Polanski, contraste de un genio
El cineasta, que hoy cumple 80 años, cuenta con una amplia trayectoria cinematográfica y una vida en la que el éxito y las tragedias se cuentan por igual

CIUDAD DE MÉXICO, 18 de agosto.- Al parecer, con él no hay medias tintas. Algunos lo consideran un genio y otros, un pedófilo. Su vida ha estado plagada de contrastes. Lo mismo lo ha perseguido la desgracia, que la felicidad y el éxito.
Hablar de Roman Polanski es hacerlo de uno de los cineastas más prolíficos y atípicos en la historia del cine, cuyas pasiones son el realismo concreto y la distorsión sicológica, sutil y onírica.
Polanski creó un estilo visual que invita al espectador a pensar más allá de las imágenes y uno de sus sellos característicos son las secuencias visuales contenidas y largas tomas sin cortes, que sin la tecnología actual sólo pueden venir de un talento.
Para el cineasta nacido en París el 18 de agosto de 1933 las casualidades no existen. Todo detalle es cuidadosamente manipulado. Es famoso por ser un controlador en el set y porque sus exigencias rayan en lo absurdo, sin embargo, su perfeccionismo lo ha llevado a la cúspide de la cinematografía.
“Estoy convencido de que la gente piensa que tras mi insistencia para que todo se haga exactamente como yo quiero se oculta una parte de malicia, pero si en realidad existiera esa malicia puedo asegurar que sería un caso clínico de masoquismo, puesto que nadie sufre más que el director en su afán de conseguir lo que desea.
A veces eres consciente de que algo no sale como debería. No sabes exactamente de qué se trata, sólo sabes que a una escena le falta algo, a menudo un pequeño detalle, pero sabes que está mal y que no encajará con el resto de la película”, dice Polanski, quien hoy cumple 80 años.
La curiosidad ávida, la sinceridad descarada y un talento fuera de lo común fueron el punto de partida para su carrera. Con películas como El cuchillo en el agua, Repulsión, Culde- sac, La danza de los vampiros, El bebé de Rosemary, Macbeth, Barrio Chino, El inquilino, Tess y El pianista, entre otras, Roman escribió su nombre con letras doradas en los anales de la cinematografía mundial.
Sólo basta recordar cómo, en el momento en que Harrison Ford anuncia su nombre en la entrega 75 del Oscar, en 2003, el Teatro Kodak estalla en una estruendosa ovación. El mismo Martin Scorsese, a quien le arrebató la estatuilla como Mejor Director, se pone de pie, como lo hace todo el público, incluyendo a Adrien Brody, Jack Nicholson, Meryl Streep y un largo etcétera.
Esa fue una muestra del respeto que Polanski se ha ganado a pulso con obras de arte reconocidas en todas partes, incluyendo a Estados Unidos, país que no ha pisado desde 1978, cuando salió huyendo. Sin su trabajo visionario, la historia del cine no sería la misma. Desde Bonny and Clyde (1967) hasta Pulp Fiction, están influenciadas por Cul-de-sac (1966).
Como guionista, Roman es un purista rígido. Prohibe terminantemente las acotaciones vagas y emotivas”, aseguró en su momento el coguionista de Macbeth, Kenneth Tynan, quien recordaba que Polanski insistía en que se limitaran a incluir en el texto lo que puede verse y oírse.
“Su conocimiento de todas las ramas de la cinematografía es abrumador y enciclopédico. Además de dictar la elección del objetivo y el ángulo de la cámara supervisa el atrezzo, el maquillaje, el vestuario y la iluminación (...) Casi nunca utiliza más de una cámara y prefiere las tomas largas en las que se lo juega todo, puesto que con este método es imposible borrar una parte sin que se perciba. Su compromiso con el empleo de una única cámara implica una repetición múltiple de las tomas”, explicaba Tynan.
Vueltas de tuerca
A Polanski le queda claro que el amor y la vida están gobernados por las pérdidas. Cuando era un niño se trasladó de París a la Cracovia natal de sus padres, donde los perdió debido a la invasión nazi. En su niñez no sólo tuvo que aprender a sobrevivir solo, sino que atestiguó la violencia de la que es capaz el hombre. Años después, en 1969, volvería a ser testigo de ella.
El brutal homicidio de su esposa Sharon Tate, quien estaba embarazada y a punto de dar a luz fue, según escribiría Polanski después, “el único hito en mi vida que realmente me importa”.
