Luis Jorge Boone; una novela 'sin norte'
El escritor coahuilense publica Toda la soledad del centro de la Tierra, un relato “de desamparo, orfandad, luto, dolor y sombras”

CIUDAD DE MÉXICO.
Un acercamiento a la infancia “de manera frontal” propone el coahuilense Luis Jorge Boone (1977) en su nuevo libro Toda la soledad del centro de la Tierra (Alfaguara), a medio camino entre la poesía y la narrativa, y en el que por primera vez da vida a un protagonista niño, El Chaparro, quien ha sido abandonado por sus padres.
Esta historia “de desamparo, orfandad, luto, dolor y sombras” se desarrolla en un pueblo olvidado del norte de México, “una especie de norte alternativo, sin ubicación definida”, habitado exclusivamente por mujeres y por niños huérfanos, pues los hombres han migrado al país vecino o trabajan en el narcotráfico.
No sólo El Chaparro sufre la orfandad, sino también el pueblo, pues ha sido arrasado por los criminales, como ha pasado con este país”, comenta en entrevista el también poeta.
Vivimos una época en que las desapariciones, los levantamientos, los secuestros y los asesinatos marcan la vida de muchas personas. La búsqueda es una labor constante de los deudos, quienes siempre posponen el duelo que tarde o temprano deben enfrentar”, agrega.
El clima desértico, la desolación y la violencia del ambiente en el que crece El Chaparro evocan a la Monclova natal del narrador. “Nunca me voy de Coahuila. Uno escribe siempre desde una ubicación física, a partir de cierta luz, de cierto paisaje. Mi experiencia de vida está en el desierto. Inventé nombres y pueblos, pero nunca me voy de ahí”, aclara.
El cuentista confiesa que siempre supo que esta trama, por intensa, debería de ser breve. “Lo brutal, lo urgente de las acciones, debía contarse rápido, agotarse en pocas páginas. El niño escucha cómo emergen desde un pozo las voces de los incontables desaparecidos del pueblo, víctimas de una ola de violencia que amenaza con aniquilarlo todo, con reducirlo a muerte y cenizas”.
Además de El Chaparro, que emprende solo un viaje para buscar a sus padres, está el personaje de la abuela Librada, que lo ha criado. “Es una de esas mujeres que se quedan solas con la responsabilidad de sacar adelante a sus hijos o nietos y deben hacerse de mano dura. Refleja la imposibilidad del adulto para entender y ser cercano a los infantes. Pero, al mismo tiempo, también es como un niño al que dejan solo, un adulto en la orfandad.
Éste es un pueblo de mujeres solas. Se trata de historias que uno ve y escucha, una realidad cotidiana, corriente. Los hombres se perdieron, se rajaron y se fueron. No les importó la paternidad. Es la matriarca la que se queda, sostiene todo y dicta el orden”, explica.
AMBIGUO, PERO REAL
El autor de la novela Las afueras (2011) crea niños y adultos que no llegaron a crecer ni a hacer las paces con sus demonios, por eso los persiguen sombras, voces y fantasmas. “Hay personajes que no sabemos qué son. Describo un terreno ambiguo, pero verdadero”.
Para Boone, “el poema es otra forma de narrar”, por esto combinó ambos géneros en ésta, su segunda novela.
El verso es ligero, pero soporta un alto nivel de significado, de profundidad, por eso lo utilizo. Quise anteponer la memoria a la muerte y al olvido. Quise ver frontalmente, de manera directa, sin parpadear. Creo que eso sólo lo logra la poesía”.
Piensa que los individuos, si así lo deciden, pueden crear una mejor memoria colectiva. “Una hecha de verdades, que se anteponga a la verdad oficial, que ilumine por encima y por debajo. La memoria la fabricamos todos, hay que fijarla”.
Quien ha escrito los poemarios Traducción a lengua extraña (2008), Por boca de la sombra (2015) y Bisonte mantra (2017) destaca que al terminar un libro nunca se había sentido así. “Lo concluí hace año y medio, lo cerré y me caí. He intentado conectarme hasta ahora, dándole oportunidad a otros proyectos, pero aún nada. Siempre traigo en la cabeza diez libros. Creo que uno va tomando forma, también en el desierto”, dice.
El autor de las reuniones de cuentos La noche caníbal (2008), Largas filas de gente rara (2012) y Figuras humanas (2017) añade que, a pesar de lo desesperado, oscuro y solitario que pueda dejarlo una escritura, siempre encuentra aliento para seguir. “Estoy recuperando la diversidad. Quiero escribir un libro diferente cada vez, el que aún no he hecho. La escritura te da una cosa nueva siempre”.
Toda la soledad del centro de la Tierra será presentado por Fernanda Melchor el 24 de febrero, 16:00 horas, en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería.
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