Carlos Saura, con cariño por México
El director español monta en Jalisco, con actores nacionales, su versión libre de la obra El gran teatro del mundo. En 2019 filmó en tierras tapatías el musical para cine El rey de todo el mundo

ZAPOPAN, Jalisco.
El multipremiado cineasta español Carlos Saura está de vuelta en tierras tapatías, pero en esta ocasión para mostrar su faceta como director teatral al representar su versión libre de la obra de Pedro Calderón de la Barca, El gran teatro del mundo, con actores mexicanos como Carlos Aragón, Jesús Hernández, Alejandro Calva, Emma Dib, Denisse Corona, Eduardo Villalpando, Said Sandoval, María Balam, Marco Antonio Orozco, Agni González, Carolina Ramos y Erandi Rojas.
El montaje será representado en el Centro Santander de Artes Escénicas, Sala 3, en Zapopan, en una función única el 22 de febrero y llegará en corta temporada al Teatro Helénico en la Ciudad de México, del 9 al 24 de marzo, los lunes y martes.
“Hice esta obra hace siete años en Madrid. El hecho de volverla a hacer aquí ha sido como volver a nacer en el teatro, porque era la primera vez que hacía una obra en solitario en el teatro. Antes había hecho musicales en películas, pero no una obra con un texto que no he escrito yo. En este momento pido perdón a Calderón de la Barca, me puede lanzar un rayo, porque es una de las versiones más libres, más fuera de texto de El gran teatro del mundo. Estoy muy bien protegido, por actores estupendos.
“Es una obra apasionante. Le he quitado un poco la parte religiosa y enfatizo la invención de Calderón de la Barca de que haya un autor soberano que está creando un teatro en el que a ciertos personajes se les da determinados papeles. Lo curioso es que muchos de ellos protestan por el papel que les toca.
“La tesis de la obra es muy discutible pues cada uno de los actores recibirá al final un premio o castigo, según interpreten su papel. En este sentido quise darle una dimensión más humana en el que todos somos parte de este teatro del mundo y que somos no sólo una persona si no varias personas”, destacó Carlos Saura, de 88 años.
El director reiteró que le fascina el tema de intercambio de personalidades y que ello se aborda en el mundo de Calderón de la Barca, quien en esta obra es parte de los personajes, haciendo teatro dentro del teatro. Además enfatizó en que no le gusta el teatro costumbrista sino minimalista, con un mínimo de escenografía.
“En un momento determinado de la obra, los actores desaparecen y aparecen en forma de esqueletos, así le hago un homenaje a México. Todos son castigados y hay una fascinación de que los actores protesten, pues no quieren ser lo que el director les ordena.
“Tengo una fascinación por México. Las cosas como son, aquí encontramos ayuda importante en todos los sentidos para filmar la película de El rey de todo el mundo. La cultura es la base de todos los pueblos y naciones, hay que fomentarla. Luego, hacer teatro es lo más cómodo del mundo, es confortable”, relató el director, quien dirigió antes obras como El coronel no tiene quien le escriba y La fiesta del chivo.
Aunque el cineasta ha logrado en más de 50 títulos en cine un concepto visual muy teatral, enmarcado en muchos casos en la ópera, observa las tres plataformas muy diferentes.
“Son muy atractivos los tres. Me acerco a la ópera igual que al teatro. Poco a poco se le va tomando gusto al trabajo. La ópera es muy minuciosa, donde mandan el director de orquesta y los cantantes.
“Hay una cosa que he aprendido del teatro, que es un juego, en donde todo puede pasar, todo puede ser simultáneo, es muy bonito, y los actores hacen la obra siempre. En cine hay que tener más cuidado al hacerlo”, dijo.
SU RECIENTE FILME
Carlos Saura, quien filmó en Guadalajara en 2019 la película El rey de todo el mundo, que es una carta musical a México al reunir sus sonidos y colorido, trabajó junto a los mexicanos Carlos Rivera, en lo musical, Ana de la Reguera, en lo actoral, e Isaac Hernández en lo dancístico, quien ha sido reconocido internacionalmente con el máximo galardón de su disciplina, el Benois de la Danse, que otorga la Asociación Internacional de la Danza de Moscú al mejor bailarín del mundo, y primer bailarín del English National Ballet.
