El viernes pasado murió el actor legendario de las artes marciales Chuck Norris, o más bien, la muerte finalmente tuvo el valor suficiente para presentársele. Por supuesto, las redes se llenaron de homenajes a su invencible poder. Lo que no se sabía era que en la política mexicana llevan años tomándolo como fuente de inspiración.
Chuck Norris no hacía fila, Andrés Manuel López Obrador tampoco. La asociación civil Humanidad con América Latina obtuvo su registro como donataria autorizada ante el SAT en menos de tres semanas de creada. En contraste, esta misma institución les retiró a más de 100 asociaciones la autorización para recibir recursos deducibles, incluyendo, por supuesto, aquellas que son incómodas para el gobierno. Chuck Norris chasqueaba los dedos y las cosas aparecían, el expresidente puso un posteo en la red social X y comenzaron a llegar los donativos de sus fieles como si fueran remesas.
Chuck Norris esquivaba balas, Pío López Obrador también. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación cerró definitivamente el caso de los sobres amarillos. Seis años de investigación para concluir que nadie vio nada. A Chuck Norris nadie lo cuestionaba, su sola presencia bastaba, a Pío tampoco, su solo apellido bastó para que lo absolvieran de cualquier delito. Ni las películas de Norris tenían finales tan previsibles.
Chuck Norris no esperaba a que le abrieran la puerta, entraba así fuera a patadas. La CNTE tampoco espera invitaciones, se instala, bloquea, presiona y negocia desde la calle. El gobierno, lejos de resistir, parece entender que hay puertas que es mejor dejar abiertas. Chuck Norris inspiraba miedo, la Coordinadora también.
Chuck Norris caminaba entre explosiones sin despeinarse. El gobierno federal y Pemex también pueden presenciar explosiones sin inmutarse. Esta semana la refinería Dos Bocas tuvo un nuevo accidente que ocasionó la muerte de cinco personas, un río y un manglar inundados de hidrocarburos, pero nada logró perturbar el discurso oficial. Chuck Norris salía ileso de cualquier catástrofe; Dos Bocas, hasta ahora, también.
Chuck Norris nunca perdió una pelea, Morena tampoco. Si pierde la votación de una reforma, siempre va a aparecer un Plan B, C o D, pero buscará seguir destruyendo el Estado de derecho. Chuck Norris demolía lo que quisiera con una patada, Morena demuele instituciones con iniciativas de ley constitucionales o secundarias.
Chuck Norris no jugaba para empatar, jugaba para que el rival no volviera a presentarse. La Presidenta también. El Plan B de la reforma electoral permite que la mandataria haga campaña, recorta presupuesto a la oposición en congresos locales y reduce regidurías, entre otras. No es una reforma, es un nocaut técnico al pluralismo.
Chuck Norris aparecía en el último segundo para salvar la escena, el PT y el PVEM quieren hacer lo mismo. Amagan con irse, dudan, cuestionan, se cotizan, pero cuando suena la campana ahí están.
Chuck Norris podía volverse invisible ante sus enemigos. Los partidos de oposición en México también han logrado igualar esa técnica. Se vuelven imperceptibles para la población, no logran articular un discurso que convenza. Chuck Norris usaba la invisibilidad como arma, la oposición la usa como estilo de vida.
Descanse en paz, Chuck Norris. Se fue el hombre, pero el mito queda y en México su legado está más vivo que nunca. La diferencia es que en sus películas siempre ganaban los buenos, las peleas duraban minutos y no sexenios, los sobres amarillos contenían información clasificada y no billetes, y en las explosiones no se morían los extras.
