Anne Carson purifica y libera palabras

Jeannette l. Clariond comenta ‘Economía de lo que no se pierde’, de la ganadora del Premio Princesa de Asturias 2020

Foto: AP
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CIUDAD DE MÉXICO.

Anne Carson (Toronto, 1950) recupera la imagen y el espíritu creador de Simónides de Ceos (556 a.C - 468 a.C) en su libro Economía de lo que no se pierde, publicado por la editorial Vaso Roto, quien es considerado el inventor de los epinicios y el primer poeta que escribió metáforas sobre piedra, a manera de epitafios, cobrando según la extensión de sus palabras.

Así lo explica la editora y traductora Jeannette L. Clariond, quien recupera el compromiso literario de Carson, Premio Princesa de Asturias de las Letras de 2020 y quien en junio próximo cumplirá 70 años, confirmando que para ella “el poeta debe ser cien por ciento honesto respecto al dolor, a la ausencia y al vacío. Y aunque muchas veces ese dolor no puede asimilarse –como sucede con los muertos durante la pandemia de covid-19–, sí podría ser analizado y estudiado”.

En el caso de Simónides de Ceos también se podría pensar en el dolor y la gloria que debía capturar en un epitafio. Sin embargo, la traductora señala que, si él hubiera querido ser deshonesto, habría escrito epitafios más extensos, destaca la poeta canadiense.

Porque él se tuvo que someter a la estructura de las tumbas para ver en dónde y cuántas palabras cabían. Así que Simónides hablaba de acuerdo con lo que estaba en la superficie de las lápidas, aunque para nosotros todo lo que él haya pensado seguirá siendo un enigma, ya que sólo contamos con fragmentos de aquellos epinicios”, apunta Jeannette L. Clariond.

Al mismo tiempo, en este libro Carson perfila algunos ecos poéticos entre Simónides, la obra poética de Paul Celan y de ella misma.

Algo interesante en este libro es que para Carson no puede aparecer el dolor en los personajes de los que ella habla. Ni en Paul Celan ni en el hermano muerto de la propia Carson ni en la madre de Celan que recibió un disparo en la nuca”, reconoce L. Clariond. Sin embargo, ese dolor está asociado con la palabra y con ese compromiso del que ella habla a lo largo de toda su obra.

Además, en este libro hay una idea clave en el pensamiento de Carson en la que refiere que “la labor del poeta es purificar las palabras y rescatar lo purificado”, esas palabras purificadas a través de una red de palabras o de una malla que filtra los pensamientos y los convierte en memoria.

En este caso, Carson utiliza dos personajes porque tiene la idea de que eso hacen las personas que observan un astro en el firmamento. “Recuerda cómo en los planetarios o en los sitios donde hay grandes telescopios, siempre te dan un objeto para que te tapes un ojo y así contrastar la observación”.

Y esa contrastación es lo que le permite tomar a Simónides y a Paul Celan como dos poetas que tienen que ver con la superficie, uno sobre la piedra del epinicio y el otro (Celan) en la superficie de las palabras cernidas y purificadas por una malla”.

Y de paso, Carson habla de la manera en que Celan, cuando era niño, quiere escribir historias, pero su padre le decía que no era necesario hacerlo porque el Nuevo Testamento está lleno de éstas. Y algo similar le sucedió a ella con su padre, tal como lo escribió en Decreación y en La belleza del marido.

Ella nos dice que, cuando su padre veía sus poemas sobre la mesa de la cocina, él anotaba la frase ‘Viernes, basura’, es decir, que dichos versos serían tirados a la basura y en esta Economía de lo que no se pierde ella nos presenta lo rescatado, metafóricamente, de su padre, de Simónides y de Paul Celan, a quien su padre instaba a dejar de escribir porque, como buen judío, sabía que la Biblia estaba llena de historias”.

Así que cuando la poeta escribe, también realiza un ejercicio de limpieza y hace con la palabra lo que Miguel Ángel logró con el mármol.

¿Es la memoria el punto de encuentro entre Simónides, Celan y Carson?, se le cuestiona a Jeannette L. Clariond. “Simónides supo preservar la memoria de los que se fueron a través de las lápidas, mientras Paul Celan preservó la memoria de los que se fueron a través del dolor y de la palabra, tal como lo ha hecho Carson en su obra. Y aunque nosotros no podemos asumir el dolor de uno y otro, lo que sí podemos hacer es asumir que el dolor que está acuñado en la palabra”.