Ednodio Quintero da vida a un bestiario kafkiano
El célebre escritor venezolano publica Cuentos salvajes, una zoología fantástica instalada entre el sueño y la vigilia

CIUDAD DE MÉXICO.
Cuentista, novelista y ensayista, Ednodio Quintero es un confabulador. Sus historias están habitadas por animales o seres humanos sometidos a un proceso de metamorfosis kafkiana. Cuentos salvajes (Atalanta, 2019), reunión de toda su obra de este género, es un muestrario de zoología fantástica cuya atmósfera se debate entre el sueño y la vigilia.
En entrevista con Excélsior, el autor venezolano nacido en 1947 dice: “Desde niño me hice amigo de los perros y de los caballos, de las vacas y las ovejas, y también de los pájaros. Forman parte de mi imaginario y, sin proponérmelo, se han ido filtrando en mis relatos hasta llegar a formar un bestiario personal. También, en ese sentido, se ha colado algún unicornio y una sirena, aunque esta última no sé si ubicarla en el reino animal. Habrá que preguntárselo a Ulises, a Homero o quizá a Butes…
Entre la mitología y la fábula hay grandes diferencias, a menos que se consideren como fábulas las metamorfosis de Zeus en diversos animales para seducir a las mujeres que se le resistían. Soy un fanático lector de la mitología griega, y aunque considero que lo mitológico responde a modelos que están en nuestra memoria y en el laberinto del cerebro, las historias de las luchas y rivalidades de dioses y hombres son de verdad fascinantes”, explica Quintero.
Compuesto por títulos como Volveré con mis perros (1975), El agresor cotidiano (1978), La línea de vida (1988) y El corazón ajeno (2000), entre otros, Cuentos salvajes usa la quimera como telón de fondo para personajes trastocados cuyos nudos argumentativos son un girar sobre sí mismos hasta el punto de la revelación.
Supongo que los personajes son un reflejo de su creador, y en tal sentido soy una persona llena de dudas e incertidumbres, que tal vez por esa condición estoy en continua transformación. Aunque considero a Kafka como el más grande narrador del siglo XX, no me gustaría para nada amanecer convertido en un horrible escarabajo y, aquí entre nos, tampoco en Paulo Coelho”.
Al cuestionar al autor sobre la oralidad en su obra cuentística, desde su primer libro hasta el último, reconoce que tiene que ver con sus orígenes. “Tuve la suerte de nacer en un lugar agreste de los Andes venezolanos. El español que aprendí era muy rico, antiguo, con resonancias del idioma que se hablaba, digamos, en la época de El Quijote. Y, por supuesto, cuando comencé a escribir, y hasta el día de hoy, esa lengua ha sido una herencia enriquecedora.
Se asocia erróneamente la oralidad con lo aldeano, siendo que lo oral potencia la narración. No olvidemos que La Ilíada, considerada como la obra cumbre de la literatura occidental, proviene de una tradición oral anterior a la invención de la escritura, y es Homero el encargado de unificarla y darle forma”, asegura.

EL SUEÑO Y LA VIGILIA
Dentro de estos cuentos, la realidad pierde la batalla ante la fascinación del imaginario. Ednodio Quintero se sabe un escritor de mitologías y fábulas, un arriesgado domador de bestias y un autor de ensoñaciones.
Luis Moreno Villamediana, un gran poeta y ensayista venezolano, escribió en una ocasión que yo era una máquina de soñar. Sueño casi todas las noches, sueño despierto. Y en esa zona fronteriza entre la vigilia y el sueño suelo ver imágenes muy precisas, aunque borrosas, similares a una película desenfocada. Muchos de mis cuentos (pienso en Un caballo amarillo, pienso en Caza) son transcripciones, digamos, que literales, si esto es posible, de sueños.
Escribo acerca de la condición humana, y en este sentido dejo que hable la conciencia. Por otro lado, no escribo para el mercado ni pensando en convertirme en un escritor muy leído por que utilice los temas que estén de moda. Actualmente, con la proliferación de información, creo que esos temas que muestran las miserias de nuestra sociedad los pueden abordar con mayor eficacia los periodistas. Sin embargo, cada quien puede escribir sobre lo que se le antoje. Además, para terminar, ¿quién dijo que soy un escritor realista?”, reconoce.
NOVELA Y CUENTO
Lector de diversas tradiciones, Quintero dice que entre sus autores predilectos están Borges, Rulfo, Cortázar, Faulkner y Onetti, Thomas Bernhard, Gombrowicz, Bulgakov, Junichiro Tanizaki, Ryunosuke Akutagawa, Kobo Abe, Yukio Mishima, Osamu Dazai y Yasunari Kawabata. De hecho, es reconocido por ser experto en literatura nipona.
Autor de novelas como La danza del jaguar (1991), El rey de las ratas (1994), El cielo de Ixtab (1995) y Confesiones de un perro muerto (2006), Quintero considera que tanto en el cuento como en la novela se siente libre. “En ambos géneros me siento como pez en el agua. Si se trata de preferencias, la novela me resulta más atractiva, pues en ella cabe un mundo. Hace años, más de veinte, que dejé de escribir cuentos al uso, es decir aquellos que responden a una fórmula que apunta a un final sorpresivo.
Hoy escribo con mayor libertad sin pensar en géneros. Puedo escribir una extensa novela o relatos de cinco páginas. El proceso de escritura es similar; me dejo llevar por la corriente de la narración. Soy un narrador”.
VENEZUELA
Por último se refiere al complejo presente de su país. “Hablar de la situación actual es inevitable y me produce una profunda congoja. Y no te voy a hacer un inventario de las atrocidades que venimos padeciendo, pues sería el cuento de nunca acabar y me pueden acusar de fantasioso o exagerado e incluso de traidor a la patria. Se suceden a diario desde hace 20 años. Es como si te despertaras de una horrible pesadilla y sintieras cierto alivio al comprobar que estás en la ‘realidad’, y sucede que esa ‘realidad’ es peor que la pesadilla de la que acabas de despertar. Sólo te daré un ejemplo: en este mes de mayo han muerto seis niños en un hospital de Caracas por falta de medicamentos”, concluye el autor.
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