Batres y el control de Donceles
Un golpe en la mesa mandaría el mensaje interno de que no tolerará fallas sin que haya consecuencias.

Adrián Rueda
Capital político
Más de uno se pregunta cómo es que Clarita Brugada mantiene cerca a un equipo que sólo le acarrea problemas en lugar de soluciones, especialmente su secretario de Gobierno, César Arnulfo Cravioto.
La tarea fundamental de un secretario de Gobierno es anticipar los problemas y desactivarlos antes de que le exploten a su jefe —en este caso jefa—, y no ser parte de ellos, al grado de que en este caso sea Clarita la que tenga que salir a defenderlo.
El número dos de cualquier gobierno —como es el caso de Cravioto en CDMX—, es no aparecer en ningún lado; mantener un perfil tan bajo, que no se vea nunca, pero que se sienta siempre.
En el caso de Arnulfo es todo lo contrario, pues aparece en medios tantas veces como su jefa, pero jamás por buenas razones, sino para tratar de explicar las tropelías en las que anda metido.
Una respuesta que algunos tienen a esa pregunta, es la gran influencia que Martí Batres —jefe político de Cravioto— tiene sobre Brugada, de la que ha sido jefa, pero que sobre todo le ha vendido que gracias a él ella está donde está.
Porque Martí asegura que como jefe de Gobierno sustituto de Claudia Sheinbaum operó en favor de Clarita para que se impusiera a Omar Hamid García Harfuch en la disputa por la candidatura de Morena en la Ciudad de México.
Que desde el gobierno ayudó primero para que fuera la candidata, y después para que ganara las elecciones al panista Santiago Taboada, cuando las apuestas estaban en contra de la exalcaldesa de Iztapalapa.
Batres le vendió también el cuento de que por apoyarla a ella y operar en contra de Omar Hamid, la Presidenta no le dio una secretaría y se tuvo que conformar con el ISSSTE.
Por eso Brugada le concedió no sólo la Secretaría de Gobierno para Cravioto, sino además la coordinación de Morena en el Congreso de la CDMX a Xóchitl Bravo, con lo cual tiene el control absoluto a distancia.
Dicen que, quien en realidad detenta el poder en Donceles es Valentina Batres, diputada desde 2018, pero que no la podrían nombrar directamente, pues tenían que disimular el nepotismo.
Con Arnulfo y Bravo, Martí cierra la pinza de todo lo que transita por Donceles, incluyendo lo que tiene que ver con la oposición, y que por eso Clarita aguanta los yerros de sus operadores, a los que no se atreve a mover.
Si la jefa de Gobierno le debe el cargo a Batres, es algo que sólo ellos saben, pero el hecho es que el director del ISSSTE ostenta el poder en el Congreso capitalino a través de sus personeros.
Eso explicaría por qué Brugada prefiere aguantar las descargas que le producen las pifias de su secretario, antes de echarlo, cosa que, por cierto, se vería bien hacia adentro y hacia afuera de su administración.
Un golpe en la mesa mandaría el mensaje interno de que no tolerará fallas sin que haya consecuencias; hacia fuera, que la ciudadanía vería que ya dio cuenta de lo que no funciona y que quiere corregir.
Mientras nada de eso ocurra, se refuerza la idea de que Martí es quien controla la vida interna en Donceles.
CENTAVITOS
Otra cosa que refuerza la influencia de Batres en Donceles es la imposición de Armando Rocha en Comunicación Social, pues amén de que sea hijo del desparecido Ricardo Rocha y chairo de Morena en las redes sociales, Armandito no tiene ni idea de lo que es el área que le encararon y en la que cobra. El muchacho empezó a hacerse notar por su filiación morenista en sus comentarios, que incluyen la amplia difusión a las notas de Daniela Cordero, esposa de Martí.