Inflación en México: Los datos mejoran, pero el problema persiste
El aumento general de precios en el país dio una buena noticia en la primera quincena de mayo

El Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) registró una variación quincenal de -0.16% y la inflación anual descendió de 4.37 a 4.11 por ciento. A primera vista, el dato parece abrir espacio para un tono más optimista sobre la trayectoria de precios; sin embargo, una lectura cuidadosa sugiere cautela. La inflación bajó, sí, pero no por una relajación amplia de las presiones internas, sino por factores específicos, algunos estacionales y otros asociados a bases de comparación favorables.
El primer elemento clave es que la caída quincenal del INPC respondió en buena medida al inicio de los subsidios de temporada cálida en tarifas eléctricas. Este fenómeno reduce temporalmente el componente de energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, pero no debe confundirse con una desinflación estructural. De hecho, la inflación no subyacente cayó 1.14% quincenal y su tasa anual bajó de 4.76 a 3.73%, impulsada también por una moderación relevante en agropecuarios. La inflación anual de agropecuarios descendió de 7.28 a 4.32%, apoyada por una base de comparación favorable y por bajas quincenales en tomate verde, chiles, pepino y huevo.
El segundo elemento, más importante para evaluar la coyuntura es la inflación subyacente. Este indicador, que excluye los precios más volátiles y refleja mejor la persistencia inflacionaria, apenas se redujo de 4.25 a 4.22% anual. Es cierto que la lectura quincenal de 0.13% fue menor al promedio histórico para una primera quincena de mayo y que las mercancías mostraron un desempeño benigno. Pero los servicios continúan elevados: crecieron 0.17% quincenal y se ubicaron en 4.59% anual, muy por encima de su promedio histórico reportado de 3.6%. Ahí está el núcleo del problema.
La persistencia al alza de los servicios tiene implicaciones macroeconómicas importantes. A diferencia de frutas, verduras o energéticos, cuyos precios pueden corregirse con rapidez por cambios climáticos, subsidios o referencias internacionales, los servicios suelen responder con más lentitud a las condiciones de demanda, salarios, rentas y costos internos. Cuando ese componente permanece alto, la desinflación se vuelve más lenta y menos segura. En ese contexto, el dato favorable de mayo no basta para concluir que la inflación está controlada.
Hacia delante, el panorama combina fuerzas opuestas. Del lado favorable, operan un tipo de cambio apreciado respecto al año pasado, una inflación baja de precios al productor y un crecimiento económico moderado. Estos factores ayudan a contener el traspaso a precios finales y reducen el margen de las empresas para trasladar aumentos de costos. Del lado adverso, persisten riesgos asociados a los aranceles que entraron en vigor al inicio del año, sobre todo en mercancías no alimenticias como vestido, calzado y autos eléctricos. También destacan los costos laborales acumulados, el posible choque de demanda del verano por el mundial de futbol y efectos de segundo orden provenientes de energéticos, fertilizantes y productos agrícolas.
Por eso, la cifra de mayo debe leerse como una pausa favorable, no como una victoria definitiva. La estimación de cierre presentada en el reporte mantiene la inflación general y la subyacente en 4.3% anual para 2026, con riesgos sesgados al alza. Ese pronóstico implica que, aun con el descenso reciente, la inflación seguiría por encima del objetivo puntual de estabilidad de precios y con una composición incómoda: menor presión no subyacente en el corto plazo, pero servicios persistentemente altos.
La consecuencia para México es clara: la política económica debe evitar sobrerreaccionar al dato de una quincena. Para el Banco de México, el reto no consiste sólo en observar si la inflación general baja, sino en verificar si la subyacente, y en especial los servicios, convergen de manera sostenida. Para los hogares, la noticia es mixta: algunos precios volátiles pueden dar alivio temporal, pero los servicios siguen erosionando el poder adquisitivo. Para las empresas, el escenario exige prudencia: la demanda moderada limita la capacidad de trasladar costos.
