Con la proliferación del corrido tumbado no se muestra la violencia detrás del narcotráfico y dinero fácil: especialista
Un catedrático de la UNAM dice a Excélsior lo complejo que resulta el fenómeno de la narcocultura que representa el cantante Peso Pluma

A la una de la mañana, en una taquería de Ecatepec, que podía ser cualquiera en México, hay una pantalla, y en la pantalla dos jóvenes abrazados, uno sacando la lengua y otro con lentes oscuros estrafalarios: son Peso Pluma y Anuel; debajo de ellos un letrero: Corridos mix 2023 para pistear. En el ambiente se escucha a volumen impertinente: “Y bien forrados los paquetes van. No hay pendiente, no puedo fallar. Siempre estoy listo para cruzar. Polvo, ruedas y también cristal”.
Los corridos tumbados han estado presentes en México desde siempre, tienen su antecedente en los corridos de la Revolución; entonces no es que la gente de repente haya descubierto lo belicoso, el corrido tumbado, sino que más bien se puso en marcha una maquinaria de marketing, de promoción, de medios de comunicación cuyo producto es Peso Pluma, dice para Excélsior Rubén Darío Vázquez Romero, columnista de Forbes.
Peso Pluma se llama Hassan Emilio Kabande Laija, es de origen libanés; al respecto, nos comenta el también profesor de la UNAM y la Universidad Iberoamericana, este cantante es un poco como el pozole enlatado o los tamales de supermercado: son artificiales, así no se comen. El especialista no habla de talento u otros atributos, pero sí de que es curioso cómo “un chico que de la nada comienza a cantar sus corridos se vuelva el centro de atención internacional”.
El chavo no viene de las clases marginales, él no es regional mexicano, viene de familias extranjeras, que además representan un poder económico muy fuerte en México y, aparte, está asociado a la cultura del narcotráfico, la cual ha hecho mucho daño en México. La música jamás es la culpable de nada, es una tontería prohibir los corridos tumbados, eso no va a disminuir la violencia, pero hay que tener cuidado, porque sería demasiado inocente pensar que la música no es un vehículo para normalizar algunas cosas”.
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LAS PREGUNTAS SOBRE PESO PLUMA
Vázquez Romero cuestiona: “¿De dónde salió la lana para encumbrar a Peso Pluma?, ¿quién lo convirtió en un fenómeno? Él se la pasa cantando sobre violencia, drogas, cosificación de mujeres, pero quién está invirtiendo en esos mensajes, entonces la música no es culpable, pero tampoco es inocente; la clave es decirle a los niños y niñas: ‘oye, lo que estás oyendo es una fantasía, la vida no es así, está buena para bailar, pero hasta ahí’, porque los corridos tumbados son tan peligrosos como las historias de princesas, construyen una narrativa exageradamente romántica de la violencia, del amor, que generan en los niños una perspectiva errónea sobre la realidad que luego les costará mucho trabajo revertir”.
Uno de los encargados de la taquería canta a dúo con Peso Pluma, y lo hace con ganas: “No paran de llegar. Billetes vienen y billetes van. Pisando los Jordan. Yo ando listo, ustedes digan qué plan”. En paralelo, las redes sociales viralizan a una maestra de kínder que se alarma cuando sus pequeños alumnos piden que les ponga Ella baila sola. “Hay canciones que no son para niños. Ésa no es una canción correcta porque no dice nada como las que cantamos aquí en la escuela”, les dice la profesora.
Lo que el corrido tumbado no muestra son las ejecuciones, los cuerpos colgados de un puente, los cadáveres degollados que hay detrás del dinero fácil, las drogas y los enfrentamientos armados de los cuales esta música hace apología. “Así como le decimos a las niñas que no existe el príncipe azul, habría que decirles a los adolescentes que no existe el narcotraficante azul”, dice Vázquez Romero.

