La mujer en la obra de Carlos Fuentes; brujas, magas y libres

Julio Ortega y Jovany Hurtado, expertos en el escritor que murió un día como hoy de hace diez años, analizan la importancia de sus personajes femeninos

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Foto: Arturo López/ Viñetas de Vicente Rojo tomadas del libro Aura/ Fotoarte: Horacio Sierra

CIUDAD DE MÉXICO.

“Las mujeres en la obra de Carlos Fuentes son ilegibles, o sea, no se pueden leer con la lógica procesal del lengua­je, se requiere usar figuras y visiones”, afirma tajante el escritor y crítico literario pe­ruano Julio Ortega en entre­vista con Excélsior.

La mujer es en su obra bruja y maga. Frágil y pode­rosa. Es una visión surrealista de estirpe romántica”, agrega el investigador y catedrático de la Universidad de Brown.

Por eso Fuentes explo­raba en su ficción el mun­do femenino, que le parecía fascinante y peligroso, y aje­no al hombre”, añade quien fue amigo del fundador del Boom latinoamericano, con la publicación en 1958 de la novela La región más transparente.

Su visión de la mujer vie­ne del romanticismo, donde ésta es una fuerza de la na­turaleza; y del surrealismo, donde la mujer es maga y bruja, hecha de poderes que ella no controla y él ignora”.

El especialista en la obra del escritor, ensayista y di­plomático mexicano, que murió a los 83 años un día como hoy hace una década, dice que, al final, se puede decir que lo femenino es, en la propuesta literaria fuentia­na, una fuerza creativa que lo masculino no controla.

El mundo, se diría, está hecho por las madres, y des­hecho por los padres. La construcción de la pareja, nos dice Fuentes, es el desa­fío que la literatura recons­truye”, indica Ortega.

Analizar la relevancia de la mujer en la obra de Fuentes es de vital im­portancia, piensa el investigador Jo­vany Hurtado, también exper­to en el autor de unos 60 títulos, entre no­velas, cuentos, ensayos, obras de teatro, discursos, guiones de cine, libreto de ópera y conferencias.

Algunos dicen que Fuentes era machista en su literatura. Pero en una con­ferencia, que impartió en Venezuela en 1995, evocó El decálogo del cambio, en el que destacó los derechos de la mujer: debe ser dueña de su cuerpo, tener libertad para decidir y escoger, acce­so a la educación y gozar de un salario igual que los hom­bres”, explica.

En entrevista por sepa­rado, el biógrafo del escritor considerado uno de los pila­res del siglo XX mexicano destaca que no sólo te­nía un “gran respe­to y admiración” por la mujer, sino que en su obra literaria hay grandes personajes femeninos.

Cita, en primer lugar, la novela fantástica Aura (1962), cu­yas prota­gonistas, Aura y Consue­lo, “no sólo son el cuerpo del deseo, sino las conducto­ras de esta historia”.

En Zona sagrada (1967), prosigue, “inspirada en la actriz María Félix, nos presenta a una mujer fuerte, pero que a la vez está al pendiente de su casa; no ve a la mujer sober­bia, sino mira la conexión fuerte con su hijo”.

Hurtado evoca, además, los ocho relatos que integran el título Carolina Grau (2010), por los que ésta “transita como presencia su­til, como persona, fantasma, como enigma, trazando siem­pre un halo de misterio; se mueve en el tiempo de ma­nera sorprendente”.

Pero, aclara, “la forma completa de lo que la mujer significó para Carlos, la ve­mos en Los años con Laura Díaz (1999), que comienza con la Revolución mexicana y termina en el movimiento es­tudiantil de 1968. El persona­je se va transformando de hija de casa en Veracruz hasta la mujer que disfruta su libertad y sus derechos en la capital”.

Para el politólogo, la mujer “posee una presencia espe­cial” en el teatro que escribió Fuentes. “En El tuerto es rey traza a un personaje femeni­no con un gran poder de usar las máscaras; y, en Todos los gatos son pardos, ambas pu­blicadas en 1970, recupera a La Malinche y la convierte en la protagonista de la historia, no en una traidora”.

Concluye que es impres­cindible leer hoy, “en estos tiempos difíciles y complica­dos para la mujer”, estas obras de Fuentes. “Fue un autor cosmopolita, empapado de todas las culturas; fue uno de los intelectuales más adelan­tados de su tiempo, siempre denunció la violencia contra la mujer y la desigualdad en la que vive. Su obra nos de­muestra respeto y fascinación por el mundo femenino”.

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