Maestros y educación: el abismo

La crisis autoinfligida del gobierno por el intento de cambio de calendario escolar sin un sentido claro de siquiera por qué se realizaba, ha exhibido el verdadero problema: la educación pública del país está subordinada a intereses políticos e ideológicos de muy corto plazo, de personajes y grupos cuyo interés no pasa en absoluto por la propia educación.

El deterioro educativo durante el gobierno de López Obrador fue constante, pero, además, consciente. Esta administración no lo ha revertido, se sigue la inercia marcada por la anterior: que las dos únicas noticias destacadas en la educación hayan sido el show de Marx Arriaga tratando de no soltar su puesto en la SEP y el intento de cambiar el calendario escolar sólo es superado por lo fallido de ambas operaciones. Se fue Arriaga, pero dejó su gente, sus libros pedagógicamente intransitables, sus programas y el mismo marco ideológico. Nada —ni el personal— ha cambiado. 

Lo que no está en el debate público es el modelo educativo. En la encuesta publicada ayer por México Elige, cuando se pregunta cuál es el mayor problema del país, sólo 2.4% dice que es la educación. Claro, 37.1% considera como el mal mayor la corrupción y 18.2% la inseguridad (que debería ser evaluada de otra forma, porque 11.3% dice que el problema es la violencia y 8.9%, el narcotráfico: o sea, que 57.3% de la población considera la inseguridad y sus derivados como el mayor problema del país). Pero se olvida que un componente esencial para combatir la corrupción y la inseguridad pasa por la educación: y con los niveles que tiene la misma hoy en nuestro país, esas lacras seguirán creciendo: se alimentan de la ignorancia.

No hay ninguna estrategia educativa seria y de largo plazo. Encontré ayer, revisando mis archivos, algo que escribimos aquí en noviembre de 2007. Decía que “ese camino comienza en la secundaria. En nuestro caso, la secundaria es, hoy, el sector con mayor demanda educativa como consecuencia del crecimiento demográfico, el que registra los más altos índices de deserción y quizás el más desatendido. Pero también es donde mayores cambios pueden realizarse, con o sin el sindicato de maestros… allí hay un espacio, una suerte de zona gris desde donde podrían darse las principales transformaciones…

“El experto de la OCDE Francesc Pedró dice, por ejemplo, que el modelo estadunidense ofrece al estudiante un amplísimo abanico de programas que van desde la peluquería hasta el análisis matemático y todos valen lo mismo para acceder al título. Los que hacen los programas académicos más avanzados son los que luego tienen oportunidad en la universidad... El modelo nórdico y particularmente el de Finlandia (hace 50 años esa nación era una de las más atrasadas de Europa y hoy supera en sus niveles de vida incluso a naciones tan exitosas como Suecia, Noruega y Dinamarca) es el de la atención a la diversidad: el profesor, dice Pedró, no da la clase para la media del grupo, sino que adapta lo que enseña a lo que necesita cada alumno. Es el mejor modelo, dice, pero requiere inversión y formación del profesorado. Finlandia invierte 6.1% de su PIB en educación; nosotros, según datos de 2003, 6.3% (hoy, en 2026, invertimos el 2.9%). 

“Entonces —decíamos entonces, 2007—, no es por falta de recursos, sino por una mala canalización del mismo. Para revolucionar la enseñanza media se requiere inversión y maestros que hoy no están en condiciones de garantizar esos niveles de calidad en ese nivel de educación… ¿qué sucedería si se pudiera revertir el proceso: si se pudiera invertir en la formación de profesores, transformando la carrera magisterial en eso, en una carrera donde los mejores y más dotados ganarán más y pudieran superar metas y avanzar en sus niveles profesionales, con todo lo que ello implica? 

“Se dirá, una vez más, que Finlandia es un país con una población de poco más de cinco millones de habitantes y nosotros tenemos más de cien millones, que son realidades diferentes. Es verdad, sólo en parte: Finlandia siempre fue muy pobre por el clima y por su ubicación geográfica, era el patito feo de Europa y Escandinavia, sufrió guerras, invasiones y muchos migraron, pero rompió los modelos con la educación y, a través de ella, con la innovación tecnológica. De ser un productor de madera pasó a ser un exportador de alta tecnología. Y lo hizo revolucionando la educación media. Ahí está el secreto”.

Han pasado 19 años de aquel texto, se lograron avances con las reformas de Calderón y de Peña Nieto, se comenzaron a mover al alza los índices educativos, a tener una carrera magisterial, a reducir el poder de la CNTE y del SNTE, y a apostar por la calidad. Pero todo se perdió con López Obrador, con la contrarreforma, con un pésimo tratamiento de la pandemia en el sector (dejaron dos años a los niños y jóvenes sin ir a las aulas, con educación a distancia, cuando la mayoría no tiene siquiera acceso a una computadora, unos 5.2 millones no se volvieron a inscribir), con maestros sin evaluación, alumnos sin clases ni exámenes y con libros de texto concebidos para formar militantes, no profesionales. 

Hoy festejemos a esos maestros que todos hemos tenido alguna vez y que nos han transformado la vida. Pero no olvidemos que el sistema está hundido y que sin un cambio radical, profundo, las próximas generaciones, las que ya están entre nosotros, sobre todo los más pobres, estarán destinados al fracaso… o a alimentar la migración y la delincuencia.