La inflación mexicana empieza a ceder, pero todavía sobre una base frágil: baja por electricidad, agropecuarios y efectos de comparación, mientras resiste por servicios y costos internos. Por eso, el dato de mayo debe leerse con cautela. El verdadero punto de inflexión llegará sólo cuando los servicios comiencen a moderarse de manera sostenida; hasta entonces, México no estará ante el final del problema inflacionario, sino ante una tregua que aún debe confirmarse.
El primer elemento clave es que la caída quincenal del INPC respondió en buena medida al inicio de los subsidios de temporada cálida en tarifas eléctricas. Este fenómeno reduce temporalmente el componente de energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno, pero no debe confundirse con una desinflación estructural. De hecho, la inflación no subyacente cayó 1.14% quincenal y su tasa anual bajó de 4.76 a 3.73%, impulsada también por una moderación relevante en agropecuarios. La inflación anual de agropecuarios descendió de 7.28 a 4.32%, apoyada por una base de comparación favorable y por bajas quincenales en tomate verde, chiles, pepino y huevo.
El segundo elemento, más importante para evaluar la coyuntura es la inflación subyacente. Este indicador, que excluye los precios más volátiles y refleja mejor la persistencia inflacionaria, apenas se redujo de 4.25 a 4.22% anual. Es cierto que la lectura quincenal de 0.13% fue menor al promedio histórico para una primera quincena de mayo y que las mercancías mostraron un desempeño benigno. Pero los servicios continúan elevados: crecieron 0.17% quincenal y se ubicaron en 4.59% anual, muy por encima de su promedio histórico reportado de 3.6%. Ahí está el núcleo del problema.
La persistencia al alza de los servicios tiene implicaciones macroeconómicas importantes. A diferencia de frutas, verduras o energéticos, cuyos precios pueden corregirse con rapidez por cambios climáticos, subsidios o referencias internacionales, los servicios suelen responder con más lentitud a las condiciones de demanda, salarios, rentas y costos internos. Cuando ese componente permanece alto, la desinflación se vuelve más lenta y menos segura. En ese contexto, el dato favorable de mayo no basta para concluir que la inflación está controlada.
Hacia delante, el panorama combina fuerzas opuestas. Del lado favorable, operan un tipo de cambio apreciado respecto al año pasado, una inflación baja de precios al productor y un crecimiento económico moderado. Estos factores ayudan a contener el traspaso a precios finales y reducen el margen de las empresas para trasladar aumentos de costos. Del lado adverso, persisten riesgos asociados a los aranceles que entraron en vigor al inicio del año, sobre todo en mercancías no alimenticias como vestido, calzado y autos eléctricos. También destacan los costos laborales acumulados, el posible choque de demanda del verano por el mundial de futbol y efectos de segundo orden provenientes de energéticos, fertilizantes y productos agrícolas.
Por eso, la cifra de mayo debe leerse como una pausa favorable, no como una victoria definitiva. La estimación de cierre presentada en el reporte mantiene la inflación general y la subyacente en 4.3% anual para 2026, con riesgos sesgados al alza. Ese pronóstico implica que, aun con el descenso reciente, la inflación seguiría por encima del objetivo puntual de estabilidad de precios y con una composición incómoda: menor presión no subyacente en el corto plazo, pero servicios persistentemente altos.
La consecuencia para México es clara: la política económica debe evitar sobrerreaccionar al dato de una quincena. Para el Banco de México, el reto no consiste sólo en observar si la inflación general baja, sino en verificar si la subyacente, y en especial los servicios, convergen de manera sostenida. Para los hogares, la noticia es mixta: algunos precios volátiles pueden dar alivio temporal, pero los servicios siguen erosionando el poder adquisitivo. Para las empresas, el escenario exige prudencia: la demanda moderada limita la capacidad de trasladar costos.
La inflación mexicana empieza a ceder, pero todavía sobre una base frágil: baja por electricidad, agropecuarios y efectos de comparación, mientras resiste por servicios y costos internos. Por eso, el dato de mayo debe leerse con cautela. El verdadero punto de inflexión llegará sólo cuando los servicios comiencen a moderarse de manera sostenida; hasta entonces, México no estará ante el final del problema inflacionario, sino ante una tregua que aún debe confirmarse.