, penas y prejuicios

CIUDAD DE MÉXICO.
Uno de los grandes sueños de casi cualquier director de teatro es ganar un premio Tony, uno de los reconocimientos más prestigiosos de la industria.
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Pero hay dramaturgos y docentes que no buscan el reconocimiento como tal, sino cambiar la vida de las personas. Y no del público, sino de su equipo.
Así es Alejandro de la Cruz, uno de los jóvenes talentos mexicanos que ha platicado para Excélsior Digital, que con su amor al teatro busca brindarle confianza a sus alumnos para que se olviden de sus miedos, complejos, penas y prejuicios.

Pero… ¿quién es Alejandro de la Cruz?
Alex, como todos lo conocen, soñaba con ser actor. Egresado por el Centro Universitarios de Teatro (CUT), elegó al mundo del teatro por error. En la escuela, en épocas de secundaria, él se había inscrito para la materia de danza. Sin embargo, un día llegó un profesor de nombre Omar Darío Aguilar, que, sin saberlo, lo guiaría por lo que ahora es su gran pasión.
A pesar de que Alejandro molestaba a su maestro durante su primeras clases, Omar vio algo especial en él y lo invitó a formar parte de un taller. Una invitación los sábados a las siete de la mañana que no era tan opcional. O iba o lo reprobaba. Alex aceptó más por su mamá que por él, ya que no deseaba hacerla sentir mal si llegaba con malas calificaciones.
Durante un ejercicio en el taller lo pusieron a hablar con un espejo, que simulara que era alguien más. Llorar no era el objetivo, pero se metió tanto en el papel que soltó todo lo que traía atorado. Por fin, después de mucho tiempo, se sintió descansado y feliz.
La primera obra en la que participó como actor fue la pastorela ‘Cuando veas la cola de tu vecino arrancar’, de Tomás Urtusástegui. Gracias a ella se dio cuenta que quería vivir de esto y jugar en el teatro. Fue, sin duda, un gran inicio, pues en el Festival Hispanoamericano de Pastorelas estuvo nominado a mejor actor.
Alejandro continuó con sus estudios y a los cinco años regresó con su gran maestro y montaron la obra ‘Entre Poe y un cadáver’, de Luis Ayhllón, con la que ganó la mención de actuación del Festival Internacional de teatro universitario de la UNAM.
Alex tenía la idea de cambiar al mundo, como cualquier joven. Pero él cambió su vida cuando, desafortunadamente, murió su hermano. Ahora sería director para ayudar a los demás a superar sus propios demonios.

Cambiar al mundo, como él lo entiende, se puede ayudando a los adolescentes.
Los adolescentes son, por lo general, menospreciados, los tenemos muy apartados y no los estamos aprovechando. Es necesario ayudarlos para lograr que haya cambios”
Como director y docente, por su puesto que en sus talleres se enfoca en que salgan bien las obras que montan, pero lo importante para Alejandro de la Cruz es, más que formar actores, desarrollar seres humanos.
Usa el juego para darles herramientas que les permitan lidiar con prejuicios, con el estigma de que ‘no pueden’ o ‘no soy lo suficientemente bueno’. Con el teatro los apoya mentalmente, les brinda confianza y les enseña que no tiene nada de malo no sentirse bien, que hay días buenos y malos, que tratar la salud mental es necesario y no debe ser un estigma.

Les ayuda a formar un carácter fuerte que los haga menos agresivos, que les motive a ayudar a los demás. Busca crear gente más empática que sepa utilizar todos sus sentidos.
Sus alumnos saben que no harán una representación de obras que han roto taquillas a nivel mundial como lo podrían ser ‘El fantasma de la ópera’ o ‘Chicago’, sino un representación donde el público pueda interactuar.
Esta idea de que los asistentes a la obra participen con los actores y salgan confrontados, nació durante una puesta en escena de ‘Un enemigo del pueblo’, de Henry Ibsen, que vio en Alemania, pues en la adaptación del director, el personaje principal permite al público participar, decirle lo que quiera y salir confrontados.
Además de los montajes que ha hecho con otro director y amigo llamado David Zambrano, quien es muy lúdico y busca mucho los juegos. Y ello se refleja en su taller ‘Sirio’ –que imparte actualmente-, el cual está conformado por adolescentes.
¿Qué lo inspira?
Su mayor inspiración son sus propios alumnos. Ver la manera en cómo transforman sus miedos para salir adelante es lo que más lo motiva. Alex concuerda con el director Thomas Ostermeier, que no cree que el teatro pueda cambiar el mundo, pues más bien invita a reflexionar y dependerá de cada persona lo que se lleven de reflexión.
Sus grandes anhelos son algún día llegar al Festival de Aviñón y a un Cervantino con una compañía conformada por adolescentes.
No le gusta tanto escribir, prefiere las adaptaciones. Entre sus metas está montar una representación de ‘Un enemigo del pueblo’, ‘Las brujas de Salem’ (Arthur Miller). Aunque sería solo tomarlas como pretexto para que el público dialogue.
¿Qué obras lo marcaron?
Alex nos platicó sobre las obras más importantes para él y que recomienda a todas las personas:
- Fuenteovejuna, de Lope de Vega
- El área de los sometidos, de Luis Spota
- Idiotas contemplando la nieve, de Alejandro Ricaño
- Entre Poe y un cadáver, de Luis Ayhllón
- Un enemigo del pueblo, de Henry Ibsen
- Las brujas de Salem, de Arthur Miller
- Roberto Zucco, de Bernard-Marie Koltès
- Insultos al público, de Peter Handke
Finalmente, Alex, como docente en primaria y secundara, pide que no se le vea al teatro como una materia de relleno, sino como una herramienta para desarrollar la parte humana de los alumnos.
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