Leonardo Padura: una mirada abarcadora
El escritor cubano revisa un siglo de historia de la isla a través de fenómenos como la prostitución, la corrupción y la censura

GUADALAJARA.- Alberto Yarini y Ponce de León (1882-1910), “el proxeneta más famoso en la historia de Cuba, el chulo por excelencia”, es uno de los personajes centrales de Personas decentes (Tusquets), la novena novela del cubano Leonardo Padura (1955) que tiene como protagonista al detective Mario Conde.
Es la novela más policiaca y la más habanera que he escrito. Hay cuatro asesinatos. En ninguna de mis novelas ha habido tantos. Las resuelvo con un muerto, pues la parte policiaca es el pretexto para anclar una mirada en la sociedad cubana, en su historia”, afirmó el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015.
Relajado, contento y amable, el también periodista explicó que su nueva entrega transcurre en dos tiempos históricos: de 1908 a 1910 y en 2016. “Las dos historias ocurren en La Habana. Es una especie de reivindicación histórica. Hay un hecho conceptual, que es esa mirada a una Cuba que quiere llegar a algo y finalmente no llega”.
Señaló que escribió rápido este volumen porque ya conocía la historia de Alberto Yarini. “Trabajé en el periódico Juventud Rebelde de 1983 a 1990. Escribí un largo reportaje sobre la vida de este personaje histórico, real, contradictorio, magnético y atractivo. Pertenecía a una familia de la aristocracia cubana. Su padre, Cirilo Yarini, era el odontólogo más famoso de la isla. Pero él termina practicando el arte terrible, lamentable y difícil del proxenetismo y se convierte en el líder de los proxenetas cubanos”, detalló.
El autor de El hombre que amaba a los perros, su obra más famosa, indicó que la segunda historia se desarrolla en otro momento de eclosión de La Habana, 2016, cuando Conde ya tiene 62 años.
Visita Cuba Barack Obama, el presidente de Estados Unidos que cambió su política hacia la isla. Es un momento de esperanza de que las cosas pueden mejorar después de años de crisis. En este contexto asesinan al personaje Reynaldo Quevedo, inspirado en distintas personas reales, uno de los directores de la represión cultural que se vivió en los años 70, el decenio negro de la cultura”, agregó.
En esta parte evoca la serie de políticas culturales que se establecieron en 1971. “Los procesos de parametración, es decir, los parámetros que debían cumplir los artistas y docentes para poder ser representativos de la cultura y la educación en el país. Pero me centro en el carácter, la personalidad y la figura de este represor”.
Padura añadió que fue un proceso por el cual nunca se les pidió perdón a las víctimas. “La política cultural cubana ha cambiado sus métodos; es menos drástica, aunque puede seguir siendo represiva en determinados momentos, actitudes y obras. Todavía pueden existir métodos de censura y de marginación en la política cultural. Pues los medios de difusión, los espacios culturales y las editoriales son del Estado”, aclaró.
Sobre la prostitución, admitió, “trato de tener una actitud no compasiva, pero sí comprensiva con el fenómeno de la prostitución femenina. Se las ha considerado personas indecentes y se las ha condenado, castigado, marginado, despreciado, las han humillado.
Pero pocas veces se ha preguntado por qué una mujer ejerce la prostitución. Y no ha tratado de comprenderse que es un fenómeno de carácter económico, clasista y sexista. No las condeno”, dijo.
Tras reflexionar sobre ambos momentos históricos, Padura admitió que “hay procesos de carácter político, social, económico, humano, que son semejantes. Las dos historias son como un juego de espejos.
Trato de dar una mirada abarcadora de lo que ha sido la vida cubana. Los tiempos cambian, los contextos cambian, las actitudes de las personas cambian; pero hay esencias que se siguen manteniendo”, señaló.
El ensayista y guionista confesó que le atrae mucho el género negro. “Es muy generoso a la hora de brindarte posibilidades de desarrollo literario. Puedes escribir una novela policiaca para hablar de un enigma o de un misterio, o de lo que te dé la gana.
Por eso, en mis novelas hay momentos de tránsito a través de la historia, reflexiones filosóficas y, sobre todo, una crónica social de lo que ha sido la vida cubana contemporánea”, concluyó.
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