La increíble historia de La Casa de Toño: de un puestito al trono del pozole

Descubre cómo La Casa de Toño pasó de un pequeño puesto a una cadena icónica del pozole en CDMX.

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Historia de La Casa de Toño

La Ciudad de México tiene rincones que se convierten en leyendas por su sabor, su historia y su gente. Uno de esos lugares es “La Casa de Toño”, una pozolería que hoy es sinónimo de tradición, calidad y sabor casero. Pero pocos conocen cómo empezó este referente gastronómico: con un modesto anafre en la banqueta.

Como la mayoría de los emprendimientos, la tenacidad lo es todo. Fundada en 1978 por Marco Antonio “Toño” Campos, la casa empezó en la colonia Clavería, en Azcapotzalco, cuando Toño tenía apenas 18 años. 

El negocio funcionó: primero con quesadillas, luego tacos de guisado y, más tarde, el pozole que lo catapultaría al éxito. La dedicación constante, su sazón familiar y un servicio cercano lo llevaron, en poco tiempo, de la calle al garaje, y finalmente al primer local formal en su propia casa.

A lo largo de los años, el negocio fue creciendo: de su primer local en la calle Floresta número 77 hasta extenderse a más de 60 sucursales en CDMX y Estado de México. 

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Historia de La casa de Toño. Foto: Canva

¿Cómo empezó en México “La Casa de Toño”?

Todo comenzó en 1978, cuando Toño instaló un anafre en la banqueta de la calle Floresta en la colonia Clavería. Ahí vendía quesadillas y tacos de guisado hechos por su familia: su mamá, su abuela e incluso una amiga llamada Aurora. 

La clientela creció rápidamente gracias al sabor casero y al trato amable de Toño. Vendían los platillos preparados en el comal y las largas filas se hicieron comunes. Al no poder seguir en la calle, el negocio se refugió en el garaje de su casa familiar en Floresta #77. 

Toño acomodó mesas, colocó una lona verde e incorporó más recetas: flautas, sopes y, eventualmente, su hoy sello, el pozole estilo Jalisco.  

Inicialmente llamada “Las dos Poblanas” (en honor a su madre y abuela), el local fue bautizado por la clientela. Sin embargo, según diversas fuentes, los vecinos comenzaron a decir: “vamos con el Toño” o “la casa de Toño”. Fue entonces cuando decidieron adoptar ese nombre que hoy resuena en toda la ciudad.

La dedicación de Toño se afianzó: abandonó la carrera de Derecho para dedicarse de lleno al negocio y empezó a hacer ajustes financieros y de servicio que lo profesionalizaron.

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Historia de La casa de Toño. Foto: Canva

“La Casa de Toño”: de una casita a sucursales

El éxito del garaje motivó a Toño a adquirir las casas contiguas y ampliar espacio: más mesas, más personal y más sazón. Para entonces, ya no era solo una anécdota local, sino un referente de fin de semana.

En los primeros años de la década de los 2000, "La Casa de Toño" dio el salto formal y el negocio se adaptó como sucursal de forma más estructurada. En 2007, la expansión comenzó fuera de Clavería, hacia Marina Nacional, Lindavista, Narvarte, y llegaría hasta el Estado de México.

Hoy en día, “La Casa de Toño” supera las 60 sucursales, muchas abiertas durante toda la noche. La cadena opera sin franquicias: todas son de propiedad y gestión centralizada, lo que le permite mantener calidad y voz propia. 

Están presentes en gran parte de la Zona Metropolitana: desde Álvaro Obregón hasta Coacalco, Tecámac y Nezahualcóyotl.

Toño continúa al frente del negocio, supervisando personalmente el funcionamiento de las sucursales. Es conocido por aparecer de madrugada en el local central y compartir con su equipo.

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Historia de La casa de Toño. Foto: Canva

¿Por qué se volvió icónica “La Casa de Toño”?

Aunque empezó con quesadillas y tacos, el pozole se convirtió en el plato que llevaría a Toño al estrellato. Su caldo generoso, su carne de calidad y el acompañamiento tradicional se transformaron en su identidad. Además de las recetas caseras, la atención rápida y un ambiente familiar lo distanciaron de la competencia.

Si bien no hay sucursales en otras entidades fuera del Valle de México, el reconocimiento trasciende a todo el país; así como el hecho de que muchos lo reconocen como una parada obligatoria en CDMX.