Evolución narrativa de los nacimientos

México es uno de los países con mayor riqueza en la creación y factura de estas obras de arte, así como en la adaptación de nuevos relatos

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México es uno de los países con mayor riqueza en la creación y factura de nacimientos, no sólo en la diversidad de materias primas empleadas en su elaboración, sino también en su narrativa, dice a Excélsior Cándida Fernández de Calderón, directora de Fomento Cultural Citibanamex y curadora de la exposición Nacimientos. Arte y tradición, que permanecerá abierta al público hasta el 18 de febrero de 2024 en el Palacio de Iturbide.

Esto se debe a que sin prejuicio y menoscabo de su temática central —significado en el ‘misterio’ que conforman el Niño Dios, la Virgen María y San José—, el nacimiento ha evolucionado y ha sido adaptado a un sinfín de posibilidades, “entre los que podemos apreciar cambios formales tales como el contexto de su escenificación, la fisonomía, la indumentaria, la flora, la fauna, los oficios, los tipos populares, por mencionar tan sólo los más evidentes”, apunta.

Dichos cambios, comenta Cándida Fernández, “están ligados a la vasta geografía de nuestro país y a la pluralidad étnica de cada región, de tal suerte que, en la creación y factura de estas obras de arte, podemos dar cuenta del crisol cultural que nos distingue y cómo las tradiciones compartidas nos brindan identidad en la que nos reconocemos los mexicanos, tal como se puede percibir en Nacimientos. Arte y tradición.

¿Considera que la elaboración de nacimientos es una tradición viva o en riesgo de perderse?, se le pregunta a Fernández. “¡Está viva!, dada su condición de tradición, que consiste en la preservación y transmisión de un conocimiento o saber de generación en generación y que está en constante transformación con procesos de adaptación en todos los ámbitos, como son los tecnológicos, materiales y conceptuales, que la mantienen viva, sin menoscabo alguno su identidad y filiación de culto”.

¿Por qué el nacimiento es una representación icónica del arte popular? “Se debe a su origen mismo y cómo ésta rápidamente pasó al dominio público y con ello aumentó su demanda.

La costumbre de recrear el nacimiento de Jesús como una representación personificada en rededor del pesebre de Belén data del siglo XIII y es a San Francisco de Asís a quien se atribuye, en el año de 1223, la escenificación en ‘vivo’ del primer nacimiento.

Su evolución comenzó a darse año con año, para lo cual sustituyó en su representación a los personajes reales por tallas de madera policromada de tamaño natural; y el entusiasmo y la devoción por esta representación propició el deseo del pueblo de instalar ‘belenes’ (como se les llama en España) en sus casas, semejantes a los expuestos en las iglesias y palacios. Sin embargo, la menor disposición de espacio obligó a la reducción de las figuras y a la diversificación en el uso de materiales para su elaboración, dando lugar a una tradición artesanal sin límites”, asevera.

Posteriormente, con la llegada de los españoles a América, esa tradición viajó con las primeras órdenes de religiosos encargados de la evangelización y fue fray Pedro de Gante quien celebró la primera representación, hacia 1528.

Dichas celebraciones, señala Fernández, se tornaron en una fiesta tradicional que rebasó su carácter evangelizador, estableciéndose como una costumbre entre los novohispanos que perdura hasta nuestros días, y “se ha convertido en una obsesión para las manos artesanas, en las que ha cobrado carta de naturalización gracias a la gran creatividad con la que nuestros grandes maestros artesanos lo han representado desde la época virreinal”, concluye.

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