Carminho: el fado como herencia, refugio y desafío al amor que se asume como destino

La cantante y compositora portuguesa dijo en entrevista con Excélsior que “se muere mucho de amor en el fado” y habló de su reciente álbum ‘Eu Vou Morrer de Amor ou Resistir’ y de su presentación en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris

thumb
Carminho contó que conoció a Amália Rodrigues, la Reina del Fado, además de que sus papás convivieron mucho con ella. Foto: cortesía de la artista

Carminho nació con el fado como lengua de origen.

En la barriga de su madre, la también fadista Teresa Siqueira, creció entre guitarras y voces en la casa de fados de sus padres, la  Taverna do Embuçado, en Lisboa, donde pudo hablar de sus inquietudes y pasiones; encontró catarsis, sacralización de la memoria y, parte de lo más importante, la resistencia a morir de amor. Por supuesto, no olvidó sus raíces.

Todos cantamos en casa, menos mi padre, que es ingeniero, pero es amante del fado. Sabe escuchar y siempre decía eso para ser parte de la familia. Él hizo una cosa muy bonita: se despidió de su empleo cuando tenía 11 o 12 años, porque nos mudamos a Lisboa para que mi madre cumpliera su sueño de tener una casa de fados”, reveló.

En su nuevo disco, Eu Vou Morrer de Amor ou Resistir, ya disponible en streaming, hay 11 piezas que trascienden más allá de los límites que podrían imponer al movimiento lusitano que navega por la nostalgia y el fatalismo para hablar básicamente de la vida.

Así lo mencionó Carminho en entrevista con Excélsior.

Me encantan las fronteras musicales que el fado tiene, porque me dan orientaciones creativas. Voy subvirtiendo y quebrando esos límites para los discos que hago. Trabajo las mismas realidades y matices; la poesía cantada, los fados antiguos y tradicionales, pero también traemos nueva semántica y temáticas”, compartió, en español, la lusitana de 41 años.

Carminho ha permitido que el fado encuentre un nuevo camino en el espectro popular, por ejemplo, en 2017 grabó una colaboración con Pablo Alborán, antes participó en un filme de Carlos Saura, Fados, y próximamente se podrá escuchar la canción que grabó con Rosalía para el disco Lux, que sale el viernes en plataformas digitales.

Básicamente, la portuguesa comenzó con ese camino de mostrar que la música tradicional, en las manos creativas de cada artista, tiene el poder de transformarse para trascender en distintas generaciones y adentrarse a diferentes culturas.

Lo hago pensando muchísimo en tener los poros abiertos para la contaminación. Yo quiero ser contaminada por los artistas y quiero estar con ellos por ser tan sabios, por su arte y humanidad. Aprendí todo eso con Caetano Veloso y otros, el arte de la generosidad y compartir”, aceptó.

Específicamente de su nuevo álbum compartió que Laurie Anderson, quien fue esposa de Lou Reed, se convirtió en una mujer que le inspiró a tomar su propio camino y así fue como colaboraron en Saber. Y con Rosalía también.

Es increíble y ella está, también, saliendo de su propio confort. Es inquieta y me identifico con ella. Tenemos en común que trabajamos con nuestra cultura madre, flamenco y fado, pero siendo siempre propias”, dijo.

Escribir un fado también es un proceso catártico. Al tener en cuenta los ejes melancólicos y fatalistas, Carminho logra crear un lenguaje universal que hace que todos entiendan su objetivo pese a no compartir el mismo idioma.

Se muere mucho de amor en el fado. Siempre se habla, como en la música ranchera mexicana, del amor fatalista. Es muy común, mientras que la idea de resistir a no morir también me interesa, es decir, es imposible no morir de amor, pero, a veces, es importante cantar la posibilidad de no hacerlo.

Como mujer en el fado, productora, compositora e intérprete, haciendo este movimiento de cuál es el papel de la mujer en la música y el fado, uno de los pasos es no admitir que se muere siempre. A veces no sucede”, expresó.

La cantante compartió que sí se valora mucho el origen del género. Se pondera su supervivencia en Portugal. Sin embargo, su intención jamás fue arraigarse a su propia tierra, sino llevarlo a terrenos como Brasil y México, donde las sociedades son completamente distintas a los sentimientos que se evocan en el fado.

Son más alegres y nuestra música parece ser más nostálgica”, apuntó. “(Afortunadamente) hablamos de los mismos temas, sólo que creo que ustedes cantan la tristeza en Do Mayor y los portugueses en Do Menor. Pero en todo hay belleza. Creo que los portugueses no tenemos miedo de la tristeza, de encararla y volver a su memoria de las cosas que pasaron, un poco pensando en que pasó algo malo, pero afortunadamente seguimos vivos”, opinó.

De esta forma es como Carminho llegó a la reflexión sobre cómo un género musical tiene el poder de sacralizar la memoria.

CRUZANDO EL ATLÁNTICO

La plática con ella vino a propósito de la presentación que dará hoy en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris como parte del Festival Internacional de Fado, un show que también conmemora el centenario del guitarrista Carlos Paredes.

La autora de Balada do país que dói y Saber reconoció que se ve inspirada por otros artistas y los viajes por el mundo. Recordó que una de sus mejores experiencias fue haber salido durante un año a recorrer el globo, donde terminó haciendo voluntariado en la India.

Para mí, lo más shockeante fue entender que no todo es igual a Portugal. Tenemos particularidades culturales, hábitos, sensibilidades distintas y terminó siendo una revolución dentro de mí el conocer a los otros, dejarlos ser como lo son y yo mantener mi ser.

Descubrí que el amor es transversal, que sí hay distintas formas, pero el amor es una transversalidad, lo mismo la empatía. La música llega a todos los rincones por ser un lenguaje de empatía y amor, pese a que no entiendan lo que estoy diciendo”, explicó.

Hoy Carminho dará un show repleto de nuevas canciones, algunas pasadas y, quizás, una sorpresa en español. Habrá que averiguarlo.

cva