Reseña de "La secretaria del inframundo": humor godín, romance y un vacío interdimensional
Una reseña que se ríe del infierno de oficina: La secretaria del inframundo combina humor godín, romance y fantasía con sello Penguin.

La secretaria del inframundo, de Montserrat Castro (texto) y Paulina Márquez (arte), es una novela gráfica que convierte la vida godín en comedia fantástica y latido romántico.
Publicada por Random Comics/Penguin en 2025, el libro consolida el salto editorial de una serie nacida en videos y hoy convertida en saga impresa.
¿De qué trata el libro (sin spoilers)?
Entre reportes de RRHH, ventas por catálogo, robos de engrapadoras y… un misterioso vacío interdimensional, la Secretaria intenta mantener el orden de la oficina más caótica del más allá. El Jefe —“varado tecnológicamente varios siglos atrás”— es su contrapunto serio, hierático, de impecable traje y aura arcana. La tensión romántica se cocina en el microondas del break room: miradas esquivas, reglamentos absurdos y un código del empleado ideal que amenaza con convertir cualquier romance en acto de insubordinación.
El libro funciona como comedia de situación con ADN magnífico: el gag godín se cruza con lo sobrenatural y, cuando el papeleo se vuelve cósmico, la burocracia muestra su verdadera cara: un infierno de sellos y formatos infinitos.
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Lo que dicen las autoras (y cómo lo dicen)
Desde la primera línea se percibe el pacto de coautoría: Castro imagina escenas y personajes; Márquez los vuelve cuerpo, gesto y timing visual. En entrevista, Castro reconoce que muchas escenas vienen de estereotipos godínes reales que ha visto —o sufrido—:
Esto de que todos se intoxiquen con una comida en la oficina… 100% ha pasado”. Y remata: “por algo es un estereotipo; por eso la gente se puede ver reflejada”.
Márquez, por su parte, cuenta cómo la Secretaria nació en tres bocetos: “probé un estilo más realista… y me detuve: ‘no, que sea más cartoon’. En el tercer dibujo dije: ‘aquí está’”. La sencillez del trazo, con elasticidad emocional, favorece los chistes visuales (la engrapadora que desaparece, el catálogo que acecha) y potencia la química con el Jefe, cuyo hieratismo es comedia pura.
La dupla también subraya la identidad del proyecto:
No hay muchas novelas gráficas mexicanas en catálogos grandes; por razones prácticas, suele traducirse más de lo que se crea desde cero”, apunta Márquez.
Esa declaración importa: el libro no solo cuenta una historia; abre espacio editorial a la novela gráfica hecha en México, con humor local y guiños que cualquiera que haya pisado una oficina (o una ventanilla) reconocerá.
Yo tengo cuatro trabajos… muchas de las situaciones del libro son estereotipos de la vida godín que sí he vivido”, comparte Castro.
La Secretaria se sintió como un personaje que existe por sí mismo; verlo dibujado me dio claves de su personalidad”, dice Márquez.

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El humor, el ritmo y la puesta en página
La gracia del libro no está solo en el chiste: está en cómo se coreografía. Márquez trabaja con planos limpios, reacciones rápidas y silencios que dejan respirar el remate.
Castro, mientras tanto, dosifica el romance de oficina sin caer en la parodia edulcorada; la tensión se sostiene con código interno (“lo que está permitido en el manual”) y cultura corporativa mexicana: cursos obligatorios, pasillos del chisme y el Excel que todo lo puede.
El diseño de personajes gana por síntesis: la Secretaria alta, de pelo chino (según la directriz que Castro dio al inicio) y el Jefe anclado en otra época (literal y tecnológicamente) funcionan como arquetipos que el dibujo vuelve cercanos. Cada página hace malabares entre la fantasía (el inframundo como edificio en perpetua auditoría) y la oficina mexicana (ese país donde siempre falta un sello).
¿Por qué vale la pena leerlo hoy?
- Representación: ver humor godín en clave fantástica y romántica, hecho en México y publicado por un sello comercial, importa. Significa entrar a librerías y encontrar una voz local en el anaquel de novela gráfica, una estantería donde los títulos traducidos suelen dominar.
- Relatable: no necesitas haber sido secretaria o jefe para entender la odisea burocrática; si alguna vez hiciste fila en una ventanilla, ya estás dentro del chiste.
- Equilibrio: la obra alterna chiste y ternura, sin solemnidad. La “oficina del más allá” permite burlarse del absurdo sin tirar la toalla de la empatía.
- Serialidad: el hecho de que los materiales de venta apunten a continuidad coloca a la Secretaria en formato “tomo 1”.
¿Cómo está hecha (y por qué funciona)?
- Guion: Castro pone el foco en arquetipos godínes que conocemos: el mail pasivo-agresivo, el PowerPoint eterno, la venta por catálogo que no pide permiso. Su humor no se regodea en el cinismo; busca el gesto humano detrás del trámite.
- Arte: Márquez abraza el cartoon estilizado: líneas limpias, expresiones contundentes, composición que conduce la mirada al remate. En entrevista, contó que “el tercer dibujo” fue el definitivo; esa seguridad se nota en página: la Secretaria se mueve con naturalidad y el Jefe respira un timing cómico propio.
¿Para quién es?
- Lectores de cómic/novela gráfica que buscan humor con identidad mexicana.
- Godínes con olfato para el absurdo (o supervivientes de la ventanilla).
- Románticos escépticos: hay chispa, pero sin azúcar glas.
- Clubes de lectura escolares y universitarios: accesible, comentable, adaptable a lecturas en voz alta.
La secretaria del inframundo es el raro caso en que la risa ilumina: convierte la pesadilla burocrática en aventura romántica y, de paso, ensancha el mapa de la novela gráfica mexicana dentro de un sello de gran alcance. Castro y Márquez entregan un primer tomo sólido, con voz propia y promesa de continuidad. Si alguna vez pensaste que tu oficina era el infierno, este libro te va a hacer sentir visto.
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