Noventa días y noventa noches

Será un espectáculo bochornoso para los visitantes llegar a una de las ciudades con mayor historia y cultura del mundo en tal nivel de abandono, por más que las jacarandas intenten documentar mi optimismo acerca del muy necesario mantenimiento de la ciudad.

Pablo Carrillo

Pablo Carrillo

La neurona

Es penoso ver el nivel de descuido, suciedad, falta de mantenimiento y demás ineficacias que hacen del otrora Distrito Federal, una ciudad que es de pena ajena, pues lo cotidiano es ver las calles llenas de baches, los postes, las mallas ciclónicas y letreros derrumbados, sucios, pues no les han pasado una manita de pintura hace años, las laterales de las vías rápidas, como el Viaducto Miguel Alemán y el Circuito Interior, en torno al aeropuerto, están llenas de indigentes que han hecho de esas laterales sus comunidades con el consiguiente foco de basura.

Ya ni hablar del descuido de parques y demás lugares, que en tiempos idos eran zonas verdes, con flores o sitios de recreación y deporte, es lamentable cómo los han destruido todos los irresponsables gobernantes de la CDMX, desde la jefa de Gobierno hasta los alcaldes, a los que sencillamente pareciera no interesarles el que en noventa días se estará inaugurando la Copa del Mundo de la FIFA en el estadio Azteca.

Será un espectáculo bochornoso para los visitantes el llegar a una de las ciudades con mayor historia y cultura del mundo en tal nivel de abandono, por más que las jacarandas intenten documentar mi optimismo acerca del muy necesario mantenimiento y embellecimiento de la ciudad, el deterioro es tal, que ni el maravilloso espectáculo en lila y morado de la naturaleza lo puede mitigar.

Difícil pensar que en noventa días la señora Clara Brugada y su ineficaz equipo, así como los alcaldes, puedan revertir tal nivel de descuido, tal desastre en el que se ha convertido mi ciudad, hoy, algo muy cercano a un muladar, con respeto a las mulas.

Noventa noches y noventa días para intentar presentar un rostro digno de la otrora ciudad de los palacios, hoy la ciudad de la mugre y la decadencia, una tristeza absoluta, pero, eso sí, ya hicieron del Zócalo una enorme y populista cancha de futbol, así como lo han hecho un lugar de espectáculos. Para eso sí pareciera haber recursos, por que para embellecer y recuperar nuestra ciudad, sencillamente no parecen existir.

Por cierto, en quince días se reinaugura el estadio Azteca y, si usted se da una vuelta en el perímetro de ese recinto histórico del balompié, se va a sentir en una ciudad en guerra, vaya desgracia.

Qué pena con los visitantes.

De pena ajena.