Se trata, añade el especialista en teorías de la comunicación, de una fantasía que tiene límites, es parte de un gusto estético; “el problema es que cuando inyectas a personas que no tienen los elementos cognitivos, vivenciales, sociales suficientes para entender que se trata de una fantasía, entonces ésta se normaliza, y hablamos de niños y adolescentes bombardeados de esos mensajes y cuyas opciones para reflejarse en el mundo están muy limitadas, por eso resulta complejo el fenómeno de la narcocultura que representa Peso Pluma”.
UN ESTILO
Para Jonathan Juárez, candidato a doctor en filosofía con estudios en psicología y secretario técnico de la licenciatura en Sociología de la FES Aragón, Peso Pluma generó una enorme apertura de la música latina a otras latitudes, como Estados Unidos, debido a que mezcla el sonido de los corridos con ritmos como el rap. “Capitaliza muy bien los mercados latinos, ha tenido gran ojo para hacer colaboraciones importantes, como con Bad Bunny o Becky G”.
Sin embargo, en cuanto al contenido de su música, Juárez coincide en que Peso Pluma “es un catalizador de una problemática en América Latina, como el narcotráfico, y le da una resolución pop. La voz tan poco deseable, la de cualquier mexicano, hace muy accesible un mensaje que pasa en la cotidianidad; refleja a un México que sigue teniendo estas problemáticas, y vemos entonces que en estos tiempos el capitalismo contemporáneo está dispuesto a vender lo que sea con tal de vender”, cuestión por la que, incluso, el ayuntamiento de Benito Juárez, en Quintana Roo, prohibió las presentaciones del llamado Doble P, pues, según las autoridades, les parece un contrasentido el que se exponga su música cuando el municipio adolece a diario la violencia causada por el crimen organizado.
Pero habría que detenerse en un punto: “la voz tan poco deseable”, tiempos en los que cualquiera, incluso sin formación o atributos, puede hacer música, y con su música, fama y fortuna. “Es que en estos tiempos ya existe una urgencia por pasar al estrellato, ya no quiero educarme de cantante de barítono. El advenedizo, el que se salta las trabas institucionales, es parte de la narrativa contemporánea; en América Latina las aspiraciones de los jóvenes ya es ser youtuber, ser influencer, gente que puede no conocer demasiado de ciencia, pero son excelentes divulgadores; recuerdo cuando MySpace se encontró a los Arctic Monkeys fue un fenómeno sorprendente y hoy en día cualquiera puede ser los Arctic Monkeys, creo que estamos cumpliendo a cabalidad el apotegma de Andy Warhol, cualquiera puede tener sus 15 minutos de fama y ser advenedizo es la mejor manera de hacerlo”.

Hasta el corte de cabello, ya copiado por montones de adolescentes, tiene su fondo. El estilo mullet, explica Rubén Darío Vázquez, está asociado a la clase trabajadora; se cree que nació en Asia por pescadores o recolectores de arroz, que se dejaban el cabello largo de atrás para proteger su cuello del sol; en los 80 se retoma como parte de la cultura punk precisamente por ser característico de la clase campesina. “El hecho entonces de que Peso Pluma traiga un mullet es una narrativa, no es real, es una especie de cuento de hadas para las generaciones contemporáneas; siempre han existido, estilo La Cenicienta, estilo Pigmalión, alguien que viene de la clase baja y se forja hacia arriba; Peso Pluma pertenece a eso, a una narrativa que nos dice que la clase trabajadora, campesina, marginal puede llegar muy lejos si se lo propone... y eso no es verdad”.
En la taquería, el compa sigue cantando mientras se pasea revisando que todos los clientes estén bien atendidos. Un comensal le pregunta: “Sí te late chido el Peso Pluma, ¿verdad?”. “Pues canta chingón, pero, más que sus letras, me gusta su ritmo, porque todos los corridos dicen lo mismo, pero el ese... el ese con el que tocan... el trombón, eso se escucha a toda madre”.
cva