Néstor Jiménez convierte la vida del hombre común en una epopeya visual

El pintor, escultor y dibujante exhibe en Uno entre millones seis obras que hurgan en las preocupaciones de la sociedad, como el trabajo y la educación

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Fotos: Cortesía MUAC

La fantasía es la forma en que puedes abordar la realidad de manera universal, porque hablas desde la esencia de las cosas”, dice el artista visual mexicano Néstor Jiménez (1988).

Con la exposición Uno entre millones, que integra seis obras de reciente factura realizadas ex profeso, el pintor, escultor y dibujante abrirá el 7 de febrero el programa de exposiciones de este año del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC).

El eje temático es lo que podríamos llamar la epopeya del hombre común”, explica en entrevista con Excélsior sobre esta muestra que reúne técnicas como pintura de caballete, collage, escultura en cerámica, escultura cinética y pintura mural.

Abordo seis nodos temáticos que atañen a las problemáticas y vicisitudes que el hombre común resuelve en su día a día: educación, trabajo, alimentación, la muerte, memoria y la vivienda. Tópicos que siempre han preocupado a la sociedad”, agrega.

El egresado de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda detalla que, “desde el punto de vista material y factual, una de las principales ideas de la exposición es la relación y el contraste que hay en el sentido de la materialidad asociado a la clase social.

Puedes encontrar conviviendo en la misma obra materiales totalmente opuestos; por ejemplo, la madera de pino con el lapislázuli, el concreto con el cobalto; hay cosas de cerámica y otras de madera recuperada”, señala.

Añade que “la idea es otorgar a las obras una dimensión simbólica en cuanto a su materialidad; es decir, para mí, cada material representa algo en su condición histórica y, por supuesto, una práctica social y de clase”.

Entre las piezas, Jiménez destaca el collage que da nombre a la exposición, inspirado en una técnica de trabajo del escritor y poeta danés Hans Christian Andersen (1805-1875), famoso por cuentos como El patito feo, La sirenita, El traje nuevo del emperador y La reina de las nieves.

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La muestra incluye diversas técnicas, como la pintura.Fotos: Cortesía MUAC

Él usaba muñecos de papel para poder enriquecer su narrativa, y como una herramienta visual de trabajo que ayudaba a los niños a comprender mejor la trama.

Me llamó la atención esta herramienta. Y la retomé para representar la historia del gran cuento del bienestar social. Cree una serie de personajes que están recortados de papel periódico, pero de las páginas donde se publican los anuncios de trabajo”, indica.

Cada personaje representa a un trabajador informal, pues en este país el trabajo informal es la fuente de mayor ingreso económico, derivado de políticas fallidas en el ramo. La mayoría de la gente busca opciones para su sustento”, afirma.

El creador narra lo que descubrió realizando este ejercicio. “En la sección que se conoce como el aviso oportuno hay cada vez menos variedad; se ofertan sobre todo trabajos de seguridad y limpieza. Hay un sentido de segregación, pues cada vez se imprimen menos anuncios, debido a los portales en internet; pero esto segrega a quien no tiene acceso a la tecnología”.

Advierte que, en este sentido, “es un collage de papel que adquiere una dimensión performática. Como la sección no se publicaba a diario. No había suficiente papel para los personajes. Esa cadena de desempleo afectaba mi práctica. Y transformé esa problemática social en una obra de arte, representando un universo entero de trabajadores informales conviviendo en armonía”.

Néstor Jiménez define su propuesta artística como objetual, pero que se deriva de prácticas conceptuales. “Concibo mi pintura como el resultado de un ejercicio conceptual, de fenómenos sociales complejos. Encierra una serie de significados. Es importante la existencia del objeto.

El concreto, por ejemplo, ofrece la posibilidad de construir una vivienda barata y duradera; y significa la entrada a la modernidad, desde los años 50. También uso materiales recuperados”, añade.

Aclara que además hay en su obra una reflexión intrínseca respecto a la toxicidad. “El retrato mortuorio de mi padre está pintado con tres pigmentos tóxicos que ya no se producen, pues dañan el ambiente y la salud humana. Todo objeto tiene un impacto sobre el ambiente. Por eso recupero materiales y les doy un segundo uso”.

Curada por Lucía Sanromán, la muestra estará en exhibición en el MUAC hasta al 3 de julio.

CVA