Equus, pasión y obsesión por los caballos

José María de Tavira interpreta al psiquiatra y Emilio Schoning a su paciente, un joven que siente una pasión sexual y religiosa por los equinos. Ambos protagonizan la nueva versión de esta controvertida obra que se estrena el 8 de agosto en el Teatro Milán

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Escena del montaje Equus

Un joven adolescente ciega violentamente a seis caballos después de desarrollar una fascinación religiosa y sexual por su imagen. Un psiquiatra busca entender sus razones y, al hacerlo, termina cuestionándose a sí mismo y su profesión. Así comienza Equus, la obra del dramaturgo británico Peter Shaffer (1926-2016), que se estrenará el 8 de agosto en la Ciudad de México en el Teatro Milán.

El joven actor Emilio Schoning interpretará a Alan Strang, el paciente, y José María de Tavira será Martin Dysart, el psiquiatra. Ambos serán dirigidos por Miguel Septién, quien también se encargó de la traducción y el diseño de movimiento. Se espera una producción que priorice la actuación, como es costumbre en las producciones de Ícaro Teatro, que en este proyecto se asocia con Cuarta Pared.

Desde su estreno en 1973, Equus ha generado controversia no sólo por abordar la salud mental y emocional, sino también por el desnudo en escena del personaje de Alan. La obra ha sido interpretada por actores de renombre mundial, como Daniel Radcliffe en 2007 (el protagonista de la saga de Harry Potter) y Jaime Garza en 1983 en México. En este montaje, será el turno de Emilio Schoning de dar vida a este enigmático personaje.

En entrevista con Excélsior, Schoning compartió sus impresiones: “Parto, sobre todo, del análisis y la comprensión del texto dramático, que es de una calidad y coherencia magistrales, a la cual no me había enfrentado. Es un personaje que se adentra en los rincones poco explorados de la psique y en un mundo de completa libertad, sin etiquetas ni categorías. Me he centrado mucho en el poder y la magnitud de las imágenes, que son altamente provocadoras y muy poderosas, de este dios-caballo y todas sus implicaciones”.

El actor considera la obra una crítica a la modernidad: “En su momento, se anclaba mucho a la época en la que se escribió, en 1973, donde el padre del protagonista tiene una fuerte aversión hacia la televisión. Alan trabaja toda la semana en una tienda de electrodomésticos, lo que lo lleva a una vida un tanto alienante. Por eso, sus visitas a los establos los fines de semana representan una gran puerta y ventana a otra cosa que podría ser la vida.

Me parece que en esta época altamente tecnológica y digital, a veces alienante e incluso un poco deshumanizante, esta obra regresa a lo carnal, a lo presente y a esas experiencias que no podemos sustituir con lo técnico. Cosas que tenemos que tocar, ver, admirar y observar con toda nuestra presencia corporal”, explicó Schoning.

Schoning destacó que Miguel Septién apuesta por los actores como la herramienta y materia principal del montaje: “Es una obra que no contará con tantos elementos escenográficos. Se narra más a través de la luz, pero, sobre todo, a través de los cuerpos de los actores, de su capacidad vocal y de su expresión corporal y de movimiento sobre la escena. Los espectadores pueden esperar un arrojo total y un riesgo”, afirmó.

Acerca del desnudo en escena, Schoning compartió sus reflexiones: “Creo que el texto lo requiere, y para mí, el desnudo está completamente justificado dramáticamente. Es importante mencionar que es una obra apta para mayores de 18 años. Creo que es un momento de entrega, tanto a nivel individual como colectivo, con el equipo y con el público. Es un momento que el personaje requiere y que lleva consigo también una liberación.

Lo he platicado con el director y estamos seguros de que es necesario para contar la historia. Creo que impulsa mucho ese momento en particular y espero que sea un acto de complicidad, de entrega y compromiso con este material que es magnífico.

Aunque hay una parte de nerviosismo, me gana muchísimo la pasión que tengo por encarnar a este personaje. Espero no me dé tanta pena y nervios en la función, porque creo que una vez dentro de ese canal comunicativo y de expresión, se va hacia un camino de libertad y entrega, más que de represión y miedo”, enfatizó.

Para Schoning, los caballos simbolizan la libertad. “En la mente de Alan, muchas dimensiones colisionan. Por un lado, tiene una madre extremadamente religiosa que le leía la Biblia desde que era niño, pero también le contaba una historia sobre un príncipe, un caballo que nadie podía montar, excepto él. Además, veía westerns en casa de un vecino, un poco a escondidas de su padre. El mundo religioso y espiritual empieza a colisionar con el trato erótico y sexual que se ancla a la figura del caballo y que se cristaliza en el dios-caballo”, precisó.

¿Quién está loco y quién no?

José María de Tavira interpreta al psiquiatra Martin Dysart. “Nos aproximamos a un texto que es un clásico moderno, lo que significa que está vigente. La forma de la obra es absolutamente ágil y contemporánea, incluso más que la mayoría de los textos actuales.

Para esta puesta, decidimos experimentar qué sucede si la diferencia de edades [entre los personajes] es menor a la que siempre se ha escogido. Me parece que la edad seguiría siendo la misma que en el planteamiento original de la obra en los años 70, pero definitivamente los señores de 40 años de mi generación somos mucho más juveniles que los señores de 40 años en los 70”, comentó de Tavira.

Para el actor, hijo de Rosa María Bianchi y Luis Fernando de Tavira Noriega, hay muchos conflictos por explorar en este personaje, que aún tiene la oportunidad de cambiar el rumbo de su vida.

El autor plantea una pregunta acerca de cuán hegemónica, digamos, es la psiquiatría; el análisis clínico de la locura y la definición de quién está loco y quién no. Me parece muy atractivo que él es muy hábil y reconocido en su trabajo y empieza a vislumbrar la posibilidad de abordar su propia profesión desde otro ángulo o incluso de reescribir todo el código de valores en el cual ha sido formado y educado, no solo como médico psiquiatra, sino también como persona.

Algo maravilloso de la obra de Peter Shaffer es que la tesis se basa en la incógnita, en el no saber y en el misterio. Nos confronta a estar dispuestos a habitar la duda y el misterio en todos los sentidos. Quizás en ese lugar incómodo se encuentra el lado más interesante de nuestra existencia. El misterio es reprimido por la sociedad y cuando cualquier cosa se reprime, el resultado normalmente es violento y trágico”, reflexionó el actor de series como 90 minutos, Valiendo madres y Familia de medianoche.

José María adelantó que este montaje exige sencillez, pero también mucho poder, claroscuros, pasión y sudor: “Lo tiene implícito el texto y no puede ser abordado de otra forma”.

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