El artista visual Gabriel Orozco alista la exposición ‘Identidad circular’
El artista visual exhibe pinturas que unen el significado de la diosa Coatlicue y el Hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci

El círculo es la herramienta más funcional para describir el movimiento. No es nada más una obsesión o una fijación estilística ni espiritual ni geométrica. Las cosas son circulares, pero no perfectas”, afirma el artista visual mexicano Gabriel Orozco (1962).
El círculo es una combinación de cosas que me han sido útiles, porque lo aplico en la escultura, la pintura, en el dibujo y hasta en los puentes. Desde niño lo uso. Tengo dibujos de cuando tenía 12 años con círculos”, comenta en entrevista el creador de arte contemporáneo más reconocido del país.
Tengo la extraña necesidad de circular cíclicamente entre varias culturas, porque siempre hay regresos. Me gusta la sensación de estar al principio de algo, y también de regresar a visitar viejos conocidos, cosas de la infancia o de la memoria personal”, agrega quien vive y trabaja en Tokio, Nueva York, Ciudad de México y París.
Tras siete años de haber presentado en la galería Kurimanzutto su proyecto Oroxxo, la polémica instalación que convirtió al recinto en una tienda de conveniencia, el pintor, escultor y dibujante regresa con la exposición Identidad circular, en la que explora estas técnicas.

Mi visión del arte no es lineal. No es de progreso en ese sentido, sino de estar al principio de los constantes retornos; pero sigue uno hacia adelante, hacia el futuro, inevitablemente”, añade al final del recorrido en el que habló del proceso creativo de las obras.
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Orozco destacó las cinco pinturas de gran formato en las que “desdobla”, primero, y “entreteje”, después, las figuras y los significados de dos piezas fundamentales creadas en el siglo XV en latitudes distantes: el Hombre de Vitruvio, de Leonardo da Vinci, y la diosa mexica de la fertilidad, Coatlicue, la de las faldas de serpientes y patas de águila.
En Nueva York empecé a trabajar con la imagen del dibujo de Leonardo, superponiéndolo con animales, plantas, otras formas de cuerpos y símbolos de diferentes culturas. En México se me ocurrió la grandiosa idea de mezclar el Vitruvio con la Coatlicue. Una locura absoluta, porque son dos obras de arte muy distintas”, narra.

Evoca que el primer cuadro en el que recreó al Hombre de Vitruvio lo perdió en Guerrero. “Salió volando del coche cuando íbamos a Acapulco, a la altura de Iguala. Era de dos metros por dos metros. Nunca lo encontré. Lo amarramos en el techo y, de repente, salió volando en la Autopista del Sol. Regresamos, lo estuvimos buscando dos horas, y nada. Creo que ha de ser el techo de algún gallinero. Espero que haya sido de utilidad”, dice sonriendo.
La muestra, que se inaugurará este sábado, a las 12:00 horas, y permanecerá hasta el 23 de marzo, incluye además unos 40 dibujos de su Diario de plantas, que realizó con hojas y vegetales tanto de Japón, como de México.
Son producto de la observación; pero también del tacto, de verlas, explorarlas y dibujarlas encima. Fue como recolectarlas y abstraerlas un poco. Tratarlas como parte del cuerpo, como pieles”, detalla.
Y seis esculturas o Dés (dados en francés) de piedra caliza, tezontle y mármol complementan la propuesta de Orozco.
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