Sergio Ramírez: renovarse desde el exilio
El escritor nicaragüense, Premio Cervantes 2017, afirma que lo más importante ahora es la experimentación literaria

GUADALAJARA.- “Me preocupa la escritura, la literatura. No me siento obligado a seguir con la serie del inspector Morales o a evocar la historia de Nicaragua desde la ficción. Lo importante para mí es la experimentación; no perder la curiosidad, estar abierto a la renovación”, afirma tajante el escritor nicaragüense Sergio Ramírez (1942).
A sus 80 años, el Premio Cervantes 2017, quien vive exiliado en España desde mayo de 2021 debido a las amenazas del gobierno de su país, del cual fue vicepresidente de 1985 a 1990, confiesa que se siente “muy afirmado” en su carrera literaria.
Estoy cada vez más identificado con mi oficio. No voy a dejar de hablar de Nicaragua y de la situación en América Latina, pero eso es una perspectiva crítica de un intelectual que no descuida la realidad que lo rodea. Pero no tengo aspiración política, sólo deseo consolidarme como escritor”, afirma en entrevista con Excélsior.
En la 36 Feria Internacional del Libro de Guadalajara, encuentro que finaliza hoy tras nueve días de actividades, donde ha tenido múltiples participaciones, incluyendo la presentación de su nuevo libro de cuentos, Ese día cayó en domingo (Alfaguara), el narrador confiesa que ha procurado no tener el síndrome del exiliado.
Uno piensa que se trata de una situación provisional, que vas a regresar en cualquier momento; y no cierras la valija, andas de hotel en hotel. Pero no es así. Yo me he preparado para lo peor, que es morir en el exilio. Estoy haciendo una vida afuera, quiero organizar mi carrera de escritor, que para eso existo”, agrega con tristeza.
El autor de Margarita, está linda la mar admite que le duele mucho su país. “Mi memoria afectiva está ahí. Lo primero que se me aparece en sueños o en la vigilia de la mañana es mi pueblo natal, Masatepe, que está junto a un volcán y a una laguna volcánica, a donde quisiera regresar, recorrer otra vez sus calles. Pero, como esto no es posible, hago uso de la imaginación y la memoria”.
Aclara que su única manera de aliviar ese dolor es la escritura. “Uno es escritor en cualquier parte, mientras realmente sea tu oficio. Si escribo en Nicaragua, lo hago de un modo; y si estoy afuera, de otro. La distancia crea un sentimiento de nostalgia, de afecto, que sirve para la escritura, pues me acerca al país. Es una especie de juego de conversaciones. Pero se es escritor siempre y para siempre, hasta la muerte”. Ahora, Ramírez evoca a la nación centroamericana con su regreso al género breve y una selección de relatos escritos durante la última década.
En este libro de cuentos, la mayoría de las historias tienen su ombligo en Nicaragua, en sus circunstancias actuales y pasadas. Están presentes distintas formas de violencia, pero también el amor y la solidaridad”.
Destaca que, como escritor, empezó con el cuento.
Publiqué mi primer libro a los 18 años. Creí que sólo sería cuentista, pero se me atravesó la novela, que publiqué diez años después”, dice.
Siempre regreso al cuento con mucho cariño, porque es una manera de demostrarme a mí mismo que soy capaz de innovar en estas técnicas de escritura. No es un género secundario de la novela, sino que tiene su propio grado de dificultad”, añade.
Ese día cayó en domingo está marcado por protagonistas perdedores.
Me gustan mucho los perdedores en la literatura. Los grandes héroes no me atraen. Me agrada narrar la épica de los perdedores, de los pequeños héroes que son maltratados por la vida y nunca son triunfadores. Los que tienen escasas alegrías y más dolores”, señala.
El cronista y ensayista está convencido de que el humor es un instrumento imprescindible.
Ayuda a tomar distancia del dramatismo de los hechos. Uno puede contemplar a través del cristal del humor las cosas de mejor manera. Le quita el peso retórico a una historia, aminora la posibilidad del discurso, que es fatal en la literatura, y le da la ligereza necesaria para que la historia flote sola”.
Como parte de su consolidación internacional, Ramírez anuncia que ya se comenzó a traducir al inglés su trilogía de novelas negras El cielo llora por mí, Ya nadie llora por mí y Tongolele no sabía bailar que, además, se publicará en alemán, francés y búlgaro.
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