FIL Monterrey: dos Pulitzer que transforman el dolor en palabras

Las escritoras Cristina Rivera Garza y Anne Boyer expresaron que el cuerpo femenino, el sufrimiento, la enfermedad y la muerte son temas centrales en su corpus literario

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MONTERREY.– El cuerpo femenino, el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la muerte son los temas que hermanan la obra de las dos Premio Pulitzer que encabezan el programa de la edición 32 de la Feria Internacional del Libro Monterrey: la mexicana Cristina Rivera Garza (1964) y la estadunidense Anne Boyer (1973).

Rivera Garza recibió este 2024 el Pulitzer por su novela El invencible verano de Liliana, en la categoría Memorias/ Autobiografía; el libro reconstruye, a través de documentos y testimonios, el feminicidio de su hermana.

Y Boyer se alzó con el mismo galardón en 2020, por el libro de ensayos Lo imperecedero: dolor, vulnerabilidad, mortalidad, medicina, arte, tiempo, sueños, datos, agotamiento, cáncer y cuidados, en la categoría de No Ficción, inspirado en su propia experiencia con esa enfermedad. El título se tradujo al español como Desmorir.

El trabajo fundamental para la escritura es estar poniendo el dedo sobre el renglón, cuestionando, y, si se puede, subvertir narrativas poderosas dominantes. No sólo nos alimentamos de proteínas o vegetales, sino de las historias que nos contamos, de las maneras como nos narramos. Pero no nos narramos solos”, comentó ayer Rivera Garza en rueda de prensa.

La poesía lo es todo, es la vida misma. Es la primera y la última literatura. Y la tarea del poeta es siempre expandir esta forma de arte para atraer vida misma y muerte. La diferencia entre la poesía y el ensayo es de hecho musical; es el oído. No es el tema, ni siquiera el lector. Más bien, en la poesía permitimos que el oído escriba las palabras. Y con el ensayo tratamos de pasar el oído a la mente”, afirmó Boyer en entrevista.

Como historiadora y socióloga de formación, Rivera Garza admitió que en su obra, sobre todo en El invencible verano de Liliana, hay una preocupación por la justicia legal, punitiva, “que por desgracia se nos ha escapado.

Me interesa la justicia que tiene que ver con la memoria colectiva y con la verdad. Creo que ese es un coto pertinente de la escritura. No la justicia entendida en el área legal, sino la de la memoria colectiva”.

La catedrática de la Universidad de Houston aclara que le interesa la escritura como una práctica material.

Esa es una conexión primigenia con el cuerpo de las cosas. Escribimos desde posiciones muy específicas. Nuestro cuerpo tiene una ubicación. No escribimos en una tabula rasa. Lo mismo pasa con los cuerpos de los desaparecidos. Estamos conscientes de que es una cantidad enorme y tristísima”.

La novelista, ensayista y poeta acepta que “estamos comprometidos desde que estamos utilizando el lenguaje que no nos es propio, que producen comunidades enteras de hablantes, un lenguaje que nos llega con conflicto y con historia. La herramienta misma marca una conexión ineludible con el mundo”.

Por su parte, Boyer decidió hurgar en el sufrimiento a través de la palabra.

Los filósofos dirían que el dolor no puede ser comunicado. Entonces, yo me volví a los poetas, porque los poetas tienen mayor fe. Y me di cuenta que si no podemos comunicar el dolor es porque nosotros los poetas no hemos trabajado lo suficiente”.

Quien estudió un máster en Escritura Creativa en la Universidad Estatal de Wichita explicó que en la sociedad, como está actualmente configurada, la mujer tiene una carga intolerable de sufrimiento.

No creo que esto sea natural ni inevitable. Pero creo que es producido por una sociedad patriarcal y capitalista. Entonces, quiero expresar el sufrimiento y al mismo tiempo negar cualquier tipo de fatalismo o aniquilismo, de que así tiene que ser siempre”, indicó.

Ambas escritoras admitieron que les dio gusto recibir el Pulitzer, aunque confesaron cierta inconformidad e inquietud.

Estoy agradecida por el premio en el área de Memorias, pero tengo mis dudas sobre esta categoría. Ésta es una clasificación muy acotada en el mundo anglosajón. Usualmente se le pone a libros que cuentan historias muy lineales de confirmación de la realidad, con lo que no asocio ninguno de mis libros. Pero tampoco puedo decirles que no me den el premio o que le cambien el nombre”, confesó Rivera Garza.

Y Boyer señaló que encontró bastante difícil el Pulitzer, “porque sentí que puso un obstáculo entre yo y las personas. Sentí que creó un concepto raro de quién soy yo. Un error que tendría que corregir para seguir viendo el mundo como lo veía.

Sí pasé un tiempo muy oscuro después de ganármelo, buscando descifrar cómo permanecer en mi camino como escritora. Para mí, la forma en que busco entender el mundo creó un camino peligroso y escabroso. Como que pierdes parte de tu esencia”, admitió.

La Fil Monterrey concluirá el 6 de octubre.