Aumentan las tensiones
Líbano aparece ya como un posible damnificado debido a que el Hezbolá insertado en ese país, a pesar de su debilitamiento a lo largo de los dos años pasados, sobrevive aún y amenaza en esta coyuntura específica con defender al régimen de los ayatolas sumándose a la guerra.
Los tambores de guerra suenan cada vez más fuerte en Oriente Medio. Las conversaciones indirectas celebradas en Omán y Ginebra entre EU e Irán para negociar el fin de la carrera nuclear iraní no han dado frutos, al tiempo que la acumulación de equipo militar estadunidense en la zona ha aumentado a tal grado, que supera ya lo que Washington movilizó en 2003 cuando la administración de Bush emprendió la campaña para derrocar a Saddam Hussein en Irak. A lo largo de las últimas semanas, cuando el conflicto entre Trump y el régimen de los ayatolas se agravó, fue absolutamente evidente que en caso de que estallasen las hostilidades, la respuesta más inmediata de Irán consistiría en atacar no sólo al enemigo estadunidense en todos los puntos donde tiene presencia e intereses, sino también a Israel mediante una lluvia de misiles sobre Tel Aviv, como lo declararon insistentemente altos funcionarios del gobierno de Teherán.
Así las cosas, en Israel se dejan sentir ya los vientos de guerra, con su ejército y sistemas defensivos alertas y su población acondicionando los refugios en previsión de lo que pueda ocurrir. Sin embargo, no sólo ahí se detecta tensión, sino que en el vecindario todo crece la percepción de que ese inminente incendio no sólo se extenderá por sí mismo, sino que habrá pirómanos dispuestos a complicar aún más esa prevista gran conflagración.
Líbano aparece ya como un posible damnificado debido a que el Hezbolá insertado en ese país, a pesar de su debilitamiento a lo largo de los dos años pasados, sobrevive aún y amenaza en esta coyuntura específica con defender al régimen de los ayatolas sumándose a la guerra.
Su secretario general, Sheij Naim Kasem, lo anunció el lunes en un discurso televisado: “Con autenticidad, jihad, resistencia, compromiso con la verdad y disposición al sacrificio, no le permitiremos al enemigo alcanzar sus objetivos”, dijo. Lo cual significa, fundamentalmente, atacar a Israel con la fuerza militar que aún conserva. Esta declaración concuerda con la visita que hizo a Beirut el mes pasado el ministro de relaciones exteriores iraní, Abbas Araghchi, a fin de presionar al liderazgo de Hezbolá a no marginarse en caso de una guerra Irán-Israel-Estados Unidos, como lo hizo durante la guerra de los 12 días de junio pasado.
En este polvorín a punto de estallar, buena parte de la población civil libanesa ha entrado en pánico. Muchos han estado evacuando zonas alrededor de Beirut ante el temor de que el ingreso de Hezbolá a la guerra renueve los ataques israelíes sobre territorio libanés.
Para el actual gobierno del País de los Cedros esto representa una verdadera tragedia. Apenas hace poco se logró poner en pie un gobierno estable con la perspectiva de sacar a Líbano de su crisis endémica que lo había convertido en un Estado fallido. El gobierno comandado por el presidente Joseph Aoun se enfrenta ahora a un nuevo desafío ya que, por lo visto, no ha logrado escapar de las garras de Hezbolá, que sigue operando y está dispuesto a meter a Líbano en otra guerra más. El lunes, en presencia del presidente alemán, que estaba de visita en Beirut, Aoun declaró que Líbano no puede seguir luchando guerras de otros países: “Fuimos obligados a pasar por graves conflictos que no elegimos, y nosotros pagamos el precio. No podemos seguir haciéndolo”. Ya desde el 3 de febrero, el primer ministro libanés, Nawaf Salam, en su participación en la Conferencia de Gobiernos Mundiales en Dubai, había declarado que “…no permitiremos a nadie arrastrar a nuestro país a una nueva aventura”. ¿Podrá realmente el gobierno de Aoun impedir que Hezbolá lo haga?
Mientras tanto, el ejército israelí se prepara también para afrontar los posibles escenarios en caso de que estallen las hostilidades, bajo la conciencia de la alta probabilidad de que los riesgos aparezcan desde diversos frentes, incluso con ataques de los hutíes de Yemen, fieles pupilos del régimen iraní a cuya disposición están, no obstante las miserias y la violencia en que vive su propia población. En síntesis, se trata de un momento muy oscuro e incierto para quienes viven en esa zona del mundo.
