La CIA y compañía

En muchos países y, por supuesto, en México, la televisión ofrece series que endiosan a los agentes del FBI, la CIA y otras agencias. En esos programas, los gringos dan órdenes a las policías locales, regañan a sus jefes y despliegan una prepotencia trumpiana, ésa que considera al mundo como su patio trasero. Por supuesto, no hay inocencia en esas trasmisiones, sino un muy pensado afán de que los habitantes de este mundo veamos como algo normal el intervencionismo estadunidense.

Ahora mismo, en toda la República mexicana, las múltiples policías de la potencia vecina despliegan sus actividades dizque de coordinación y cooperación con las corporaciones locales, aunque, en realidad, se trata de labores de espionaje, control y todo aquello que implique meter su cuchara en platos ajenos.

El sábado pasado, en Chihuahua, en un accidente de carretera —según la versión oficial—, murieron dos agentes que el Washington Post dice que eran de la CIA. En el mismo percance fallecieron dos mexicanos, el director de la Agencia Estatal de Investigación, Pedro Román Oseguera, y el policía ministerial Manuel Genaro Méndez, pero la atención y la preocupación oficial ha estado en los dos extranjeros.

El presunto accidente se produjo cuando los vehículos regresaban del lugar donde fue destruido un bien dotado laboratorio del narcotráfico, una operación en la que, extrañamente, no hubo detenciones, pese que se trabajaba sobre cien hectáreas. Lo ocurrido, que bien pudo ser resultado de un ataque de los narcos, habría ocurrido el sábado en la madrugada, pero la noticia se conoció muchas horas más tarde en la Ciudad de México, lo que produjo el enojo de las autoridades centrales, pues no se avisó de la operación ni de la intervención en ella de personal extranjero, lo que, obligatoriamente, se debe reportar al gobierno federal.

Un vocero de la embajada de EU declaró que los dos agentes de la CIA “colaboraban con las autoridades de Chihuahua en la lucha contra las actividades de los cárteles”, lo que trató de confirmar el fiscal del estado de Chihuahua con un amplio despliegue de estulticia —regadero de tepache, se dice popularmente—, pues intentó minimizar el asunto y declaró que los agentes de Estados Unidos “estaban en trabajos de capacitación bilateral normal y de una relación habitual entre el gobierno de Estados Unidos y el de México”, aunque el de aquí no estaba enterado.

Según el diario Reforma, ni el secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, ni la fiscal Ernestina Godoy estaban enterados, pues el gobierno del país vecino habría negociado con Maru Campos, gobernadora de Chihuahua, para que enviara personal de las corporaciones estatales a realizar la misión. Sea cierto o no, el hecho es que esa versión sirve a los intereses de Morena, que pretende desbancar al PAN de la gubernatura chihuahuense.

Ha sido un escándalo mayúsculo la falta de información del gobierno federal, pues muestra una muy lamentable y altamente peligrosa descoordinación con las diversas autoridades del país. Como no es la primera vez que en Palacio se admite ignorancia sobre hechos relevantes, lo recomendable sería suspender o de plano cancelar las conferencias mañaneras, porque exhibir falta de información afecta la imagen presidencial.

En medio del presente escándalo, conviene recordar que la intervención de las agencias de EU en México es cosa vieja. Recuérdese el caso de Enrique Camarena, agente de la DEA, que en 1985 fue torturado y asesinado por orden de un agente de la CIA, presuntamente por poner en riesgo la relación con los narcos para obtener dinero que se enviaba a los contras de Nicaragua.

La actuación de las agencias gringas policiacas y de espionaje es cosa vieja, y si bien López Obrador le cerró la puerta a la DEA, no lo hizo con las otras corporaciones de EU que se dedican a lo mismo y operan en nuestro territorio. Pero tanto o más preocupante es que, con los gobiernos de Morena, se ha intensificado la colaboración del Ejército y la Armada de México con las fuerzas militares de Estados Unidos, las que constantemente reciben a elementos mexicanos o vienen dizque a realizar cursos en los cuales, como es obvio, no se omite un discreto, pero perceptible adoctrinamiento. ¿Eso queremos?