Los asesinatos de Colima

Por Manzanillo ingresan, además de cocaína que viene de Sudamérica, grandes volúmenes de precursores químicos y fentanilo.

La familia de Mario Delgado, el expresidente nacional de Morena y actual secretario de Educación Pública está plenamente integrada a Morena. Su hermano Felipe es diputado por el partido Verde, su hermana Leticia trabaja en el gobierno de la Ciudad de México, su primo Mario es diputado por Morena, su prima Laura trabaja en Relaciones Exteriores.

Pero, el sábado, dos familiares directos de Mario, que no estaban en la política –una tía, María Eugenia Delgado y una prima, Sheila María Eugenia Amezcua Delgado–, que vivían en Colima, no tenían negocios extraños o riesgosos (vendían comida para llevar) fueron arteramente asesinadas. Fue un ataque directo: un comando penetró en su casa en la noche y las ejecutaron. Fue una ejecución.

Mario Delgado, desde que fue presidente de Morena, pero sobre todo desde las elecciones de medio término en 2021 ha sido relacionado con personajes sospechosos, sobre todo en estados como Tamaulipas, a partir de su estrecha relación con Sergio Carmona, el llamado Rey del huachicol, asesinado ese año en Monterrey, y por el apoyo que brindó éste a los comicios de Sinaloa en los que ganó Rubén Rocha de una forma absolutamente controvertida (los operadores de la oposición fueron secuestrados, todos, horas antes de los comicios por miembros del Cártel de Sinaloa). Fuentes estadunidenses sostienen que es objeto de investigación por esas relaciones y por la que tiene con Américo Villareal, delegado de Morena en esa elección de 2021 en Sinaloa y que de allí partió a ser candidato y gobernador de Tamaulipas; por la estrecha relación con la gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila, a la que Estados Unidos le canceló su visa, y cuyo exesposo, Carlos Torres, actualmente es investigado por narcotráfico, entre otros casos.

Todos estos personajes, de una u otra forma están relacionados o involucrados, directa o indirectamente, con el Cártel de Sinaloa. Mario ya ha adelantado que buscará la candidatura de Colima para 2027 y tiene amplias posibilidades de ganar, a pesar del pésimo gobierno de Indira Vizcaíno. Colima es uno de los estados más violentos del país y la violencia está estrechamente ligada a la disputa entre grupos del narcotráfico, en particular el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), hegemónico en todo el estado y la escisión local conocida como Los Mezcales o Cártel Independiente de Colima, con fuerte incidencia en el puerto de Manzanillo. Los Mezcales o Cártel Independiente de Colima surgieron como brazo armado local del CJNG y después rompieron y se acercaron al cártel de Sinaloa. La violencia estaba presente desde mucho antes, pero desde entonces alcanzó cimas muy altas.

Manzanillo es el principal puerto de contenedores de México y uno de los más importantes de América Latina; entre 60% y 70% de su carga viene de Asia, origen central de muchos precursores para drogas sintéticas. Por eso, por Manzanillo ingresan, además de cocaína que viene de Sudamérica, grandes volúmenes de precursores químicos y fentanilo, ocultos en cargas legales, contenedores y mercancías como bebidas, aceite de aguacate, maquinaria o bloques de piedra. Estos insumos se envían luego a laboratorios clandestinos, en el estado, en el occidente y noroeste del país, donde se procesan y se preparan cargamentos para el mercado estadunidense y otros destinos.

El fentanilo es un capítulo aparte. Las relaciones de los grupos criminales con China fueron y son excelentes. Y ese negocio, allí, lo maneja el CJNG. El negocio siempre va mucho más allá. Los precursores químicos son pagados con dinero, pero cada vez más también con cocaína, una droga que está en expansión en Asia, y que se envía desde México, El Salvador, Panamá y Colombia (y para allá van también carros de lujo robados y que salen de Manzanillo y Lázaro Cárdenas, en Michoacán). El CJNG mantiene presencia y capacidad operativa en todo Colima, controla las rutas de la droga y precursores que llegan por Manzanillo.

Del puerto, tanto el fentanilo, los precursores, el contrabando, como los productos pirata, son llevados hacia la CDMX, Guadalajara y otras ciudades. Otros cargamentos, sobre todo de precursores químicos, son llevados a la frontera entre Colima y Jalisco y se distribuyen hacia laboratorios en todo el centro y norte del país. En ambos estados, el narcotráfico descubrió hace tiempo que sus bases de control tenían que ser locales y que la base del mismo pasaba por las autoridades municipales: comenzaron a financiar campañas, a cooptar fuerzas policiales locales y, con el paso del tiempo, muchas de las policías se convirtieron en las propias redes del narcotráfico local. 

A partir de allí construyeron otras redes, cada vez más importantes para su operación, que incluyen desde el control de aeropuertos, carreteras, terminales de camiones y medios de comunicación, hasta mecanismos de control sobre el transporte público, sobre todo los taxistas, la construcción y la producción. Y así llegaron a tener control sobre gobiernos estatales o importantes funcionarios de estos como ocurre en Jalisco, Colima y Michoacán.

Un político como Mario Delgado, con una carga de sospechas (justificadas o no) tan pesadas de relación con uno de los cárteles enemigos de los que hegemonizan esos tres estados, en este caso Colima, con posibilidades muy serias de llegar a la gobernatura, alteraría ese equilibrio criminal. Quizás nos equivoquemos, pero el asesinato de sus familiares pudiera ser un aviso, una advertencia.