Te lo dije
La primera generación delincuencial es la tradicional de pillería. La segunda, la etapa corruptiva. La tercera, la delincuencia organizada. La cuarta es la transnacionalización. La quinta, la deshumanización. La sexta, el terrorismo. La séptima, la subversión. La octava es la politización del sistema criminal. Y la novena generación es la regencia criminal.
No me gusta ser el adivino de las calamidades. Siempre he creído que el futuro es una hipótesis, no un teorema ni un axioma. Puede suceder o no suceder. Sin embargo, mi profesión de abogado y mi vocación de político me obligan al diagnóstico y al pronóstico. Lo que es y lo que puede ser. Solamente con ello se puede actuar, si es que hay algo que hacer, y se puede remediar, si es que hay algún remedio.
Hace 40 años y hace 30 años le dije a quienes debía decirlo que el crimen generalizado tenía etapas evolutivas progresivas. No me creyeron o no les interesó. Para mí, era uno de los tres temas de mi trabajo. Para ellos, era uno de los 100 temas de su encargo. Hace 20 y hace 10 años lo he repetido en Excélsior, en conferencias y en libros. Contra mi voluntad, he sido totalmente acertado.
En palabras muy sintéticas, la primera generación delincuencial es la tradicional de pillería. La segunda, la etapa corruptiva. La tercera, la delincuencia organizada. La cuarta es la transnacionalización. La quinta, la deshumanización. La sexta, el terrorismo. La séptima, la subversión. La octava es la politización del sistema criminal. Y la novena generación es la regencia criminal.
En un itinerario histórico, la delincuencia primaria y primitiva actuó a escondidas de la autoridad. Pero conforme la trama delincuencial se volvió más sofisticada, el crimen actuó con el conocimiento, pero también con el consentimiento de las autoridades. Es decir, en una estructura de corrupción sistémica.
Mas tarde, el delito se volvió un fenómeno corporativo con estructura directiva, cuadros operativos, acervo tecnológico, ciclos de financiamiento, relación con otras corporaciones criminales, programas de expansión, jefaturas de proyecto, entrenamiento y desarrollo de personal, actividades de reclutamiento y control interno. En fin, todo aquello de una gran corporación lícita, pero con un nefasto profesionalismo.
Después se transnacionalizó con capacidad organizativa para operar, simultáneamente, en todo un continente o en más de uno. Con recursos que, en ocasiones, superan las posibilidades financieras de los países en los que actúa. Y con una penetración, en las esferas del poder y del dinero, hasta ahora incomparable.
Luego, se deshumanizó. Crímenes atroces. Miles de ejecutados. Mutilaciones y decapitaciones. Matanzas cotidianas. Prosiguió la etapa subversiva para desacreditar y debilitar el Estado. Mas tarde, la politización, en la cual la organización criminal ya no pretende comprar ni vencer a la autoridad, sino sustituirla. Y, por último, la regencia. Ocupar su lugar y atribuciones. Sentar a alguien de su grey en el sillón de la autoridad. Regir la vida nacional.
Hace tiempo, el presidente mexicano me encargó el diseño de un programa serio y sensato que nos permitiera afrontar dicho fenómeno. Cuidamos la relación indispensable entre una ley facultativa y una tarea de inteligencia. La información sin acción es inútil y peligrosa. La acción sin información es estúpida y comprometedora. Pero ese sexenio terminó y ese proyecto se canceló.
No me gusta acertar en lo malo ni ofender con que te lo dije. Ayer, Pascal Beltrán del Río escribe una cátedra. En el 99% de la política, lo que se ve, es lo que es. Coincide con Mazarino en que la apariencia es esencia. Coincide con Reyes Heroles en que la forma es fondo. El verdadero político utiliza telescopio y microscopio, pero no utiliza ni esferas ni barajas.
Por eso, prefiero profetizar tan sólo lo que es muy obvio. Así que mi “tarot político” me dice que este año Trump nos provocará muchos sustos, en todo el mundo, hasta que le llegue la elección del 3 de noviembre. También me está diciendo clarísimamente que este año no creceremos a 2% ni ganaremos el Mundial de Futbol ni recuperaremos Texas.
En la política, al final de cuentas, todos tenemos la razón. La diferencia entre unos y otros es que algunos la hemos tenido a tiempo, mientras que otros la tienen cuando ya no hay remedio.
