El oficio frente al algoritmo

Excélsior cumplió 109 años. Se dice fácil, pero es una cifra que encierra la memoria de un siglo. Este diario ha sido testigo y narrador de las dos guerras mundiales, de la llegada del hombre a la Luna, de la cruenta lucha contra el crimen organizado que aún nos desangra; del despertar de la ciudadanía organizada, de los cambios sociales y de una pandemia que nos obligó a mirar el mundo a través de una pantalla. 

Hemos sobrevivido a cambios de régimen, crisis económicas y transformaciones culturales, siempre con la brújula apuntando hacia el rigor. Sin embargo, el reto que enfrentamos hoy los periodistas y los medios de comunicación tradicionales no es sólo una competencia por la audiencia; es una batalla por la realidad misma. Hablo de algo mucho más profundo y vital para nuestra democracia, el derecho a estar informados con la verdad, un activo que hoy parece estar bajo asedio en el ecosistema digital.

En la era de la inmediatez poco rigurosa, donde lo que importa es publicar antes que nadie —aunque sea falso—, nos encontramos con un fenómeno preocupante, como la sustitución del periodista formado en la calle, en el oficio y en el riesgo de sus fuentes, por “creadores de contenido” que se limitan a replicar, sin verificar, lo que otros ya publicaron. Es el triunfo de la simplicidad sobre la profundidad. ¿Cómo competimos con un video viral editado con IA que altera rostros, fechas y discursos para manipular la percepción pública? La IA generativa es una herramienta poderosa, pero en manos de la desinformación se convierte en un arma que erosiona la confianza.

Los deepfakes y la automatización no sólo amenazan con desplazar a reporteros, editores o diseñadores, sino con desaparecer la investigación local y las narrativas humanas que le dan sentido a nuestra realidad. Es una ironía de nuestro tiempo. Tenemos más acceso a la información que nunca, pero estamos más expuestos al engaño. Casi 90% de los estudiantes ya no se informa a través de las marcas periodísticas, sino de individuos que aparecen en sus pantallas, cuyas experiencias vividas muchas veces carecen del sustento ético que exige el periodismo.

Mientras esto sucede en la comodidad de un escritorio o un sofá, miles de profesionales en el mundo arriesgan su vida para que usted sepa lo que ocurre. Pienso en los colegas en Gaza, que queman sus propias notas para calentarse en el invierno, pero no sueltan la cámara ni el micrófono, o los corresponsales, o los periodistas del Congreso o los reporteros de la ciudad que le llevan la noticia hasta su hogar. Esa presencia física, ese compromiso con el “yo estuve ahí”, es algo que la IA nunca podrá replicar. Puede procesar datos, pero no puede sentir el dolor de una víctima ni entender el matiz de una mirada en una entrevista.

En Excélsior hemos entendido que la permanencia no es cuestión de suerte, sino de evolución. Como bien recordaba nuestro director editorial, Pascal Beltrán del Río, este aniversario también marca dos décadas del relanzamiento del diario en 2006. Aquel rescate institucional liderado por don Olegario Vázquez Raña no fue sólo administrativo; fue una apuesta por la libertad de expresión que permitió integrar este diario a un ecosistema multimedia junto con Imagen Radio e Imagen Televisión. Cuando nos unimos a Grupo Imagen, las redes sociales apenas asomaban la cabeza. Hoy el reto no es rechazar la tecnología, sino domesticarla. Utilizar la IA y los medios digitales para mejorar nuestros procesos, para ser más oportunos, pero jamás para sustituir el juicio humano ni la verificación de los hechos.

Vemos sociedades digitalizadas donde niñas, niños y adolescentes son esclavos de las pantallas, consumiendo discursos de odio y polarizaciones que apelan únicamente a la emoción y no a la razón. Frente a ese ruido, el papel del periódico es ser el filtro, el espacio de pausa y análisis que ofrece contenidos verificados. El periodismo que defendemos no se deja seducir por el aplauso fácil de un like. La credibilidad es un edificio que se construye ladrillo a ladrillo durante 109 años y que puede derrumbarse con una sola noticia falsa. Por eso, ante la avalancha de audios editados y noticias sin verificar, nuestra respuesta es y será la ética. No se trata de competir contra el algoritmo, sino de ofrecer lo que no puede: confianza. El futuro del periodismo no está en el acordeón de la inmediatez, sino en la profundidad de la verdad.

Envío un agradecimiento especial a Olegario Vázquez Aldir, Ernesto Rivera e Ignacio Anaya por la confianza y el apoyo al equipo Excélsior.