“Cada país tiene su impronta cultural fuertísima y México es un país clara y visualmente muy fuerte. Siempre lo ha sido.
“Ana de la Reguera es una actriz maravillosa. Cuando vean la película verán qué bien está y qué bien lo hace todo. Bailará un momentito, porque está rodeada de profesionales que bailan como Isaac, que es un portento, una maravilla, estupendo”, señaló.
El director de películas como Carmen y Tango detalló que una de las limitaciones del filme es el uso de muchas de las canciones que le hubiera gustado tener, debido al costo de los derechos. Sin embargo, la propuesta visual, que enmarca el colorido mexicano, está presente. De la trama, prefirió no revelar nada.
“Conozco la música mexicana desde que era muy joven, porque en España hubo una época en que la música mexicana estaba por todos lados; Jorge Negrete, Pedro Infante, Los Panchos, una cultura de la que estábamos muy influenciados. Jorge Negrete era un ídolo que no te puedes imaginar, mucho más que (Francisco) Franco.
“Hice una película llamada Antonieta (1982), de Rivas Mercado, que fue una de las primeras feministas mexicanas, amante de José Vasconcelos, que vivió gran parte de la Revolución. Ahí me informé de las rancheras y los corridos mexicanos, estuve muy al tanto. Luego, soy muy amigo de Carlos Rivera, lo quiero mucho y trabajó en la película El rey de todo el mundo. Gran parte de la música la ha hecho él, que es entrañable, estupendo; es mi amigo”, destacó Saura.
El director señaló que los políticos, en general, se interesan poco por la cultura, lo que es lamentable.
“Se debe cuidar el teatro, el cine, los pintores, como eso que ha hecho Francia, porque mi hermano era pintor (Antonio Saura) e inmediatamente que llegó le dieron una beca y un piso. Son países ricos, también. Aquí hay una riqueza enorme que hay que repartir.
“Con Lázaro Cárdenas vino todo el exilio español, fue una maravilla, gracias a eso no sólo vivieron los españoles, sino que ayudaron a completar la cultura mexicana. Fue un presidente generoso y preocupado por la cultura, que les dijo a los intelectuales españoles que vinieran a México”, afirmó.
El dato
Prolífico
La madriguera, Cría cuervos, Elisa vida mía, Los ojos vendados, Carmen, La caza y Peppermint frappé son algunos de los 50 títulos en cine que tiene Carlos Saura, quien también es experto en fotografía. “Es lo único que domino”, confiesa.
Con otros proyectos
Acerca de la película del proceso creativo del pintor Picasso al pintar el Garnica, en plena Guerra Civil en la década de 1930, Carlos Saura señaló que está haciendo una nueva versión del guion, en la que Antonio Banderas no está considerado, pues no lograron cuadrar agendas.
“Ya no va él, estoy escribiendo otra versión totalmente diferente, porque ya me cansé de esa, son seis años y di carpetazo, llevo años con ella y me aburre. Ahora se llamará Yo soy Picasso.
“Además tengo la posibilidad de hacer un guion de Felipe II, rey de España que me interesa muchísimo. Hay varios proyectos por hacerse. Me llamaron unos ingleses que tenían material de Bach, de quien he estudiado mucho, y dije que sí. En cine hay que tener siete u ocho proyectos y así sale uno o ninguno”, concluyó.
RECUERDOS DE LUIS BUÑUEL
Carlos Saura recordó con cariño su amistad con el director de cine español Luis Buñuel, quien lo consideraba como su hijo.
“Desde el año 60 que conseguimos ir al Festival de Cannes en donde yo llevaba una película y él también, quería conocerlo. Conseguí que viera mi película y se gestó una amistad.
“Lo convencimos de que viniera a España con Viridiana y tenía miedo porque creía que habría represalias políticas, pero no había.
“Fue una amistad muy profunda, siempre que venía a España me llamaba, hemos comido, cenado y nos hemos emborrachado juntos”, recordó.
“Para mí era como alguien de la familia. La última vez que lo vi fue cuando hice Antonieta y pocos meses después murió. Tuvimos una relación muy cordial. Creo que él pensaba que yo era como uno de sus hijos, él tenía dos”, rememoró.
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