Al rescate del pasado azteca; Eduardo Matos gana el Princesa de Asturias
La Fundación Princesa de Asturias destacó la contribución de Matos Moctezuma al conocimiento de las sociedades prehispánicas

CIUDAD DE MÉXICO. “Es importante poner énfasis en la arqueología, en esa parte de la historia que debemos conocer, profundizar y no manipular. Los historiadores y los arqueólogos tenemos la finalidad de conocer el pasado de las sociedades (antiguas) y darlo a conocer a niños y adultos”, afirmó ayer a Excélsior el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma (1940), luego de ser galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2022.
Es importante que no se resten apoyos económicos a espacios como la Escuela Nacional de Antropología e Historia, el Instituto Nacional de Antropología e Historia y a otras entidades culturales que, muy recientemente, se han visto afectadas por estos aspectos. Esto es muy importante y hay que resaltarlo”, aseveró Matos, quien mañana ingresará a la Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras.
La Fundación Princesa de Asturias destacó la contribución de Matos Moctezuma al conocimiento de las sociedades prehispánicas. “Con este fallo, el jurado quiere reconocer el extraordinario rigor intelectual del premiado para reconstruir las civilizaciones de México y Mesoamérica y para hacer que dicha herencia se incorpore con objetividad y libre de cualquier mito”.
Y mencionó sus investigaciones en sitios arqueológicos “de Tula, Teotihuacan y el Templo Mayor de Tenochtitlan, que constituyen, por la intensidad y la continuidad de la investigación de campo, páginas ejemplares del desarrollo científico de la arqueología y del diálogo fecundo con el pasado entre culturas distintas y las ciencias sociales y humanas”; y su trabajo como divulgador, su compromiso social y el peso de una obra que inspirará a las próximas generaciones de científicos sociales y ciudadanos.
Vía telefónica, el también antropólogo habló sobre la distinción. “Recibir el Princesa de Asturias en Ciencias Sociales es motivo de enorme orgullo; aunque, siempre lo he dicho con sinceridad, que quizá se reconoce a una persona, pero ésta contó con maestros que lo formaron e instituciones que le facilitaron medios para llevar a cabo su investigación. Y me refiero al INAH, al cual pertenezco desde hace 62 años, y al Proyecto Templo Mayor, en el cual llevamos 44 años trabajando todos los días.
Es muy importante reconocer esos apoyos que tuve a lo largo de mi vida, a través de las instituciones que me formaron y que me permitieron desarrollarme como arqueólogo”, apuntó.
Matos también agradeció la postulación, realizada por la UNAM y la Academia Mexicana de la Lengua. “Mi agradecimiento a ambas, porque gracias a su propuesta hoy he recibido este premio”.
¿A qué maestros le gustaría recordar en este momento?, se le preguntó al autor de Muerte a filo de obsidiana y Vida y muerte en el Templo Mayor. “Jugaron un papel importante en mi formación José Luis Lorenzo, Román Piña Chan, la maestra Johanna Faulhaber, Calixta Guiter, que era una etnóloga destacada; aunque enumerarlos a todos sería muy difícil”.
Matos se refirió a Manuel Gamio: “Una persona que influyó mucho en mí, aunque no le conocí porque murió cuando yo tenía un año en la ENAH, fue don Manuel Gamio, quien hace un siglo publicó La población del Valle de Teotihuacan. Siempre he sido un admirador de don
Manuel, porque él sentó las bases de esta antropología integral, en la cual se suma el estudio de las lenguas, del cuerpo humano (a través de la antropología física), de la arqueología y la etnología, lo que nos permite conocer más integralmente al hombre”.
El también autor de Tenochtitlan y Tlatelolco reconoció que la labor del arqueólogo es silenciosa en medio del caos de la ciudad, una suerte de emisario que trabaja en otra dimensión y añadió que “la arqueología es como la moderna máquina del tiempo que nos permite dar vida a lo muerto.
La arqueología nos permite penetrar en el pasado y traerlo al presente; no es una disciplina que sólo vea lo muerto, sino que descubre, recupera e interpreta para proyectarlo al presente y al futuro, porque es parte de nuestra historia. Entonces, conocer esa historia es importante y la arqueología en eso juega un papel definitivo”, afirmó.
¿Aún siente la emoción de sus primeros hallazgos como arqueólogo?, se le inquirió. “Desde luego que sí.
Esa emoción de penetrar en el pasado e ir recuperando, rescatando la obra del hombre antiguo es realmente un privilegio. Eso se siente y se vive tanto en ese momento como al interpretar todo eso que has encontrado, viendo cuál fue la presencia de las sociedades, su relevancia. Es la emoción de la investigación y de encontrar algo para darlo a conocer a los demás”.
Ganó el Premio Nacional de Ciencias y Artes (2007), la Medalla Henry B. Nicholson (2002) por la Universidad de Harvard y los premios Nacional Malinalli (2010) y Juan Crisóstomo Doria (2015); y la Medalla Museo de Antropología de Xalapa 2021. Es miembro del Seminario de Cultura Mexicana, de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, de la de Antropólogos del Caribe, de la Academia Mexicana de la Historia, de la AML y honorario del Archaeological Institute of America y de la Society of Antiquaries of London.
cva
*En el siguiente enlace encontrarás las noticias de Última Hora

EL EDITOR RECOMIENDA