El criminal Charles Manson y los integrantes de su pandilla ataron, torturaron, dispararon y masacraron con cuchillos a Tate y otros tres amigos, mientras Polanski filmaba en Londres; aunque tenía planeado volver aquel fin de semana de agosto, no pudo hacerlo por un problema con la visa. Este hecho marcaría su carrera y su vida, tanto así que cinco años después de la muerte, Polanski no podía tener una relación a largo plazo. Las mujeres sólo lo buscaban por su poder en la industria cinematográfica.
Prefería coquetear con chicas adolescentes (entre los 16 y 19 años), aunque sexualmente maduras, cuyos principales atractivos eran la belleza natural y la indiferencia hacia su posición en el mundo del cine, según el libro Roman Polanski, editado por Taschen.
Estas aventuras, que en Europa no tenían ningún eco ni reclamo, en EU lo meterían en problemas. El 10 de marzo de 1977 mantuvo relaciones con Samantha Geimer, una modelo que fotografiaba y que aunque aparentaba 18 años tenía casi 14; posaba desnuda con naturalidad y era hija de una madre “liberal” y un padrastro que aprobaba el desnudo.
Por el acto, Polanski, quien se confesó culpable, pasó 90 días en la cárcel de Chino para realizarse unas pruebas sicológicas a petición del juez Laurence J. Rittenband, quien después, gracias a la enorme cantidad de titulares escandalosos y amarillistas, violó el acuerdo de que el cineasta pasaría sólo ese tiempo preso. Sin antecedentes y por la ausencia de fuerza, la pena de Roman pudo haberse reducido a libertad condicional y a pagar una gran suma como fianza.
Después de 42 días preso, los siquiatras determinaron que era un hombre normal, que no era pedófilo ni obseso sexual. Como en muchas situaciones en su vida, salió avante. Era un hombre adulto que tomó una mala decisión. Pero gracias al revuelo en los medios, el juez deshizo el pacto y pidió a Roman que volviera a la cárcel por un tiempo indefinido, cualquier cosa que eso significara. Luego le ofreció que lo dejaría libre si pasaba 47 días en la cárcel y pedía voluntariamente la deportación. Acto seguido, Polanski salió de EU para no volver.
El libro The Girl: A Life In The Shadow of Roman Polanski, en el que Geimer dará su versión de los hechos saldrá a la venta el 17 de septiembre.
Ese acto ha seguido ha Polanski toda su vida, tanto que en 2009, el 26 de septiembre, cuando Polanski iba a recibir un homenaje en el Festival de Cine de Zúrich fue arrestado al pisar territorio suizo, cumpliendo con una orden de arresto emitida en 1978 por abuso sexual sobre una menor.
En julio de 2010, una juez suiza no admitió la demanda estadunidense de extradición, provocando que el arresto domiciliaro de Polanski terminara.
La vida de Polanski ha dado tantos giros y ha tenido tantas vueltas de tuerca que no sólo gracias a su astucia y pericia lo han sacado a flote.
“Creo que he tenido una vida increíble y que, a pesar de todo, ha merecido la pena vivirla”, ha dicho el cineasta que muchos aman y otros desprecian.
Consentido de festivales
No hay certamen cinematográfico que no se rinda ante los atributos del trabajo del cineasta polaco Roman Polanski. Ha recibido 71 premios y múltiples nominaciones gracias a películas como Cul-desac, Tess, Barrio Chino, Repulsión, El bebé de Rosemary, El pianista, El escritor fantasma, El inquilino, Carnage, Oliver Twist y La novena puerta.
Todo esto no sería posible sin su particular forma de ver la vida: Roman Polanski siempre se prepara para vencer, sobre todo si es en el set cinematográfico.
“Optimismo, confianza en uno mismo (...) a mucha gente le parece arrogante, porque el código de nuestra sociedad requiere humildad (...) pero es básico para alcanzar el éxito, como mínimo para determinados objetivos como el cine o la seducción. Es como una guerra. Cuando atacas tienes que estar convencido de que vas a arrasar la ciudad, convencido de que eres superior al enemigo (...) Por eso, sobre todo cuando ruedo una película, siempre me preparo para la victoria”, asegura el cineasta.
Desde el Festival de Cine de Cannes, la Berlinale, los BAFTA, hasta los Globos de Oro y los Goya, han elegido alguna de sus piezas cinematográficas como de lo mejor.
hch