Retrato hablado: Dámaso Pérez Prado; mambo, un placer sencillo
A 25 años de su fallecimiento, el músico y cantante Dámaso Pérez Prado continúa presente gracias al género que ayudó a difundir y volver popular

CIUDAD DE MÉXICO, 14 de septiembre.- Una palabra y un ritmo que no inventó, pero que le dio identidad y que la dio a conocer en todo el mundo. “El mambo, decía el oriundo de Matanzas, Cuba, no quiere decir musicalmente nada, es tan sólo una palabra cubana que usa la gente para decir cómo está la situación”, se sinceraba aquel hombre bajo de estatura, Cara de foca, sobrenombre que sólo a sus verdaderos amigos les permitía decírselo frente a frente.
José Dámaso Pérez Prado (1916-1989), El rey del mambo, fue pianista antes que todo; integró la Sonora Matancera y la Orquesta Casino de la Playa, y fue un compositor, arreglista y director de orquesta tan prolífico que llegó un momento en que optó por ponerle un número a sus creaciones (El mambo 5, El mambo 8, etcétera). Si el mambo ya existía desde los años 30 con exponentes como Arsenio Rodríguez y Cachao, este ritmo no puede entenderse ni valorarse sin la aportación de este cubano universal que logró hacerlo más musical, con más pulso que la rumba y que lo aderezó de ruidos y gritos guturales.
En conversaciones con el crítico Ralph J. Gleason, Pérez Prado sostenía que “el mambo es un ritmo afrocubano con toques de swing estadunidense. El mambo es un movimiento de retorno a la naturaleza, a través de ritmos basados en esos gritos y ruidos, y en placeres sencillos”.
Mas la sencillez se convirtió en fervor y, con el tiempo, en mambomanía, desatada hacia finales de los 40 —en noviembre de 1948, el músico llega a México al frente de una orquesta de formato parecido al de las grandes bandas y decide dirigirla con un nuevo concepto: deja a un lado la formalidad de Luis Alcaraz y la solemnidad de Arturo Núñez, para darle paso a las contorsiones, el baila, patadas lanzadas a diestra y siniestra, y, como sello característico, colocar su mano izquierda al lado de la boca cada vez que profería un grito corto y gutural—.
Si bien en México, antes del mambo los ritmos preferidos eran el danzón, la rumba, el son y el bolero, su irrupción fue arrolladora y sorpresiva. La Ciudad de México vivió, de manera paralela, aires de modernidad que el mambo desató con frenesí. “Escándalo bailable y sensual”, decían los tradicionalistas acerca de este ritmo que inundaba salones, cabarets, restaurantes, teatros… y que contó con el mejor aliado para Pérez Prado: el cine.
Mientras que los periodistas denominaban al músico con el apelativo de Prez, el auge creativo de Dámaso tenía su clímax: en diciembre de 1949 editó un sencillo imbatible. Por el lado A del acetato contenía Qué rico el mambo (también conocido como Mambo Jambo) y por el B, Mambo #5, a los que siguieron temas como Patricia, Mambo #8, y La niña popoff, entre otros.
No había fiesta o celebración en que no se tocaran y se bailaran composiciones del entonces bautizado Rey del mambo. Y por si algo le faltara, el cine se convirtió en su principal plataforma para que musicalizara medio centenar de películas en tiempo récord: ¡cuatro años! Sus mambos aparecen así en producciones como Coqueta, Perdida, Aventurera, Pobre corazón, Víctimas del pecado, Del can can al mambo, y El dengue del amor, entre muchas otras. El frenesí del mambo ocupaba el lugar vacante y desgastado que había dejado la comedia ranchera.
Pérez Prado se sintió en el cine como en su propia casa. Actuó con desparpajo en películas como Locura musical (1958), El dengue del amor (1965) y Manos de seda (1951), y la que se convirtiera en un clásico, Al son del mambo (1950), con las actuaciones de Adalberto Martínez Resortes, Rita Montaner y Las Dolly Sisters, y Víctimas del pecado (1953), con Ninón Sevilla, en uno de los mejores números coreográficos al ritmo de su orquesta. En total, y según datos del sitio imdb.com, Pérez Prado contabilizó 122 películas, con su nombre en los créditos, fuera como actor, músico o creativo de la banda sonora.
En una de sus últimas apariciones en televisión, en el programa Mala noche no, conducido por Verónica Castro, el músico cubano naturalizado mexicano en 1980 confiaba: “nada me hace más feliz que la gente baile y cante mis mambos porque, finalmente, es un placer sencillo”.
Pérez Prado falleció a los 72 años, víctima de un paro cardiaco… El mambo se había quedado sin su rey.
Influyente
- Su música ha sido incluida en películas de cineastas como Clint Eastwood, Alejandro Jodorowsky, Pedro Almodóvar y Federico Fellini, este último en La dolce vita.
- En televisión ha sido incluido en capítulos de Los Simpson y en numerosos comerciales.
- En la literatura diversos autores se han referido a su obra, como Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier y Mario Vargas Llosa.
- En la música, el cantante alemán Lou Bega dio a conocer a las nuevas generaciones el Mambo #5 en una versión pop.
- El músico Benny Moré escribió en el tema Locas por el mambo: “Quién inventó el mambo, que me sofoca/ quien inventó el mambo, que a las mujeres vuelve locas/ ¿Quién inventó esa cosa loca?/ Un chaparrito con cara de foca…”
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