Fernando Savater envuelto en polvo enamorado

Amor, muerte y literatura fueron los temas que abordó el autor de Ética para Amador en la Feria Internacional del Libro de Oaxaca

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OAXACA.

Fernando Savater llegó a Oaxaca con la idea de mostrarle a su esposa María Ángeles las celebraciones del Día de Muertos. Así que amor, muerte y literatura fueron los temas centrales que abordó la noche ayer el autor de Solo integral, durante el cierre de la 42 Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO).

“Hoy les iba a hablar del amor como una respuesta a los males de la vida”, dijo Savater, “porque la vida humana está llena de males y su condición es un poco mísera”.

Y recordó a Baltasar Gracián, autor de El criticón, quien capturó esa miseria: “Todo cuanto hay se burla del miserable hombre: el mundo le engaña, la vida le miente, la fortuna le burla, la salud le falta, la edad se pasa, el mal le da prisa, el bien se le ausenta, los años huyen, los contentos no llegan, el tiempo vuela, la vida se acaba, la muerte le coge, la sepultura le traga, la tierra le cubre, la pudrición le deshace, el olvido le aniquila: y el que ayer fue nombre, hoy es polvo, y mañana nada”.

Sin embargo, Savater aseguró que la respuesta a esta idea la aportó Francisco de Quevedo en uno de sus sonetos, al expresar: “Polvo serán/ mas polvo enamorado. Así que el amor trasforma al propio polvo y lo convierte en un polvo enamorado, es decir, ahí donde de alguna forma se ha celebrado la gran fiesta del amor”, señaló.

Lo primero es distinguir el amor del deseo, comentó. “El deseo el algo importante en la vida de todos nosotros, nos arrastra a veces a cosas maravillosas y otras a cosas menos dignas, pero es una parte imprescindible e importante de la vida. El deseo es acumulativo y para éste no hay límite y por eso decían los budistas que el deseo siempre deja insatisfecho”.

En cambio “el amor es especialista en buscar lo irrepetible que hay en una persona”. Sabemos que hay mucha diferencia entre un ser humano y otro, pero el amor descubre esa diferencia y por eso el tirano y el horror buscan convertir a los humanos en un número, para que pierdan su identidad”, explicó, mientras que el amor “lo que hace es decirle a una persona: ‘gracias por ser tal como eres’”.

Desear es facilísimo, abundó. “Casi todos los hombres y mujeres deseamos mucho todos los días, pero el amor es esa búsqueda de la individualidad que nunca se volverá a dar. Pensamos que nunca habrá otro Mozart u otro Cervantes y es verdad, pero tampoco habrá uno como nosotros. Somos irrepetibles”.

Por otro lado, aseguró que el amor cambia la vida de la persona que ama “Todos tenemos objetivos en la vida: yo vivo para conseguir gloria, dinero o que el mundo me admire. Uno vive para algo. Pero cuando amas, vives para alguien, para ser la felicidad de alguien y para proteger la irrepetible felicidad de alguien. Esa es la tarea del amor y por eso ocupa toda la vida. El amor te da tarea para siempre, ya que el amar a otro es algo que nunca termina, sino que llena la vida y si quieren, es una (forma de) esclavitud”.

Aunque esa esclavitud, acotó, nos libera. “Los enamorados somos esclavos felices que disfrutan con aquello que les esclaviza, con depender de alguien. Jorge Luis Borges decía que todo lo que se enamora entra en una religión cuyo dios es mortal y, así, el enamoramiento se convierte en una religión que sí llena la vida, pero que sabemos que no es un dios eterno, sino uno que vive y es frágil”.

En el fondo, apuntó sólo podemos amar lo frágil, ya que nadie ama lo eterno, es la preocupación por lo que puede desaparecer y por lo frágil. Claro, el amor siempre está acechado por la muerte –como le sucedió con Sara, su primera esposa– y por la ausencia de lo amado, pero no acaba con el amor. En el fondo, el amor es estar junto a quien uno ama”.

Finalmente, Savater habló sobre la música amorosa y se declaró seguidor de la de José Alfredo Jiménez. “José Alfredo siempre cantaba sobre el amor, aunque a veces era sobre el amor frustrado. Y ya que estamos  en confidencia, mi segunda mujer (María Ángeles), cuando nos casamos, estuvimos en la fiesta escuchando muchas canciones de José Alfredo, de modo que era lo que mejor reflejaba no la frustración, sino lo contrario: el deseo del amor”.

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