Arturo Estrada, un centenario feliz, comparte una vida y su época

El pintor y muralista presenta su primera biografía, realizada por Rodrigo Ortega, que revisa su trayectoria de manera cálida; se está catalogando su archivo

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Arturo Estrada, en el Museo Mural Diego Rivera.

“No me da miedo La Catrina, vivimos con ella todo el tiempo”, comenta sonriente el pintor y muralista Arturo Estrada (1925), quien el pasado 30 de julio cumplió cien años.

Mientras posa para las fotos frente a la ofrenda de muertos del Museo Mural Diego Rivera, rodeado de calaveras Catrinas, el artista michoacano responde algunas preguntas de Excélsior.

Ya no pinto, pero ando por donde quiera. Sigo haciendo trazos. No tengo un estudio fijo. Trabajo donde sea. Toda mi vida he hecho esto. Así nací y a ver hasta cuándo duro”, afirma.

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Ayer, previo a la rueda de prensa en la que se detalló la investigación del libro Güero. Memorias de Arturo Estrada (Talamontes Editores), de Rodrigo Ortega Acoltzi, la primera biografía del discípulo de la pintora Frida Kahlo, el creador explica que siempre le gustó pintar todos los temas.

Nunca digo ‘de esto sí, de esto no’. A veces me salen bien los cuadros y a veces no. Pero no soy disconforme. Soy amante de todo: calor, frío, sombra”, agrega mientras firma ejemplares de su biografía y se abandona a las manos de los fotógrafos. “Tú manéjame. Yo te sigo. Estoy para servirles”.

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Arturo Estrada, firmando un libro.

CATALOGAN LA OBRA DEL MAESTRO ESTRADA; ALREDEDOR DE 650 PIEZAS

Lo cuidan su hermana Graciela, la menor de los diez hijos de María de la Luz Hernández y Dámaso Estrada, y su sobrino José Antonio Estrada, quien detalla que se encuentran catalogando la obra que el maestro resguarda en su casa de Arboledas del Sur, en la Ciudad de México.

Hay unas 650 piezas: 350 pinturas y 300 acuarelas, litografías, dibujos y gouaches. Las estamos registrando con sus medidas, técnica, año de creación y una fotografía. Con miras a elaborar un catálogo razonado”, señala.

No tuve otra solución más que nacer y ponerme a pintar. Desde muy niño me interesé por la pintura y fui a La Esmeralda. Allí estaban los grandes artistas de México, los maestros.

Los conocí a todos y con todos trabajé. Sus enseñanzas fueron muy fecundas para seguir entusiasmándome por conocer México y tratar de imitarlo por medio de la pintura y el dibujo”, añade Estrada.

El fotógrafo e investigador Juan Coronel Rivera, editor de Talamontes, destacó que Rodrigo Ortega “tuvo la audacia de entregar un material que es fundamental para la historia del arte mexicano. Este es el primer libro que se le hace a Arturo Estrada.

Es una delicia, porque el maestro nos está contando paso a paso, a través de Rodrigo, no nada más su vida, sino su interior. El título tiene muchas maneras de verse. No nada más es un libro de arte, sino un libro de época. Nos está contando cien años de vida, y cien años de historia del país”.

BIOGRAFÍA DE ARTURO ESTRADA: UN TESTIMONIO DE SU VIDA Y OBRA

El nieto del pintor Diego Rivera añade que “estamos viendo una época de la que ya casi no tenemos testigos. Este libro, como testimonio, es una piedra de toque, precisamente por esa estructura.

La cuestión es darle la visión en la historia a un extraordinario pintor. No estamos hablando de una persona que está fungiendo como alumno de o como círculo de. Aquí tenemos un personaje igualmente importante”, indica Coronel.

Por su parte, Ortega Acoltzi define al título como “un testimonio en primera persona venido casi de la voz del maestro a la letra. Inicia como una transcripción de horas y horas de entrevista durante años y después tiene un proceso de pulimiento”.

Asegura que “la intención fue que no se tratara de un libro académico, sino uno que intentara reflejar la calidez y el amor que tiene don Arturo como ser humano y como artista”.

Detalla que la biografía nace de una inquietud personal cuando descubrió que había poca información sobre la vida de Estrada. “Había un libro que escribió Raquel Tibol en 1961 y, por las fechas, le faltaba más de la mitad de su trayectoria”.

Por esta razón, además de las entrevistas a don Arturo, exploró su archivo y compartió los tesoros que halló. “Algo importante, de lo que se ha hablado muy poco, es que Marcel Duchamp, el gran revolucionario del arte del siglo XX, conoció a Estrada, lo valoró, adquirió una obra de él y, por su intercesión, Arturo recibió la beca de la Fundación Copley a finales de los años 50”.

Adelantó que hará un libro de otro de los llamados Fridos, de Guillermo Monroy, en la misma línea.

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*mcam