Escarban en el misterio de los objetos cotidianos; Peyron presenta nueva visión del relato

Los 17 relatos fantásticos reunidos en ‘El alma de las cosas’ tienen un halo de misterio y son para lectores recién formados

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Fotos: Cortesía FCE

Con la publicación de El alma de las cosas, la escritora Gabriela Peyron (1955) presenta una nueva visión del relato fantástico, donde los protagonistas son esos objetos y personajes secundarios que podrían pasar desapercibidos en los cuentos clásicos, como la jaula, la manzana, los sueños, la escoba, la luna, el autómata y la botella.

Lo que quise hacer con esta antología, con 17 relatos, que forma parte de la colección A la orilla del viento, empezó como un juego al intentar dar un giro a los relatos, donde normalmente los objetos están ahí, pero en un segundo plano; no fue fácil y, en ocasiones, fracasé y tuve que quitar algunos de la lista, pero lo que tienen en común estos relatos es que sí busqué que tuvieran un halo de misterio”, comentó en entrevista.

En estos relatos para lectores recién formados, detalló, “puse mucho cuidado en su estructura, en su redacción y en su brevedad, porque creo que además de que los tiempos no nos dan para lecturas muy largas, de repente es necesario tener un librito junto a ti, si tienes que estar esperando, si vas en el transporte o simplemente quieres unos minutos de lectura, esto relatos te lo pueden proporcionar”.

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Las ilustraciones que acompañan los relatos de El alma de las cosas fueron realizadas en carboncillo por Raquel Labrador. Fotos: Cortesía FCE

Explicó que estos relatos no nacieron como cuentos completos, “sino que yo los había planeado más como minificciones, algo menos acabado.

Así que le puse cuidado a la forma y después vienen esos ingredientes visibles, como el misterio, la fantasía, y el dejar un poco inacabado el relato”.

Peyron también comentó que estas ilustraciones, de Raquel Labrador, acompañan el ambiente de estos relatos. “Son, efectivamente, misteriosas, a veces hasta os- curas por la técnica de carboncillo, que añaden mucho”.

Finalmente, la también traductora, refirió el gran reto que enfrenta la literatura frente a los dispositivos electrónicos. “Sí, los niños están bombardeados por imágenes que, en muchos sentidos, se enfocan en la pasividad (del receptor), en su observación.

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Sin embargo, la actividad de la lectura implica muchas actividades neurobiológicas que son importantes para el desarrollo de cualquier niño.

No olvidemos que la literatura está hecha de palabras y que el lenguaje, pese al curso de los siglos, sigue siendo nuestro primordial medio de comunicación que es capaz de expresar sentimientos y opiniones”, finalizó la escritora.

cva

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